Ese día amaneció con otro solazo cojonudo y disfrutaríamos de la primera excursión de las tres contratadas con la naviera: Glaciar Briksdal (170 € por cabeza). Desayunamos temprano porque la excursión comenzaba en cuanto el barco atracaba en Hellesylt. Había bastante gente en el buffet, y veías a mucha gente haciéndose bocadillos y cogiendo provisiones para el día (los plátanos se acaban MUY rápido). Nosotros ya hicimos los deberes el día anterior: por la tarde cogimos fruta y sandwiches ya hechos así no perdíamos tiempo por la mañana ni tampoco te tenías que pelear por la fruta.
La bajada al barco estuvo bien organizada y, si no recuerdo mal, abrieron dos puertas al mismo tiempo: proa para Pullmantur y popa para el resto.
Tras una breve parada en la famosa cascada de Hellesylt para hacer fotos, comenzamos la ruta en el autocar (cómodo y en buen estado) que nos llevaría hasta el glaciar. Ruta que nos mostró unos paisajes espectaculares y la belleza de Noruega. La llegada a Briksdal (10:15) no tuvo ninguna incidencia y tuvimos un margen sobrado para subir, bajar y almorzar (de 11:30 a 12:30 con una sopita caliente de champiñones muy rica. un salmón con patatas muy apañado y sabroso, postre y café) en el parador que hay al pie de la montaña. La subida es por un camino de tierra cuesta arriba pero muy llevadero. Si no estás en forma o eres un vaguete, puedes pillar un trollcar que te deja muy cerca del glaciar (desconozco el precio). El premio, para nosotros, fue disfrutar de algo impresionante. Otra gente que había viajado por más sitios decían que ese glaciar no era cosa del otro mundo, pero para nosotros fue la releche, tanto que consideramos que esta fue la mejor excursión de las que hicimos. Os recomiendo que os llevéis botellas de agua vacías y las rellenéis con el agua del glaciar: más pura y con mejor sabor imposible.
Para quien haga esta excursión en el futuro: en el parador hay wifi gratis. SSID: Briksdal Guest y Briksdal Guest 1. La contraseña es Briksdalen.
Tras el almuerzo, reemprendimos la marcha para dirigirnos a Geiranger, con paradas para hacer fotos en el lago Oldevatn, de un color azul turquesa impresionante, en Stryn donde visitamos un supermercado Kiwi para comprar los alimentos típicos de Noruega (mientras el resto de la gente iba al servicio) y en el monte Dalsnibba con el el famoso lago helado de fondo y, donde pudimos hacer batallas de nieve contra el resto de excursionistas e incluso contra autocares que pasaban por el lugar. Nuestra guía tuvo una ocurrencia que resultó fantástica: nos recomendaba cerrar los ojos cuando entrábamos en un túnel y abrirlos un poco más tarde de salir del mismo, para ver el contraste entre una zona verdísima con vegetación por todos lados y la tundra helada de la cima del monte. ¡Espectacular!
La última parada fue en el famoso mirador Flydalsjuvet, donde tuvimos la suerte de que los autocares allí aparcados se iban, pudiendo hacer fotos sin que salieran los otros excursionistas. En esta parada, sucedió algo que nos hizo reafirmarnos en nuestra opción de coger excursiones con la naviera. Un autocar quemó los frenos y se quedó tirado. Al ser de la naviera, el problema no tuvo mayor incidencia (mejor para los excursionistas porque tuvieron más tiempo para hacer fotos), pero si llega a ser de otra compañía, el susto no te lo quita nadie...
Momento vestuario: también hizo un sol espléndido ese día. Camiseta de manga larga y vaqueros. En el glaciar, forro polar, cortavientos y una gorra porque Eolo soplaba que no veas. Zapatos Quechua Arpenaz 100.
Al llegar al barco, comenzó la operación contrabando: me puse un chubasquero con bolsillos interiores muy amplios y en ellos metí los quesos y chocolates que compré. Metí todo lo que pudiera hacer saltar el detector en la mochila y hala, a cruzar los dedos mientras pasaba el control. La verdad es que fue un trámite sin mayores problemas. Al coincidir varios autocares de las excursiones de Pullmantur, había mucha gente entrando en el barco y los de seguridad se daban bastante prisa. Misión cumplida.
Una vez a bordo, una duchita y a ver la salida del fiordo, con las famosas cascadas de las hermanas, el pretendiente y el velo. Antes de eso, breve charla con Don Elías y con Marcos. Este último nos comentó que en cuatro años que llevaba trabajando, nunca había podido hacer ninguna excursión de las que hacían los pasajeros. Nos enteramos que no tenían días libres, que trabajaban siete meses y después tenían dos de vacaciones no pagadas (legislación laboral estadounidense). Condiciones muy duras que no cualquiera puede aguantar. Sin embargo Marcos estaba feliz: al finalizar el crucero, volvía a Brasil y, probablemente, decidiría no seguir con ese trabajo.
Nos llamó la atención que mucha gente estuviera tomando el sol al lado de la piscina (me comentó un camarero que había gente que ni salió del barco en Geiranger y estuvo todo el día en la cubierta disfrutando del todo incluido) y pasara olímpicamente de ver el fabuloso paisaje. Irse a uno de los sitios más bonitos del planeta para no salir del barco es incomprensible para nosotros (y se ve que bastante gente pasa de las escalas), pero para gustos colores...
Vimos el espectáculo del día, 4+1, de humor, acrobacias y gimnastas, que nos pareció estupendo y nos divirtió mucho, y directos al restaurante a cenar. Esta vez fuimos diez minutos más tarde de la hora de comienzo, y la situación era la misma: un montón de gente apretujada y empujones por doquier, para entrar antes en el restaurante, así que nos volvimos al buffet, donde disfrutar de la cena navegando por el fiordo fue lo mejor que pudimos hacer.
Tras la cena, nueva visita al salón Rendez-Vous, donde nos juntamos con otras parejas de nuestra edad con las que hicimos un grupito. Dimos buena cuenta de más cócteles (Belter nos incitaba a tomar uno tras otro), vimos un concurso de sevillanas que estuvo muy entretenido y nos echamos las risas del día cuando una de las parejas nos dijo que, esperando en la cubierta para almorzar, y donde media hora antes de abrir el buffet ya había cola de gente, una mujer le dijo a su marido (eran una pareja de jubilados) las siguientes palabras literales: CAGA RÁPIDO Y ASÍ PODREMOS SER LOS PRIMEROS EN EL BUFFET. Esta frase me marcará para el resto de mi vida.