1 de julio
Tras arreglarnos y recoger los trastos, dispuestos a hacer el checkout del Stratosphere, sin haber visto nada más de Las Vegas que el hotel, desayunamos en el Starbucks que hay en el casino del mismo hotel, mientras vemos a los jugadores que a esta temprana hora ya están con las máquinas tragaperras. Nos montamos en el coche dispuestos a recorrer los 450 kms que nos separan del Grand Canyon NP. Para llegar, tenemos que atravesar la Presa Hoover (que acaba mal en la mayoría de películas), y la Ruta 66 (o lo que queda de ella). Al cabo de menos de una hora de dejar la zona urbana de Las Vegas, vemos el desvío que permite la entrada a la Presa Hoover, que marca la frontera entre Nevada y Arizona. Desgraciadamente, lo hemos visto tarde y hemos pasado de largo. Una lástima, pues es una curiosidad más y un motivo para sacar unas cuantas fotos extra. En poco rato nos hemos plantado en Arizona, y paramos en Kingman, para sacar unas fotos del inicio de uno de los tramos más visitados de la Ruta 66, la locomotora Santa Fe, y tomar un almuerzo temprano en el Mr D'Z, tan típico americano de los años 50-60, y tan visitado por los turistas. Un plato de pasta, unos hot dogs, unas fotos, y a la carretera de nuevo.
En Kingman está perfectamente indicado el inicio del desvío que lleva a la Ruta 66 original, para no ir en dirección este por la I-40. El desvío supone hacer un arco hacia el norte dando unos cuantos kilómetros de más, acercándose mucho al Grand Canyon, por una carretera que está en bastante peor estado que la I-40, y que según mi humilde opinión está mitificada en exceso, pero ya que estamos aquí...El arco tiene su punto más alto entre el Hualapai Lodge y las Grand Canyon Caverns, y durante el recorrido, hay 2 puntos muy conocidos: Hackberry General Store y Seligman. Precisamente en este último nos paramos un rato a comprar unos souvenirs, estirar un poco las piernas y ver como empieza a formarse una tormenta sobre el Grand Canyon, destino final de hoy. También se forma algún minitornado, pero bastante lejos. En Seligman cae un chaparrón, pero esto es muy habitual en Arizona (a pesar de su nombre).
Dejamos Seligman bajo la lluvia y empezamos a subir al norte al llegar al desvío que lleva directamente a la entrada sur del Grand Canyon NP, por Tusayan. Es la carretera 64, que a los pocos kms se une a la 180 que viene de Flagstaff. Este tramo está en obras y sufrimos unas retenciones que nos hacen perder más de hora y media, tiempo extremadamente valioso, pues queremos llegar a ver la puesta de sol en el Grand Canyon. El camino después de las obras se hace eterno, parece que no acabas de llegar nunca, pues las ganas son tremendas. La visita al Grand Canyon es el principal motivo de todo el viaje, pues a Ester hace muchos años que le hace una ilusión enorme. Por el camino comentamos que no parece que vayas a ver el cañón, pues la vista desde la carretera en la dirección que se sigue es de totalmente llana. Una vez has estado allí lo comprendes, pero si no, se puede tener la idea de que para ver el cañón habría que subir como si fueras a un cráter de un volcán, pero no es así. El borde del cañón se encuentra a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, pero es totalmente llano, las formaciones emergen desde el fondo, es una cavidad inmensa que parte la tierra en dos.
Pasado Tusayan, entramos ya en terrenos del Parque Nacional, y lo primero a remarcar es que se empiezan a ver montones de ciervos-mula a los lados de la carretera que sigue hasta el Village, paciendo tranquilamente, ajenos a los coches parados sacando fotos. Seguimos hasta la zona de los lodges para ir a registrarnos y dejar los trastos en el Maswik Lodge. Tenemos la habitación muy cerca del edificio central, con baño privado, pero sin aire acondicionado (sólo un par de ventiladores), ni wifi.
Volvemos al coche para ir a la zona de los miradores. Con todas las paradas y retrasos se nos ha hecho muy tarde, y no tendremos tiempo de llegar a los miradores más indicados para ver la puesta de sol. Dejamos el coche en el aparcamiento 2 de la zona de Mather Point y empezamos a andar en dirección al borde del Cañón. Cuando por fin llegamos y podemos ver la inmensidad de esta maravilla de la naturaleza, a Ester se le caen las lágrimas de emoción al ver su sueño cumplido. Obviamente, tras los minutos para recuperar el aliento y volver a la realidad, empezamos a hacer fotos como si se acabara el mundo, y comenzamos a recorrer el borde en dirección oeste para intentar llegar a los miradores de Hopi Point y Mohave Point, que junto con Pima Point creo deben ser los mejores para ver la puesta de sol. Imposible, cuando llegamos a Yavapai Point, ya no queda prácticamente nada de luz solar y estamos todavía muy lejos. Como mucho habremos andado 1,5 kms por el borde, pero con tantas paradas para hacer fotos, hemos perdido un tiempo que nos impide disfrutar de la puesta de sol desde los mejores puntos. Un poco decepcionados, iniciamos el regreso al aparcamiento en que dejamos el coche, pero en la más absoluta oscuridad casi, pues no hay NADA de iluminación artificial, así que si pensáis ver la puesta de sol, llevaos linternas. Suerte que de vez en cuando, con el móvil vamos iluminando nuestros pasos, pues el camino de vuelta, aunque fácil, tampoco está muy bien indicado, y si no fuera por una de las paradas de las líneas de bus del parque, en que más o menos nos orientamos, quizás habríamos llegado al East Rim andando...
Finalmente localizamos el coche, con gran alivio, pues no las teníamos todas, y nos vamos a cenar a un Steak House (The Yippe I O) en Tusayan. Sitio bastante caro en comparación a lo que hemos ido viendo hasta ahora. Tras la cena, volvemos al lodge, a pasar una de las noches más calurosas de nuestra vida. Lo de la falta de aire acondicionado es un hándicap muy grande, pues aunque en el exterior la temperatura hace que haya que ir en manga larga, el calor en las habitaciones es insoportable.