JUEVES 23 ENERO DE 2014
El paseo de compras del día anterior se nos había quedado corto, así que como teníamos que hacer tiempo esa mañana antes de hacer el check in en el hotel, decidimos ir a pasar la mañana a Citadel Outlets en Los Ángeles

En enero en manga corta, ¿se puede pedir más?

I
ShoppingHabíamos estado allí en nuestra anterior visita a la Costa Oeste, y recordábamos con gran entusiasmo una tienda de cosas de cocina que se convirtió en nuestra primera visita. Estuvimos de tiendas toda la mañana, almorzamos algo en un Subway, y fuimos al hotel. Nos dieron una habitación en la planta baja, y el sitio se veía bastante peor que el de Santa Bárbara. La habitación era bastante más pequeña y los pasillos para llegar a las habitaciones estaban un poco descuidados. Una vez más, un hotel nos acababa decepcionando un poco más que un motel.

Se ve mejor por fuera que por dentro
Dejamos todas las cosas en el cuarto, descansamos un poco y por la noche, salimos hacia el downtown de Disney para cenar en uno de sus restaurantes. La llegada allí nos decepcionó un poco. Habíamos estado en el parque de Orlando y, por lo menos la entrada, es mucho más espectacular en Florida (también es verdad que aquí llegamos de noche). El parking a esas horas (antes no lo sé) era gratuito y está perfectamente indicado, aunque nosotros nos perdimos un poco por tratar de seguir las indicaciones del GPS en lugar de los carteles (cosas que pasan…). Aparcamos el coche en uno de los laterales y fuimos siguiendo las indicaciones y al resto de la gente y en cinco minutos estábamos ya en la zona de restaurantes.

Mejor seguir los carteles

Llegamos al meollo
No había demasiada gente, pero eso era más una ventaja que un inconveniente. Ya que no nos gustan mucho los agobios.
Teníamos decidido cenar en el Rainforest Café, pero antes queríamos dar un paseo para ver aquello. A escasos metros del restaurante, encontramos la tienda de Build a Bear, en la que puedes hacer tu propio osito de peluche, y nos hacía especial ilusión hacerle uno a Paula, aunque no fuese precisamente barato. Eliges el modelo preferido, lo rellenas al gusto y se le puede añadir diferentes cosas. En nuestro caso, le pusimos un pequeño corazoncito y un botón para que se ría a carcajadas cuando le aprietas la mano. En cuando al sonido, nosotros cogimos uno prediseñado, pero se puede grabar un mensaje de hasta 10 segundos. También, se pueden vestir con todo tipo de ropa, accesorios y complementos, pero eso ya nos pareció demasiado. Por último hay que registrarlo en unos ordenadores que tienen allí mismo, le pones un nombre y te dan una especie de certificado de nacimiento al pagarlo en caja. Sé que es una ñoñería, pero nos hacía especial ilusión.

Veremos a ver qué sale...

Se nota que soy un profesional
De allí, fuimos directamente al restaurante. Fue como adentrarnos en una selva tropical y estaba muy bien ambientado. Como todo sitio de Disney que se precie, se accede por una tienda de souvenirs para que se acabe picando con algo (aunque nosotros no caímos). Como íbamos con el carrito de Paula, tuvimos que coger el ascensor (Oooohhhh) para llegar a nuestra mesa.

Muy Disney

Por suerte no nos tocó junto a él...
Como venía siendo habitual, Paula estivo dormida durante toda la comida a pesar del ruido del ambiente, y cenamos muy tranquilos. En cuanto a la comida, salimos de allí encantados con todo lo que probamos. Asun tomó salmón y yo preferí una combinación de entrecot con costillas de cerdo y gambas rebozadas y todo estuvo delicioso. Con un par de cervezas, acabamos pagando 70$ en total (tasas y propinas incluidas). De postre tenían un volcán de chocolate que tenía un aspecto delicioso, pero era algo excesivo, así que tomamos algo dulce en el The Earl of Sandwich que estaba justo enfrente. El primer día en Los Ángeles había sido agotador, pero nos íbamos a dormir con un inmejorable sabor de boca.

La tapita de Asun

Yo no me quedé atrás

El postre mejor aqui

Sorpresa en el aparcamiento...