MARTES 7 DE ABRIL
El día prometía ser duro ya que teníamos planeado unas cuantas visitas y lo peor de todo es que en alguna de ellas la subida de escaleras estaba garantizada…
Como cada mañana visita obligada al metro enlazando la línea 6 y bajándonos en Charles de Gaulle – Etoile. Del arco del triunfo ya teníamos una idea de cómo era pues lo habíamos contemplado de noche, pero estar debajo en pleno día no deja de sorprenderte. Es un monumento que a simple vista no puede decirte mucho, pero que merece la pena echar un vistazo desde abajo para ver su inmensidad y los detalles curiosos que tiene, como por ejemplo los nombres de generales del ejército de Napoleón y subrayados los que cayeron en alguna batalla. También tiene las más famosas conquistas incluyendo las que hizo en la península ibérica, aunque yo personalmente discrepara en lo que ellos lo consideraran gloriosas hazañas y no la realidad, pero eso es otra historia.

Tocaba empezar a subir escaleras y estrenar nuestro “Museum Pass”, así que escaleras para arriba hasta llegar a una especie de museo donde tienen alguna escultura, pero ninguna que fuera nada del otro mundo. A continuación otro tramo de escaleras hasta llegar a la cima del Arco del Triunfo y ver el paisaje de casi todo Paris desde allí y dónde parece que todo está más cerca de lo que realmente está.

El tiempo era frío y nublado con lo que desde arriba las vistas aunque buenas eran muy oscuras así que como nuestra cámara tampoco es para echar cohetes las fotos desde arriba tampoco podían ser espectaculares.
Una vez que bajamos del Arco del Triunfo bajamos por la famosa avenida Champs Elysees, donde se concentran todas las tiendas de prestigio y que parece que vaya a costarte dinero hasta el simple hecho de mirar.
Caminando se llega a mano derecha al Grand Palais y se ve al fondo el espectacular puente de Alejandro III y más al fondo la famosa cúpula del Hospital de los Inválidos. Ambos destinos los teníamos reservados para otra etapa así que tampoco nos entretuvimos mucho y continuamos nuestro recorrido en dirección a la Plaza de la Concordia.
Desde mucho antes de llegar a ella se ve claramente el obelisco egipcio y su dorado pico (para los que conocemos la ciudad de Luxor, tengo que decir que es el famoso obelisco que se echa en falta en el templo de Luxor, pero tengo que reconocer que lo tienen en muy buen estado de conservación y con los detalles dorados le han dado un aspecto impresionante). Las fuentes que decoran la plaza merecen muy mucho la pena y desde la misma plaza se obtiene una vista preciosa del parque de las tullerias con el Louvre al fondo y a mano derecha la famosa Madeleine.


Esta iglesia da un aspecto extraño pues más parece un monumento griego que una iglesia que es lo que realmente es. Tengo que decir que merece más la pena por fuera que por dentro este templo.
Después de las fotos de rigor de la iglesia, saliendo en las mismas escaleras hay una buena foto de la plaza de la concordia con su obelisco de fondo.

Cuesta creer que en esa plaza perdiera tanta gente la cabeza y nunca mejor dicho porque en ella estuvo instalada la famosa guillotina.
A mano derecha del templo hay una parada de autobuses que mirando el plano nos dejaba bastante cerca de nuestro siguiente destino.
Tengo que apuntar que los autobuses pasan con bastante frecuencia y en cada parada te explica claramente cada una de las paradas que tiene la línea así como el tiempo estimado en que va a pasar el autobús y lo más importante el tiempo estimado en llegar al final de su destino.
Una vez que nos bajamos del autobús no había pérdida puesto que nos dejó en una calle paralela a Notre Dame.
Como imaginábamos la plaza estaba llena de gente y para nuestra desgracia nuestra “Museum Pass” esta vez no haría el milagro de saltarnos la cola.
Así que nos tocó esperar una fila que aunque era grande iba a buen ritmo. No tardamos mucho en entrar en la catedral, pero aparte de su inmensidad tampoco por dentro me llamó mucho la atención (quizás porque es inevitable el compararla con otras catedrales que ya conocíamos de Roma y Florencia).

Una vez fuera a mano derecha se encuentran las escaleras que te llevan a subir y así poder ver de cerca no solo las vistas sino también sus famosas gárgolas y quimeras de cerca.
Aquí creo que es dónde más tiempo nos tiramos de espera. Hay que tener en cuenta que suben grupos de máximo 20 personas. Hay tres plantas y dejan subir según la gente del tercer tramo empieza a descender, entonces la del segundo tramo accede al tercer piso y los del primero al segundo, así es como proceden con lo que os podéis imaginar la cola que se forma. Después de más de dos tres horas esperando por fin nos tocó subir.
Para los que no estén animados os diré que merece mucho la pena y que aunque hay casi 400 escalones (creo que perdí la cuenta) son cómodos de subir y no te da sensación de agobio, además al hacer varias paradas se lleva muy bien.
En el primer piso lo único que hay es una tienda donde tienes que esperar como he dicho antes, y que los franceses aprovechan muy bien para si pueden sacarte dinero comprando algún recuerdo a precio de oro por supuesto.
En el segundo piso ya en el exterior se ve un paisaje alucinante de Paris y el Sena, así como de las gárgolas y quimeras que decoran la fachada de Notre Dame. No estoy seguro pero creo que en esta planta también está la mayor de las campanas del templo y que supuestamente solo suena por motivos especiales. Perdonar pero no recuerdo si era en esta planta o en la superior dónde se encontraba esta inmensa campana que de verdad impresiona.

En el tercer piso las vistas son espectaculares y la ver todas las gárgolas debajo de ti es algo digno de ver.

Una vez bajamos tocaba reponer fuerzas y optamos por perrito más coca cola que a la derecha de Notre Dame te ofrecen en unos cuantos sitios. Te da lo mismo el que elijas, el precio estándar y módico (8 eurazos solo).
Después de degustar nuestra comida (más bien aperitivo) y andando de frente se encuentra la Concergerie que actualmente en su mayoría está ocupado por organismos públicos, y administraciones, creo que también hay una comisaria en el edificio. Pero al margen de todo esto la entrada es casi obligatoria ya que dentro se haya la Santa Capilla.
La Santa Capilla tiene dos plantas, en la primera se puede observar una especie de capilla no muy grande y bastante tétrica a mi parecer. Pero en la segunda planta (ojo que las escaleras parece que estuvieran ocultas y hay que estar atento de por donde subir) se ven una vidrieras impresionantes y si tienes suerte de que de un rayo de sol el panorama puede dejarte con la boca abierta.

Una vez fuera de la Santa Capilla decidimos para dar por finalizada la jornada, pero antes echar un vistazo al edificio de la Concergerie y lo que se podía visitar.
En éste edificio han dejado como una especie de museo las celdas donde se encontraban los presos de la revolución francesa, el patio donde salían y las dependencias donde se firmaban las órdenes de penas capitales. En muchas de las celdas hay muñecos como de cera con ropas de la época y camastros y muebles que tenían las celdas, incluida la celda donde pasó sus últimas horas Maria Antonieta. Es algo curioso de ver pero prescindible totalmente como la Madeleine el edificio de la Concergerie me gustó más por fuera que por dentro, y si no se tiene el pase de la “Museum” no creo que merezca la pena pagar la entrada, pero siempre bajo mi modesto entender.
El día había dado bastante de sí y los casi 700 escalones (Arco del Triunfo + Notre Dame) ya pesaban así que decidimos coger un autobús pegado al Sena que nos llevara hasta cerca de nuestro hotel. Antes de subir a la habitación acudimos a un supermercado donde compramos fiambre, pan y bebida (el precio lógicamente más económico). En la habitación con todo lo que habíamos comprado nos sirvió de homenaje y aunque era pronto después de dar buena cuenta de las baguetes caímos rendidos……