Aterrizamos sobre la 13h en el aeropuerto internacional de Bangkok, justo al bajar del avión te dan el papel que debes entregar relleno al policía de inmigración. Allí te grapan el papelito al pasaporte y te ponen el sello. A nosotros todo muy rápido, supongo que si coinciden varios vuelos se puede formar algo de cola.
Al pasar la policía recogida de equipaje y salimos. Cambiamos 20€ en una de las muchas casas de cambio que te encuentras allí. Cambio unos 4 THB por debajo de lo que marcaba ese día. Nosotros optamos por la opción del tren, está todo muy bien indicado, hay que bajar un par de plantas y llegamos a la parada. Allí hay personal que te ayuda a sacar tu billete y te orienta para llegar a tu alojamiento.
Nosotros íbamos a la zona de Khao San Road así que tuvimos que ir hasta la última para del tren del aeropuerto y allí pillar un taxi. En una media hora estábamos en Phaya Thai, donde también se puede coger el BTS. Al bajar de la estación nos pusimos a parar taxis y todos nos negaban poner el taximetro. Coincidimos allí con una señora española que viajaba sola y una chica inglesa que también, así que con nosotros dos ya llenábamos un coche. Después de parar 6 taxis, aceptamos el precio que nos dio este último, 200THB. La verdad es que el tráfico estaba bastante espeso a esa hora y nos llevó bastante rato llegar, igualmente, fue la única vez que viajamos en taxi sin taximetro.
Nos alojamos en el Four Sons Village, en una calle tranquila que venía seguida de Rambutri. El sitio era bastante cutre, un edificio antiguo poco cuidado. La habitación pequeña, con bastante polvo. El aire acondicionado era muy antiguo y metía bastante ruido. La primera noche en ese punto entre dormido y despierto por un momento mi cabeza pensó que aún estaba en el avión, pero no, era el ruidoso aire acondicionado. 500THB la noche.

Después de dar una vuelta por la aún dormida Khao San Road y visitar el templo Wat Bowonniwet que queda cerca, cogimos un taxi (80THB ir, 60THB volver, con taxímetro) hasta China Town donde vimos el primer atardecer de nuestro viaje, entre ruidosas, sucias y desordenadas callejuelas que poco a poco se iban iluminando por enormes letreros.
