30 de junio
El día de hoy no tiene demasiados puntos interesantes. Volvemos a ponernos las botas en el desayuno en el motel y nos ponemos en marcha sobre las 10 de la mañana. Tenemos un largo trozo de carretera hasta la entrada de Death Valley, atravesando unos pocos pueblos sin importancia. Steven nos contó que por el camino hay un desvío para ir a ver los Bristlecone Pines, unos árboles más viejos que las sequoyas, aunque no tan espectaculares. Al ver el desvío, lo pasamos al leer que hay unas 80 millas en un sentido, nos retrasaría cerca de 3 horas.
Al cabo de un par de horas de conducir, empezamos a entrar en el desvío que penetra en Death Valley. Empiezan las carreteras de rectas infinitas, el paisaje totalmente desolador y sobre todo el calor, un calor insoportable, incluso dentro del coche con el aire acondicionado enchufado. En ciertas partes, especialmente en las subidas, hay señales que recuerdan de apagar el aire para evitar sobrecalentamientos del motor, pues una avería de cualquier tipo en esta zona es extremadamente peligrosa por el calor y el poco tráfico.
Durante el trayecto por el parque, haremos pocas paradas, pues salir del coche aunque sólo sea unos segundos es un suplicio. Paramos en la zona de las dunas, Mesquite Sand Dunes Flat, en Stovepipe Wells. Más adelante cogemos el desvío para ir a Badwater, punto más bajo y caluroso del parque (creo). Poco antes de llegar a la explanada de sal de Badwater, el termómetro alcanza los 50ºC. Después de valorar el kilometraje de salir por la zona sur hacia Shoshone (carretera 178) o regresar sobre nuestros pasos y salir por Death Valley Junction (carretera 190), decidimos regresar para ahorrar unos pocos kilómetros. No hacemos siquiera el pequeño desvío del Artist's Drive, ni nos detenemos en Zabriskie Point, sino que seguimos hasta encontrar un sitio para almorzar, ya fuera del parque, decorado con motivos extraterrestres y del Area 51. Está en Amargosa Valley, en la carretera 95, y se llama Area 51 Alien Travel Center. Nos sirven unas ensaladas a pesar de lo tardío de la hora, y seguimos hacia Las Vegas.

La temperatura ha bajado unos grados, pero sigue por encima de los 40º cuando entramos en la ciudad del pecado. Nos vamos directos al Stratosphere, aparcamos y procedemos al registro. Por lo menos aquí dentro se está fresco. Nos dan habitación, atravesamos el casino (obligatorio para ir a cualquier parte), y descansamos un rato. Nos ponemos los bañadores y pasamos el resto de la tarde en la piscina, con agua no muy fría y bastante sucia, pero por lo menos el calor se hace más llevadero.

Desde la piscina, en el piso 8, tenemos una buena perspectiva de la torre del hotel, y vemos las atracciones que se encuentran en la plataforma de observación, incluso la gente que salta en una especie de bungee jumping. Si no fuera tan caro (99$), lo probaría. Estamos agotados por el calor, y decidimos quedarnos a cenar en el buffet del hotel, con la intención de subir a la torre para tener unas buenas vistas del strip de noche tras la cena. Con la intención de apostar unos dólares, nos acercamos a una mesa de ruleta, pero nos comentan que Ada no puede estar cerca de las mesas de juego, a pesar de que por todo el casino hay criaturas corriendo arriba y abajo. Estos americanos...De camino al buffet, vemos a los jugadores de las tragaperras, cuando un afortunado jugador enloquece de alegría al ver que la máquina empieza a emitir sirenas y luces. Acaba de ganar 24000$!!! Le va a arreglar lo que queda de año si no lo pierde jugando más... Nos ponemos de comida hasta arriba, y con dificultades para caminar, iniciamos el intento de subir a la torre. Al ver las largas colas y el tiempo de espera, pasamos del tema y damos una vuelta mirando las numerosas tiendas del hotel, antes de volver a la habitación a dormir.