Comenzamos el último día de nuestra estancia en NYC. Podemos dejar la habitación a las once por tanto no hay mucha prisa. Desayunamos, subimos a la habitación, guardamos los últimos enseres, cerramos las maletas y bajamos a recepción. Son las 10:45 y tras saldar cuentas dejamos las maletas allí. No hay problema el hacerlo en este hotel. Te identifican las maletas y te dan un resguardo. Nos despedimos hasta la tarde. El avión sale cerca de las 21:00 horas por tanto hemos decidido que partiremos sobre las cinco. Así que se puede aprovechar bastante el día.
Ayer caducó la Metrocard y tenemos la idea de no alejarnos mucho. Así cuando salimos nos dirigimos a los grandes almacenes Macy´s. Los hemos tenido al lado y no hemos entrado hasta ahora. ¡Nos quedaban! A mi mujer se les van los ojos por la sección de bisutería, enorme y según ella con más variedad y con los precios más baratos que por aquí.
Evidentemente cuando dicen que son los más grandes del mundo (pero actualmente los Harrods de Londres o Lafayette de París están ahí, ahí), no hablan en vano. Las plantas lo son.
Con el pasaporte te dan un descuento del 10% en casi todas las secciones y tienen todavía escaleras mecánicas con escalones de madera funcionando.
Antes de salir de allí decidimos tomarnos un "expresso" en el Starbucks que hay en la planta baja en una especie de terraza-balcón interior.
Salimos y nos dirigimos a Madison Square por Broadway. Este tramo también tiene su peculiaridad y es que aquí vuelven a aparecer los comercios del mismo tipo juntos como ya he citado ya. En este caso son tiendas tipo bazar de hindúes, como teníamos aquí en Canarias hace un tiempo y que hoy son un reducto en las zonas turísticas del sur de las islas. Con la evolución actual del comercio, la verdad no sé como sobreviven.
Llegamos al Parque Madison y como otras plazas con parques de Manhattan, pululan las ardillas y el ambiente invita a relajarse y disfrutar.
En una esquina está el Flatiron que da nombre a la zona: Distrito Flatiron. Es de forma triangular y de ahí su nombre "flat-iron" es decir como las planchas de la época de la construcción. Se considera el rascacielos más antiguo de Manhattan.
En el parque está el local original del Shake Shak, ya mencionado. A esta hora, como es normal no tenía mucha gente. Al otro lado del parque empieza, en la esquina con la calle 23, la Madison Avenue justo ahí estaba originalmente como ya hemos contado el antiguo Madison Square Garden. Hoy está la torre de los seguros MetLife (el de la bola dorada arriba).Se ve que los seguros de vida es un buen negocio. Rebobinemos un poco y volvamos a la terraza del Empire y miremos hacia el parque :
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Empresa que tiene unos cuantos edificios bien identificables por su nombre escrito en ellos en Manhattan. El que me ha llamado más la atención es el que cruza Park Avenue y que cuando vine la otra vez llevaba el nombre de la antigua compañía aérea PanAm.
Seguimos en el Mirador del Empire. Esto es una prueba de agudeza visual:
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Mi mujer me dice que me gusta "examinar" a la gente. ¡Si hasta va a tener razón...!
Después de reposar un ratito. Eran cerca de la 13 horas y nos preguntamos si con la interrupción del otro día nos dejabamos atrás y dije: el telesférico de la Isla Roosevelt.
Está incluído en la Metrocard pero ahora tendríamos que recargarla. Con ella sale el viaje 2,50 $ y sin ella 2,75. Y si ibamos y veníamos en total 10$ cada uno. Como esto es lo que nos podría salir un taxi los cuatro, decidimos vamos y venimos en taxi y recargamos solo 5$. Y vamos más rápidos. Es sábado y hay poco tráfico.
Dicho y hecho tomamos un poco más arriba un taxi ya que Madison es avenida de sentido de tráfico que sube y nos llevó hasta la calle 59. Por ella vamos hacia el este hasta los almacenes Bloomingdale´s que también curioseamos, así como el Magnolia´s Bakery que hay en su planta baja. Y recreamos la vista una última vez. Seguimos hasta la Segunda Avenida y allí nos encontramos las escaleras del "Roosevelt Island´s Tram". Recargamos la Metrocard para tener la ida y la vuelta y nos subimos. El viaje es corto pero las vistas de East Side y cruzar el East River a la vez que se ve el Queensboro Bridge son impresionantes. Este puente como su nombre indica une Manhattan con Queens. Su situación puede verse en la foto de arriba detrás del Chrysler con un calor marrón claro.
Cuando bajamos el día está muy nublado y al lado del río sopla el viento. No está muy apacible pecisamente. A un lado vemos el edificio de la ONU y el puente
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y al otro también el propio funicular
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Volvemos disfrutando nuevamente de las vistas.
Son las dos y ya toca comer así que decidimos hacerlo comiendo la última hamburguesa del viaje en el Burguer Joint de Le Parker Meridien, que está en el 119 w de la calle 56.
Caminamos hasta allí y nos sorprende que hay que entrar en el hall de ese Hotel de lujo para acceder a este local. Si no llega a haber cola, ni nos enteramos dónde era. La entrada es un estrecho pasillo oscuro solo iluminado por el logo de la cadena
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Antes de entrar coges un papel y un lápiz para marcar como quieres la hamburguesa. Así vas haciendo tiempo en la cola. Estuvimos cerca de media hora. Finalmente entramos y encontramos un pequeño local de unos 5x5 metros.
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Nos informan en los letreros que "only cash" y que si no quieres gluten o eres vegetariano este no es tu sitio. Le das la petición donde pones tu nombre y a esperar. No es mucho tiempo. El problema es encontrar sitio para sentarse en tan reducido espacio. Como siempre nosotros hacemos nuestra "operación asiento" y nuevamente tenemos suerte.
Las paredes están llenas de pequeños "graffitis". Le digo a mi hija que deje recuerdo de nuestra estancia. Cuando el pedido está, llaman por el nombre que has dado. Hay que procurar que sea fácil de pronunciar porque a lo mejor ni lo entiendes. En este caso, las cheeseburguer son sin bacon. Un fallo para nuestro paladar. Nos gustan más las del Shake. ¡Es de gustos! ¡Salimos de allí a las 16:30!
Salimos del hotel curioseando e imaginando como será una habitación aquí. Nos vamos en dirección a la Quinta y allí cogemos el taxi que nos lleva hasta el que era nuestro hotel. Uno ve la entrada ya con otros ojos.
Nos sacan las maletas y pedimos que nos pidan un taxi. El botones nos da el número del taxi que va a venir y nos ayuda a llevar el equipaje cuando llega. Evidentemente le damos 5$ de propina.
Una vez colocados en el taxi partimos para el aeropuerto. A diferencia de la llegada hay mucho menos tráfico. El taxista que es de origen hindú, se pasa todo el viaje hablando en hindi con el teléfono en una mano. ¡Alguna ventaja tendrán los coches automáticos!
Llegamos en media hora. Cuando nos acercamos al aeropuerto también escribe a la vez el recibo.Será para no perder tiempo. Mi mujer estuvo temblando. Le damos los 65 $ y entramos en la terminal. No son ni las seis por tanto vamos con tiempo de sobra.
Facturamos y pasamos el control.
Es la primera vez que pasamos por el escaner corporal. Nos hacen descalzar y ponernos con las piernas abiertas y los brazos en alto cuando se cierra la cabina. Parece que no han visto nada peligroso. Finalmente solo nos queda esperar el avión. En la espera cuando ya se acerca la hora de embarque, se forma un pequeño tumulto porque han visto a David Villa entrar antes que los demás. No lo volvimos a ver. Se ve que Iberia lo cuida para que viaje con ellos ahora que va a vivir en NYC y no lo molesten los "admiradores".
El viaje fue como a la ida, más rápido de lo normal y solo tardamos seis horas pues teníamos una corriente de cola. Para nosotros eso significaba esperar una hora más en el aeropuerto para la última etapa.
La vuelta desde el otro lado de Atlántico se hace duro por el cambio de horario. Mucho peor que cuando vas y ganas horas. Cuesta acostumbrarse unos días. Pero lo más curioso del viaje fue que junto con unos cuantos pasajeros más, pasada la revisión de pasaportes, nos quedamos atrapados en el ascensor de la T4S. Era domingo y agosto, o sea que los servicos de urgencia no fueron muy diligentes. Uno de los atrapados no hacía más que llamar por teléfono echándoles pestes a la señorita de "urgencias". Y a todo esto el ascensor parado con la gente viéndonos con cara de resignación, pero ni uno se acercó a preguntar si pasaba algo.¡La gente...! Ya fuera, el que fue atender la avería se lleva el rapapolvos de los encerrados. ¡Había muchos nervios!
Tras este pequeño incidente la espera y la vuelta fue todo normal, y afortunada y felizmente llegamos a casa con mucho sueño. Y mucho por recordar como han leído si han tenido la paciencia de llegar hasta aquí.