Nos dirigimos a Sibenik por la autopista (1 hora más o menos y peaje). La entrada a Sibenik desde luego no te hace ver lo que te vas a encontrar en su casco histórico pues este no se divisa hasta que no aparcas el coche y te diriges hacia él. Sibenik cuenta con la catedral de San Jaime o Santiago que ahora se encuentra en restauración y no se puede observar su altar por completo.
La majestuosa basílica de la que cabe destacar su batipsterio, la entrada con las figuras de Adán y Eva y las caras que rodean su cornisa está pegada al paseo marítimo y desde ella parten calles por las que podrás contemplar casas de estilo veneciano como el Palacio Foscolo.
Además podremos subir y ver los fuertes que se encuentran en la parte alta de la ciudad. La entrada al fuerte de San Jaime cuesta 35 kunas. Por cierto, en la catedral es uno de los pocos sitios donde nos han dado con la entrada un folleto informativo en español.
De vuelta a Zadar aprovechamos la caída del sol para ir a ver el atardecer al extremo de la zona portuaria donde se encuentra el monumento al sol y el organo del mar. De esto no te voy a decir nada para que lo descubras por ti mismo.
Decidimos recorrer las calles del centro y descubrir las maravillosas plazas de Zadar que integran el patrimonio histórico perfectamente con los modernos locales de ocio de la ciudad. Especialmente recomendables las plazas de la columna romana y de los pozos.
Hay una gran diversidad de cafés y terrazas para tomar copas con un diseño que para si quisieran muchas de aquí.
En Zadar, un poco tarde ya, la verdad, empezamos a coger el truco de aparcar cerca de los cascos antiguos de las ciudades en zonas que no son de pago. Desde aquí no hemos pagado parking en casi ningún sitio y hemos estado como a 5 minutos del centro en la mayoría de pueblos que hemos visitado.