Nos levantamos con la banda sonora habitual y encontramos en Folkestone, en Sandgate Road un café que nos da un desayuno inglés con bacon, tostada, huevo, cebolla rebozada y salchicha por unas 4 libras. ¡¡Mucho mejor que el McDonalds!! Aunque eso sí, reino del colesterol a tope. A mi mujer que es cafetera le ponen su buen café con leche con sus tostadas y bollería correspondiente. La cafetería se llama “Le cafe Ganmac”. Abren a las 8:00 y cuando nosotros nos acercamos por allí hay algunos parroquianos con su periódico. Desayunamos a gusto y nos ponemos en marcha hacia el
castillo de Leeds. Está al sureste de la ciudad de Maidstone, a una media hora de camino más o menos. El cielo está gris y plomizo y hay mucha bruma en el mar. ¿Lloverá? Hacemos gala de nuestra conducción británica aunque yo voy más tenso que cuando tenía que conducir el año pasado por los arcenes griegos. Dejamos el coche en el parking y a esa hora, las 10:00 aproximadamente no hay ningún problema, hay cantidad de sitio. La entrada es muy cara, 24 libras adultos y 17 los jóvenes, algo que ya sabíamos. Queríamos al menos verlo por fuera y poder pasear siquiera por sus jardines pero el castillo no se ve porque se encuentra en una pequeña hondonada y un poco alejado de la entrada. No parece existir otro modo de acercarse más o eso nos dice en la entrada la gente que trabaja allí. No nos quedamos conformes y como ya estamos aquí queremos probar si al menos desde fuera lo podemos ver. Un paisano nos dice que sí hay modo de entrar al menos a los jardines. Por la parte derecha del edificio en el que se sacan los tickets según tú lo miras, hay un vallado. Esa valla continúa delimitando los terrenos del castillo y el resto del lugar. A su lado discurre un camino que va en dirección suroeste que es de tierra y arena, como una pista. Cuando la valla termina, a unos 250 metros, enseguida se encuentra un pequeño puente a la izquierda para vadear un arroyo. Se accede a una pequeña colina herbosa que hay que remontar durante unos metros. Eso es un camino público, un foothpath que está señalizado arriba con un poste de madera con un círculo amarillo. Desde ese punto en el que ya se ve uno de los lagos que están en el recinto del castillo se baja hacia él, se pasa una cancela de madera y ¡voilà! ya estás dentro.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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La verdad es que a pesar de la lluvia que ya quiere convertirse en algo más que una amenaza, el paisaje es bucólico. El típico tapiz verde británico muy bien cortado y cuidado, las láminas de agua perfectas, patos y cisnes nadando en esas aguas y la silueta del castillo que se recorta al fondo. Hay varios caminos embreados por los que pasan los trenecillos con turistas, algún autobús y demás. Nos hinchamos de sacar fotos y paseando nos vamos acercando al edificio para verlo desde más cerca. El caso es que vamos siguiendo el camino y de momento nadie nos ha pedido nada ni hemos visto ninguna barrera para entrar aunque suponemos que en algún momento ocurrirá. Atravesamos el puente que da acceso al castillo y continúamos por la derecha, bordeando el castillo. A la derecha tenemos el agua del estanque y a la izquierda el muro. Entre una cosa y otra llegamos a una puerta que tiene unas escaleras. Es el camino que utiliza la gente para entrar. Subimos a una sala en la que en una vitrina se da cuenta de los diferentes reyes que han ceñido la corona de Inglaterra. Hay otra puerta y al lado un hombre que no parece pedir nada a nadie cuando la atraviesas y eso sí, parece muy amable pues da conversación a todo el mundo que le pregunta algo. Nosotros nos dirigimos a la puerta, pasamos y siguen sin pedirnos nada, así que recorremos las salas del castillo, que son magníficas. El castillo ha sido propiedad de una acaudalada mujer norteamericana hasta hace poco así que lo que vemos son unas salas decoradas con un gusto exquisito pero más actuales de lo que se podría suponer. Hemos entrado y ha sido la salvación porque se ha decidido a llover…¡y de qué manera! Retumban los truenos sobre el castillo y nosotros podemos contemplar la lluvia a través de los cristales. El castillo merece la pena pero no sé si pensaría lo mismo después de pagar unos 35 euros por entrar. Como ha salido gratis todo es maravilloso. Nos lleva casi una hora y media recorrerlo si no algo más. Las salas, los dormitorios, la biblioteca, las cocinas, los comedores… la verdad es que todo es muy bonito y parece dispuesto como si allí mismo se estuviera viviendo. De hecho se suele utilizar para algunos eventos de importancia como reuniones de personalidades. Eso al menos entendimos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Visto el castillo ahora viene el dilema: ¿qué hacemos debajo de este diluvio? Teníamos pensado recorrer algún pueblito de la costa, ir hasta Ashford… Alguien de pronto dice la palabra mágica: ¿y si vamos a Londres? Total, estamos cerquita. La juventud para qué quiere oír otra cosa. Tenemos dudas porque entrar en Londres con coche y con la que está cayendo se nos antoja una pequeña locura. No teníamos previsto esto, pero….allí que vamos. Nos cuesta alrededor de hora y media meternos, eso sí, hasta el centro de Londres. Aparcamos en el parking de Westminster, en Great College Street. Para chulos nosotros. El precio es prohibitivo pero ya que estamos aquí, no nos movemos. Por cuatro horas nos cobrarán 36 euros así que intentamos aprovechar este tiempo. Salimos a la calle y…¡milagro! No llueve, pero nada, nada. Paseamos por los alrededores de la abadía, por las casas del Parlamento, el Big Ben, los jardines del Parlamento, saludamos a Churchill y compramos unos sándwiches y así dar un paseo por la ribera del río Támesis, por la derecha. Atravesamos el puente de Westminster, atestado de gente. Queremos ir hasta el Puente de Londres para poder ver bien al menos el puente de la Torre. El paseo lo hacemos a buen paso, lo cual es una pena pero hoy es así la cosa. A mí Londres me encanta, incluso para cuatro miserables horas. Es una ciudad impresionante, distinta a cada rato. Se combinan los edificios más modernos con los antiguos y no sé muy bien cómo pero la armonía es total.
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Seguimos encontrado cantidad de gente, una barbaridad. Llegamos al puente y sacamos las fotos de rigor. Antes hemos pasado por la Tate Gallery, el teatro Globe y el London Eye, que a los chicos les llama mucho la atención. Vemos muchas personas con traje tomándose unas cervezas después de que han terminado su jornada, cantidad de gente corriendo. Es la hora en la que la ciudad ha dejado de trabajar y pasa a relajarse un poco aunque todo el rato se ve a gente con prisa. Propongo regresar andando por la orilla contraria pero hay quien está ya muy cansado. Si se tienen buenas piernas y buen ánimo toda esa zona del centro de Londres se puede recorrer a pie. Evidentemente, si no se tiene costumbre, puede resultar cansado pero a mí siempre me ha parecido que moverse en metro en distancias relativamente cortas termina por cansarte igualmente porque hay que subir escaleras, cambiar a veces en estaciones, esperar en cada cambio en muchas ocasiones de pie. Decidimos entonces tomar el metro en Monument para regresar al Big Ben. Casi nos caemos de culo cuando vemos el precio del billete sencillo: 4,80 libras. Nos dicen que hagamos una tarjeta para que salga la mitad y así lo hacemos pero cuando nos hemos gastado ya 50 libras de las que se supone que te tienen que reembolsar luego lo no gastado, quien nos ha informado no lo ha hecho bien. Eso no se puede utilizar en el mismo día. Otra persona, trabajador del metro, encantador por cierto y todo amabilidad nos salva la situación, nos reembolsa el dinero y al final no nos queda otra que comprar el billete sencillo porque andamos apurados de tiempo. Habría sido mejor tomar un taxi. Éramos seis y en algunos taxis londinenses caben 6 personas, pero el tráfico es intenso y el tiempo apremia. Quizás habría sido la mejor opción pero ya es tarde.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Ha sido un poco estresante pero los jóvenes tienen una sonrisa de oreja a oreja porque han estado en Londres y no pensaban hacerlo. Además el dios de la lluvia se ha portado muy bien con nosotros. Nos ha respetado. A los coches de nuevo y aunque al principio nos cuesta un poco de trabajo salir de la ciudad porque hay obras y muchísimo tráfico, sin tardar mucho nos enfocamos camino de Folkestone, a cenar en un fish and chips de Sandgate Road. No cenamos mal, nuestro pescadito rebozado, nuestras patatas y nuestras cervezas. Ahora sí que sí, a la cama que mañana hay que volver al continente.