¿Quién es capaz de conciliar el sueño la noche antes a un Gran viaje? La emoción y la curiosidad se hacen dueños de tu ser. Y eso es precisamente lo que nos pasó.
Suena el despertador a las 4.30 am y como zombis empezamos a cerrar maletas, comprobar dólares y remirar mil veces los billetes electrónicos, reservas, pasaportes y el nuevo impreso para poder entrar en los EEUU.
Una vez en el aeropuerto de Málaga facturamos sola una maleta (llevábamos dos de mano casi vacías) con la intención de comprar otra maleta allí, y nos dieron todos los billetes necesarios para nuestro viaje. Nos informaron que de la maleta facturada no teníamos que preocuparnos hasta nuestro destino final. ERROR, gracias a leer en el foro que es IMPRESCINDIBLE cambiar las maletas de cinta en Philadelphia sino te quieres quedar sin equipaje.
En Barajas tuvimos que esperar y mucho porque el vuelo iba retrasado. El tedioso control de preguntas por parte del personal que trabaja en US Airways ya es bastante cansino como para comentarlo. Destacar que hicieron caso omiso del impreso que supuestamente era obligatorio rellenar a través de internet. Nos esperaba un vuelo de 9 horas y 36 minutos que pese las dos comidas que dan, las películas que puedes ver (no olvidar auriculares, cobran 5€ o 5 $) y las lecturas que encuentras se hace largo.
Gracias al retraso con el que ya veníamos de Madrid aterrizamos en tierras americanas a las 17:05 y todavía nos quedaba pasar el tedioso control de pasaportes, recoger el equipaje para el cambio de avión y llegar a tiempo a la puerta de embarque de nuestro último vuelo del día (que salía a las 18:00). Al principio nos lo tomamos con mucha filosofía, ya que muchos de los pasajeros del vuelo de Madrid tenían que coger la misma conexión a Miami, y claro pensamos que no dejarían a tanta gente en tierra y que al menos esperarían unos minutillos. Pero todo esto cambió radicalmente al pasar el último control de policía (que los amables agentes se tomaban con cierta “pachorra”). En un mostrador de US Airways nos dieron unos vales para un vuelo para el día siguiente, noche en un hotel cercano, desayuno y transporte por si no llegábamos a tiempo a coger el vuelo. Señal inequívoca de que no nos iban a esperar ni un segundo. Nuestra cara era un poema. Tuvimos que CORRER como nunca. Eran ya las 17:48 y aunque la salida de nuestro vuelo salía en las pantallas con un retraso de 15 minutos, no iba a ser fácil llegar a tiempo. Más que correr volábamos sobre nuestros pies y para colmo de un extremo del aeropuerto a otro.
Por cuestiones meteorológicas el vuelo milagrosamente se retrasó, cosa de la que nos enteramos una vez en la zona de embarque comprobando los monitores, mientras respirábamos exhaustos con la lengua fuera.
En la pista nos tuvieron un par de horas más esperando. Las colas de aviones frente a la maquina que vaporizaba anticongelante sobre las alas era aburridamente larga.
Aterrizamos en el aeropuerto de Miami a las 23.15, dos horas más tarde de lo previsto, y tras recoger la maleta, buscamos el minibús que nos desplazó hasta la oficina del alquiler de coches, Dólar. Nos atendió un chico que por sus formas nos pareció un tanto peculiar. Tras pasar unos minutos comprobando su ordenador nos sorprende con que EL COCHE LO TENÍAMOS RESERVADO PARA EL DÍA ANTERIOR. Eso nos dejó un poco confusos, así que revisamos la hoja de reserva. Las fechas estaban claras: del 19 de enero al 2 de febrero, así que no entendíamos nada de nada. Tras intentar aclararle lo de las fechas, nos dice que claro, que eran las 00:05 y oficialmente ya era día 20 (manda narices!!!). Nos dice que como no habíamos llegado a la hora prevista (las 21:30), el coche ya había sido alquilado y que la única alternativa era ofrecernos uno más caro (por supuesto, pagando la diferencia). Eso fue lo que colmó nuestra paciencia y casi nos lo comemos argumentándole obviamente nuestras razones: el alquiler estaba PAGADO POR COMPLETO y, por lo tanto desde las 21:30 el coche era NUESTRO. Si ellos se lo habían alquilado a alguien, no era problema nuestro.
Después un rato delante de su ordenador sin mirarnos nos dijo que igual había algún coche pero que tenía que comprobarlo. En nuestras caras se podía leer de todo. El chico despareció durante un rato y al volver siguió con su ordenador. Tras una larga pausa nos dijo que el coche estaba listo y nos indicó el sitio.
Un cochazo, un MUSTANG nos esperaba. Le conectamos el GPS y a buscar el hotel que teníamos ya reservado. Airways Airport Inn & Suites. A escasos 5 minutos del aeropuerto. Dejamos el coche en el parking privado, que para clientes cuesta 2 dólares y nos fuimos a la cama. Con el cansancio y las horas de viaje nos pareció la mejor habitación del mundo. Es un hotel antiguo pero bastante cómodo por su ubicación. Nuestro plan de ruta era conducir hasta Orlando al día siguiente así que nos dejamos atrapar por la cama.



El comienzo ha sido un poco caótico, pero todo está a punto de cambiar. La ciudad de la diversión nos espera.