El 3 Marzo en vuelo Emirates con escala en Dubai.
Salimos con algo de retraso. No recuperamos nada y la llegada al aeropuerto de Dubai fue algo caótica. El aeropuerto de Dubai es enorme. Un pasillo central lleno de tiendas a los lados las puertas de embarque. Todo es pretencioso y me resulta hasta chabacano. Está claro que el dinero no significa necesariamente buen gusto.

Finalmente llegamos a Bangkok. El control de pasaportes está lleno hasta los topes. Alguien nos indica que vayamos por otro lado pues allí no hay tanta gente. Efectivamente después de recorrer un gran tramo de pasillo entrego pasaporte y hojita que sirve de visado (me la han entregado en el avión) debidamente cubierta. Efectuado el trámite salgo y cambio unos euros a baths en el mismo aeropuerto y busco el tren (Rail link) que conecta con el metro para llegar a mi hotel que está enfrente de la estación de Hua Lamphon. Es fácil y aunque estoy medio atontada del viaje finalmente salgo en Hua Lamphon, la estación de metro está a escasos metros de mi hotel.
La habitación en el At Hua Lamphong es sencilla, está limpia y tiene baño con ducha, sale por unos 10 € la noche. Además cuenta con aire acondicionado que pongo inmediatamente pues estoy sudando de aquella manera. Hay caja fuerte, frigorífico con una botella de agua bien fresquita y una tele. Pienso en echarme un rato pero la curiosidad puede mas y después de una ducha salgo a la calle. Además tengo que pasarme por la agencia de viajes donde compré el billete de tren para ir a Chiang Mai en 2 días. Miro en el mapa y hasta descubro la calle, está en la parte mas moderna de la ciudad y hacia allá me voy en metro.
Bangkok es una ciudad agobiante, coches, motos, gente y un calor húmedo que la hace irrespirable, eso si, nadie toca las bocinas y se agradece. Mucha gente lleva mascarilla de cirujano, por algo será. Pienso que como cerca de la agencia está el parque Lumphini, podría pasarme por allí.
Pensaba que el metro me dejaría prácticamente delante del Parque pero no lo veo, así que como ando bastante perdida decido coger un taxi que me deje en la agencia. El taxista me deja delante de un hotel de lujo de 5 estrellas con una entrada impresionante y me dice que es ahi. Está claro que no.
A lo largo de mi viaje de tres semanas me encontraré con taxistas similares que no saben a donde van, no entienden nada y dicen a todo "yes" con el fin de cobrar lo que sea y ya está. Me doy cuenta de que éste no tiene ni idea, ha dado con la calle si, pero nada mas, así que le pago y me bajo. Un tuc tuc se me arrima y me pregunta que a donde voy, se lo digo de mala gana y me dice que tengo que andar por la misma calle y que está lejos, lejísimos y que mejor me vaya con el, le agradezco la oferta y le digo que iré dando un paseo y lo encontraré. No insiste. Parece que soy muy convincente, será el pelín cabreo que me delata.
Es una calle llena de árboles y centros de masaje de lujo. En diez minutos tengo a la agencia delante, me dan el billete y vuelvo caminando por la misma calle. Llego a una especie de plaza rodeada de centros comerciales y gente bien vestida. Me siento en un bordillo a observar al personal y a fumar un cigarrillo. Subo las escaleras para que los peatones puedan pasar al otro lado. Veo también el tren elevado. El tráfico es demencial, dan ganas de salir corriendo.

Está claro que es la parte mas pudiente de la ciudad. Del parque Lumphini ni rastro pero no me importa porque estoy muy cansada y sudorosa y lo que necesito ahora es comer algo y ya veremos.
A pesar del barullo la gente se detiene delante del altar budista en medio de todo.

Camino un rato en una dirección que me parece la adecuada por el plano y llego a un sitio donde hay puestos de comida en la calle. Entretanto se ha hecho de noche. Me siento en una de las mesas, al otro extremo hay tailandeses comiendo y me parece por lo que veo que puede ser interesante. Me dan una carta y elijo un arroz con verduras. Delante de mi a un par de metros está la cocinilla, el wog gigante y el cocinero-cocinera está preparando los platos. Parece una mujer pero quizás sea un hombre o ninguna de las dos cosas o las dos al mismo tiempo. Lleva un moño en la nuca rodeado de una puntillita muy cuca y la misma chica que me dio la carta le hace de pinche.

Mis compañeros tailandeses al extremo de la mesa devoran un pescado que tiene muy buena pinta, beben cerveza y se ríen.
Después de dar buena cuenta del arroz y las riquísimas verduras, al dente como a mi me gustan, y espárragos verdes sabrosísimos, pienso que lo suyo ahora sería volver al hotel e intentar descansar. Pasa gente sin cesar y lo cierto es que me encuentro muy bien después de haber ¿comido? ¿cenado? Bueno, lo que sea. Así que me quedo un buen rato sentadita observando al personal variopinto que pasa por mi lado, también extranjeros con niños o sin niños que se me quedan mirando y sopesando quizás si comen allí o no. Mi cara de felicidad debería convencerles. Pregunto por la cuenta y tardan medio siglo en traérmela, me da igual, no tengo prisa y todo me resulta muy interesante y placentero. Finalmente la suculenta cena me sale por 105 Baths, algo mas de 2 €. Por fin me levanto y echo a andar hasta que me canso y paro un taxi. Me deja delante del hotel y aquí se acabó mi dia. Después de una ducha me echo en la cama y escucho el maullido de un gato en celo y los bufidos de gatos en danza. Se me cierran los ojos así que apago el aire acondicionado y me quedo escuchando los ruídos de la noche hasta que me duermo.
A la mañana siguiente me despierta el griterío de los pájaros, es tan fuerte que parece que estuvieran dentro de la habitación. Animada conversación la que se traen, ojalá supiera lo que dicen. El reloj marca las siete y me doy cuenta de que los pájaros sustituirán al despertador el resto de mis vacaciones, me gusta
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