Nos levantamos temprano para desayunar tranquilamente en el hotel. El desayuno estaba bastante bien. Tras el desayuno, fuimos al lobby a esperar que nos recogieran los de la operadora que habíamos contratado la noche anterior. Fueron bastante puntuales, nos recogieron en una minivan, pasamos a recoger a unas 6 personas más y tras una hora aproximadamente, llegamos a un manglar desde donde partían los speedboats (lancha de 12-14 pasajeros) de la excursión. La excursión consistía en la visita a varias islas de la zona, cuyo plato fuerte era la isla de James Bond, nombre que cogió esta isla por salir en una película del famoso agente 007. La comida de todo el día estaba incluida en el precio, también bebida y fruta.

Parecía que estábamos navegando sobre una piscina, madre mía, ni una ola!! El color del agua era impresionante, una mezcla entre verde, azul y turquesa, un color único que no habíamos visto en nuestra vida, ni siquiera en nuestros anteriores viajes al Caribe. La verdad es que es muy curioso ver todos esos peñascos ahí plantados en medio de ese mar tan tranquilo (por cierto, es el Mar de Andamán).


La primera parada fue en una cueva que tenía unas rocas con unas formas muy curiosas, la más famosa de ellas era la que tenía forma de helado. En esta excursión también estaba incluido un trayecto en kayak, llevado por un tailandesillo que nos adentraba en cuevas y salientes rocosos, fue curiosa la experiencia. El tío se curró un corazón con una hoja de mango para ganarse una propinilla, algo le dimos pero creo que no quedó muy convencido… somos españoles. De ahí fuimos a comer a una isla donde habitan los “gitanos del mar”, una colonia de pescadores que viven del turismo y de lo que ellos mismos pescan y cultivan.


Nos prepararon un par de mesas con comida típica de la zona para todos los que íbamos en la lancha, seríamos unos 12 o 13. La comida estaba buenísima. En esta excursión conocimos a dos chicas de Israel un poco interesadas en mi persona… jejejeje. También me gustaría nombrar al guía de la excursión, fue un crak, se lo curró muchísimo.
Después de comer, fuimos a ver el famoso peñasco de la isla de James Bond, el peñasco como tal está chulo, pero para nada pensamos que la playa en la que está ubicado, estaría llena de barro, ahí nos llevamos una pequeña decepción.

Hicimos una última parada antes de volver en Bamboo Island, un bañito y se acabó el trayecto. Tomamos fruta y llegamos al manglar donde habíamos partido por la mañana. Nos llevaron de vuelta al hotel y como todavía no había caído el sol, bajamos a la playa a volver a contemplar el precioso atardecer. Volvimos al hotel, una duchita, un poco de apalanque y a cenar. Fuimos a dar una vuelta por la zona de Karon, hoy no nos apetecía volver a Patong. Paseando, vimos un restaurante italiano con muy buena pinta y allí fuimos, la verdad es que no nos defraudó. Después de cenar, preguntamos en varios sitios por el alquiler de motos para el día siguiente, la verdad es que parecía bastante barato, pero el seguro no estaba incluido y esto iba a ser lo que nos echaría para atrás a la hora de alquilarlas, cabe recordar que allí se conduce por la izquierda y aparentemente no parecen muy buenos conductores.
Antes de llegar al hotel, hicimos una de las cosas que más ilusión nos hizo de todo el viaje, era una chorrada pero nos encantó, echamos a volar los típicos farolillos orientales de la suerte. Nos ayudó el chico que nos los vendió porque la verdad es que no teníamos mucha idea de cómo se hacía, aparte, tampoco teníamos mechero. Nos quedamos un ratillo viendo como subían los farolillos y de ahí partimos hacia el hotel. Habíamos acabado otro día muy completito.