El vuelo hacia Phuket salía a las 8.45, debíamos estar una hora antes en el aeropuerto, de modo que quedamos la noche de antes con los del hotel que nos debería esperar un taxi a las 6.45, ya que hay aproximadamente una hora de trayecto desde nuestro hotel hasta el aeropuerto Don Mueng, incluyendo el dichoso tráfico, por supuesto. Hicimos el check-out sin ningún problema y ya teníamos al taxi esperando. Llegamos con suficiente tiempo al aeropuerto y procedimos a facturar las maletas, una nueva sorpresa: Exceso de equipaje… a pagar unos 1200 bahts, no lo pensamos en el momento, pero podríamos haber sacado peso de la maleta y haberlo llevado en el equipaje de mano, en fin, una novatada más. Compramos algo para desayunar antes de que saliera el avión y esperamos para hacer el embarque, fue puntual.


Sobre las 10.30 aterrizamos en Phuket, recogimos las maletas y fuimos a la zona de los taxis públicos, que está nada más salir de la puerta principal del aeropuerto, a la derecha. Concretamos precio con el taxista para que nos llevara a nuestro hotel, el Woraburi y en unos 45 minutos aproximadamente, llegamos al destino.
El hotel está situado en la zona de KARON BEACH, la playa más tranquila de las dos más importantes de Phuket. La habitación estaba bastante bien y teníamos vistas al mar, aunque un poco ladeado. Descargamos el equipaje, bajamos al bar del hotel a tomarnos el cóctel de bienvenida y de allí fuimos directos a darnos nuestro primer baño en aguas tailandesas. La playa era preciosa, de arena clara y a tan solo unos metros de nuestro hotel, una pasada!!
Tras el baño en la playa, probamos la piscina del hotel, no muy grande pero con encanto y después del baño fuimos a comer a un SUBWAY situado al lado de nuestro hotel. Después de comer, descansamos un ratillo en la habitación del hotel. Recién levantados de la siesta, nos pusimos guapos para pasar la tarde-noche en la zona movida de la isla, PATONG BEACH. Hay un servicio gratuito de transporte desde nuestro hotel hasta Patong Beach, nos apuntamos antes de la siesta. Como todavía no era la hora de salida del minivan, fuimos a ver el precioso atardecer que se podía apreciar desde “nuestra” playa. Es espectacular ver como se esconde el sol detrás de la línea del horizonte.

Llegó la hora de coger la minivan que nos llevaría a Patong, llegamos allí y vimos tal y como nos lo habíamos imaginado, el Benidorm de oriente… jejeje, estuvimos pateando por toda la zona de movimiento de alli, el Hard Rock Café, la discoteca Tiger, los famosos ping-pong show…


No podíamos volver de Tailandia sin ver ese “arte”. La calle más famosa de allí, la Ban Gla Rd. es un auténtico escaparate de prostitución (alegando la palabra massage), alcohol y desenfreno. En esa famosa calle, accedimos entrar a un local donde se hacía el famoso ping-pong show, después de mucho dudarlo. La verdad es que es curioso como dos tailandesas, bastante feas por cierto, hacen auténticas virguerías con sus vaginas. La entrada es gratuita pero luego te cobran unos 5€ por una coca-cola. Primero se tiran un buen rato saliendo un grupo de orientales haciendo juegos eróticos, striptease y de más… al rato, aparecen estas dos mujercillas sacándose una tira de cuchillas de ahí abajo, llenando y vaciando botellas de coca-cola, lanzando plátanos a las alturas y jugando con las pelotas de ping-pong introduciéndolas y sacándolas como si no valieran… en general, una guarrada pero curioso de ver. Antes de esto, fuimos a contratar la excursión del día siguiente, la famosa isla de la peli de James Bond. Tras patear más de 15 touroperadores, al final dimos con uno que nos pareció bien de precio y aparentemente serio. Quedamos con ellos en que nos recogerían en el lobby del hotel y ya se encargarían ellos de todo. Ese día cenamos en un McDonald’s de Patong.
A la vuelta cogimos un tuk-tuk, son más caros que en la capital, pero son una pasada, parece una discoteca móvil, la música a tope y un colorido de luces espectacular. Llegamos al hotel muertecillos, así que a sobar que al día siguiente nos esperaba nuestra primera excursión.
