Tras un buen madrugón y un mejor desayuno, nos vamos a la estación de tren para ir a Galway, ciudad a la que llegamos a las 12 de la mañana sin ningún problema. Nos fuimos a buscar nuestro B&B (Acorn B&B) y aunque llegamos antes de tiempo la buena de Mary nos dejó instalarnos.
Tras una ducha rápida nos fuimos a la estación de autobuses para coger el bus que nos llevaría a nuestro próximo destino.
Tras un trayecto de carreteras estrechas y muchas curvas por fin llegamos a los famosos acantilados de Moher, y la verdad que cuando son tan famosos es por algo, estuvimos dos horas recorriéndolos y fue una experiencia maravillosa.
Una vez en Galway dimos un paseo por la ciudad, cenamos en una pizzería (21 e) y nos tomamos nuestra primera pinta de Guinnes en Irlanda.
Recomendación: para moverse por Dublín utilizar el tranvía es rápido y más barato que los autobuses.
