Ya habiendo descansado bien me despierto antes del amanecer para Fajr (1ª oración diaria) y contemplar las vistas. La noche anterior le había dicho a Atha que quería volverme a aswan en la falluca con Flor y su padre, y les daba el dinero que me habían devuelto para ellos, tranquilos y relajados. Llama por teléfono a la agencia y les dice que nosotros no íbamos en el mini bus, a las 07 am las holandesas y el inglés se bajan después del desayuno sin antes exigir un café doble con tostadas, joderrrrrrrr, hay gente para todo en este mundo. Ahora si era lo que queríamos,
navegar en el nilo sin prisas escuchando la Piaff, entramos en estado alfa que ni el mejor terapeuta era capaz, se respiraba una paz y bienestar que ni la mayor fortuna era capaz de pagar.
No corría nada de viento a lo que íbamos mas que despacio, así mas de 5 horas. Cerca del mediodía, paramos en una orilla y aprovecho para dejarle jabones, shampoo, camisetas, pantalones, el saco de dormir de regalo y me lo agradecen sólo como los árabes saben hacerlo, preparan la comida y nos invitan a comer junto con ellos.
Al rato viene otra falluca y parkea al lado de la nuestra, nos invitan a visitarlos y nos preparan té egipcio y hablamos de muchas cosas, yo fan de Amr Diab y ellos de Bob Marley y The Police, jajajajajajaja, esas vueltas del destino. A la hora del Zhur (2ª oración diaria) nos preparamos para la Salat y oramos dentro de la falluca, otro recuerdo imborrable.
Ya eran casi las dos de la tarde y del viento ni noticias, y como no estábamos lejos de aswan llaman por teléfono a un amigo para que nos acercara. La hora de la despedida, le doy el dinero pactado mas casi el doble en backshish, se lo habían ganado y más que ganado. El día anterior de mí parte no era una discusión por dinero si no por la palabra que es el valor más grande que tenemos como hombres. Nos bajamos en la estación de Aswan, pregunto por el próximo tren a Luxor y allá vamos. Un viaje mas que tranquilo. Aprovecho para contar una anécdota que se repitió en todos los viajes en tren: En el vagón final hay una especie de cafetería que van solo hombres egipcios y algún turista despistado, yo entro y pido: “One tea, please” y me sirven un té de saquitos y les digo en árabe: “la, lipton, lá, wahid masri thai” (no, lipton no, un té egipcio) risas por partes de todos, cuestionario obligado y siempre me terminaban invitando el té egipcio. Llegamos a Luxor sobre las 08 PM y como dije antes junto con Ghiza es lugar con más plastas por milímetro cuadrado, salir de la estación, caminar por la avenida principal con dos maletas era ser el foco de todo “canhayhelpiu”. Llegamos al Nefertiti Hotel sin complicaciones y apenas entramos sin decir quien era el recepcionista intenta jugármela, cuando le digo que soy Jalil Zamzam y tenía reserva su actitud ya cambia, subimos a la habitación y estaba muy bien. Flor estaba un poco shokeada por lo del día anterior y le digo que se vista muy bien porque le iba a mostrar como tratan a los turistas europeos en Luxor, bien occidentalizados los dos, recuerdo que tuve que ir a comprarme una camisa porque había regalado casi todo, y nos vamos a la cafetería de un hotelazo 5 estrellas cerca del templo, nos invitan a pasar, nos sientan muy sonrientes y serviciales, nos hacen toda la pantomima típica, pedimos dos shishas y refrescos y como a la media hora pido la cuenta y efectivamente, me la traen pero con los precios sobrevalorados 10 veces más de lo que decía en el cartel en árabe de la entrada. Flor se queda de piedra. Pido con el encargado y en una mezcla de árabe e inglés le pregunto: ¿Con que derecho nos cobraba unos precios que no estaban marcados? ¿Por qué los egipcios de la mesa del lado pagaban 10 veces menos que yo por el mismo servicio? El tipo no sabía donde meterse, a lo que agarra la factura de mala gana y le tacha un cero, le pago el nuevo precio y regreso a mi mesa, al segundo se me acerca y me dicen que están cerrando y que nos vayamos, pido la factura y me dice qua ya no la tiene. Volvemos para el hotel y paso frente a un puesto de falafel que conocía del año pasado, me acerco y le pregunto cuanto cuesta y me dice 5 libras cada uno, caliente yo por la situación de antes uso la misma frase: ¿Por qué a los egipcios les cobraba una libra y me pretendía cobrar 5 cada uno? Me pide disculpas y me prepara los sándwich de falafel mas ricos del planeta, le pago y también backshish y regresamos al hotel, a dormir, por fin, ahora sí. Dulces sueños.