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Del Parque Nacional Kruger a Ciudad del Cabo

Del Parque Nacional Kruger a Ciudad del Cabo ✏️ Diarios de Viajes de Sudáfrica Sudáfrica

11. Komatipoort-Suazilandia (Parque Nacional Hlane) En nuestro plan de viaje, tenemos previsto llegar hasta la costa del océano Índico, atravesando Suazilandia, un diminuto y peculiar país, matando tres pájaros de un tiro: evitar dar un rodeo...
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Sudáfrica: 5.000 km desde Johanesburgo a Ciudad del Cabo

Diario: Sudáfrica: 5.000 km desde Johanesburgo a Ciudad del Cabo

Puntos: 4.1 (9 Votos)  Etapas: 4  Localización: Sudáfrica Sudáfrica 👉 Ver Etapas

11. Komatipoort-Suazilandia (Parque Nacional Hlane)
En nuestro plan de viaje, tenemos previsto llegar hasta la costa del océano Índico, atravesando Suazilandia, un diminuto y peculiar país, matando tres pájaros de un tiro: evitar dar un rodeo importante, hacer noche en otro parque para continuar viendo animales, y por último, añadir un país más a nuestro pasaporte.
En poco más de dos horas estamos en la frontera, haciendo los trámites de salida de Sudáfrica, y entrada en Suazilandia, de forma sorprendentemente rápida.
Suazi, con se llama vulgarmente, es un pequeño estado soberano de poco más de un millón de habitantes, con una forma de gobierno monárquica absolutista, que además es hereditaria. Los partidos políticos no tienen (cuando están legalizados), ninguna fuerza. El rey tiene varias esposas, y vive rodeado de lujo, mientras la población posee una de las tasas más altas de infectados por sida, y una de las menores rentas per cápita del mundo. En fin, una verdadera pena.
Nada más entrar, veremos la diferencia con Sudáfrica, las carreteras están en peor estado, y las construcciones son bastante más humildes, incluso algunas son como las típicas chozas tribales. Por el contrario, los niños que vemos andando por la carretera camino del colegio, van uniformados y bastante limpios.
El GPS nos lleva por algunas carreteras secundarias llenas de baches, que atraviesan extensos campos de azúcar, donde huele al algodón con azúcar que se vende las ferias españolas, y en la que todos los trabajadores son negros (si cierras los ojos, te puedes trasladar sin problemas al siglo XVIII, en un estado sureño de EE.UU)
Vamos un poco perdidos, así que preguntamos a los ocupantes de un coche que hay parado en la carretera, por la entrada al parque. Estos nos guiaran a toda velocidad, (tememos que nos multen) hasta el mismo, al que llegamos en pocos kilómetros.
Son las 11 de la mañana, y la "recepcionista", se extraña de nuestra temprana presencia. Nos dirigimos al campamento, donde tenemos reservada una cabaña, aunque nos dicen que no la podemos ocupar hasta la una del medio día. Muy bien decimos, aprovecharemos para visitar el parque con el coche en busca de más animales (aunque conocemos de antemano que no podremos ver leones porque están en una parte reservada a las visitas guiadas).
Nuestro gozo en un pozo. Los caminos están en tan mal estado, y los animales son tan escasos, que, preferimos volver, a arriesgarnos a tener una avería en el coche, así que nos tomaremos el día de relax, leyendo, y presenciando, cerveza en ristre, unos cuantos rinocerontes e hipopótamos que perezosos, dormitan en una charca medio seca, que hay en medio del campamento. Durante esta jornada de descanso, conoceremos a un mozambiqueño, que reside la mitad del año en nuestro país, socio de una empresa española que vende casas prefabricadas en Mozambique.
Al mediodía tomamos posesión de la coqueta cabaña, que no dispone de luz eléctrica (el frigo funciona con gas), algo que le da autenticidad, si no fuera por el calor que hace, y con el que no contábamos cuando la reservamos por Internet.
Comemos muy bien en el restaurante, e intentamos echarnos la siesta, pero el sofocante calor nos lo impide. Conforme avanza el día, parece que refresca un poco, y me doy una vuelta por el campamento, donde hay bastante gente, incluso con tiendas de campaña. No acabo de entenderlo, porque es un secarral sin demasiado encanto. Se ven bastantes antílopes (gacelas, springboks y un espectacular nyala macho, que me mira amenazadoramente con sus cuernos afilados). A las 6 de la tarde, una empleada negra (como todos los trabajadores del parque), nos trae unos candiles de alcohol, que enciende para que podamos ver. Así, el campamento toma un aire fantasmagórico realmente encantador. Cenamos en la terraza algo de queso, y cerveza fría que compro en el restaurante, mientras anochece. A las 8 hay una actuación de danzas africanas (los integrantes del grupo, son los mismos empleados del bar y recepción), por lo que nos acercamos a verlas, linternas en ristre. Al terminar la interesante velada, Rosi se va a la cama y yo deambulo por el campamento, cerca de la valla para ver si descubro algún animal. No se ve nada en el exterior, aunque la noche estrellada invita a estar fuera. Al regresar a la cabaña, me encuentro con los ojos brillantes de los antílopes que vi por la tarde que, sobresaltados, salen corriendo, dándome un buen susto. A las 9,30 estamos intentando dormir, aunque el calor hará que pasemos una noche bastante mala.




12. Parque Nacional Hlane (Suazilandia)-Santa Lucía (Océano Índico).
He dormido de pena, pero tenemos un trayecto de 5 horas y nos levantamos al amanecer. Cruzamos rápidamente Suazi, y se acrecienta la sensación de pobreza que intuimos ayer, hasta que llegamos a la frontera con Sudáfrica. Antes de entrar aprovechamos para llenar el depósito, porque la gasolina es más barata en este país asolado por el sida.
A las 11 de la mañana, llegamos a Santa Lucía, una minúscula localidad llena de restaurantes, agencias de viajes, y tiendas para turistas, en pleno Parque del Humedal de Isimangaliso, la tercera área protegida más grande de Sudáfrica, con una gran variedad de ecosistemas y vida salvaje. Por el camino, compraremos por el equivalente a 2 € un saco de pequeñas piñas, a una señora que tiene un puesto al lado de la carretera, y, un poco más adelante, una escultura de una gallina de guinea, hecha en madera de eucalipto, a un señor que las talla allí mismo.
Nos alojamos en un amplio chalecito adosado, rodeado de un frondoso jardín, donde la dueña nos previene de la posible presencia de hipopótamos correteando por los jardines al anochecer, ante nuestra cara de incredulidad, porque como ya hemos dicho, pueden resultar peligrosos). Después de dejar el equipaje, vamos a hacer la compra al supermercado, y a enterarnos de los horarios de una excursión bastante clásica en la zona, que recorre el estuario en barco, viendo hipopótamos (la zona presenta la mayor concentración de estos animales, de toda el África austral) y cocodrilos. Hoy, debido al fuerte viento, no salen las embarcaciones, así que nos vamos a comer una bandeja de pescado, gambas, calamares y mejillones, con dos pintas de cerveza de barril, y al acabar, compramos un par de figuras de madera en un mercado local, antes de acercarnos al estuario a dar un paseo, y observar hipos y cocodrilos, bajo la inquietante presencia de un cartel avisando del peligro de estos prehistóricos animales.
Regresamos al chalet, para consultar Internet y preparar una cena ligera con un sauvignon blanc, un vino blanco bastante bueno, aunque demasiado afrutado para nuestro gusto.

13. Santa Lucía
Después de desayunar relajadamente, en la terracita de nuestro chalet, salimos para recorrer unos 35 km del parque, y llegar a Cape Vidal. Nos cobran el equivalente a 9 € por vehículo (es el único lugar donde no es válida la wild card que compramos en el Kruger), y conducimos despacio viendo algunos animales, pájaros, cebras, una manada de ñus y otra de búfalos, y muchos antílopes, hasta que divisamos el raro rinoceronte negro, En realidad, tanto el rinoceronte blanco como el negro son grises. Lo que les diferencia no es el color, sino la forma del labio. El rinoceronte negro tiene el labio superior en punta, mientras que el de su pariente blanco es cuadrado. Esta diferencia se debe a sus correspondientes dietas. Mientras los rinocerontes negros obtienen la mayor parte de su sustento de árboles y arbustos, usando para ello los labios, para arrancar hojas y frutos de las ramas, los rinocerontes blancos pastan hierba, caminando con sus enormes cabezas y labios cuadrados a ras de suelo. Otra diferencia es que los negros son más solitarios, y más pequeños que los blancos.
Paramos en una zona de picnic, y alcanzamos un par de miradores desde donde tenemos una bonita panorámica de toda la zona, entre la sabana, y el mar. Desde uno de ellos, Rosi, con su vista de águila, y la ayuda de unos prismáticos, divisa una ballena saltarina, en medio de las olas.
Cape Vidal es una playa rodeada de vegetación, en la que hay bastante gente, toda ella blanca. Me doy un baño en las cálidas aguas del Índico, a pesar de los carteles avisando de la posibilidad de tiburones, y de que si te metes, lo haces bajo tu exclusiva responsabilidad.
A las 12 de la mañana estamos de regreso en Sta. Lucía, con la intención de contratar la excursión por el estuario, pero todas las embarcaciones están llenas, así que nos acercamos a la playa a dar un paseo, y el resto del día nos lo tomaremos de relax en el hotel, descansando y mirando Internet.
Por la tarde-noche nos prepararemos una cena con solomillo de ternera, ensalada de tomate y piña, y patatas cocidas, acompañada de un vino tinto de la uva pinotage, la variedad más emblemática de los vinos sudafricanos, mezcla de la Pinot Noir y la Cinsaut (también llamada Hermitage), de ahí el acrónimo de " Pino-Tage", que disfrutaremos en la terraza, con la vana esperanza (en mi caso) de ver algún hipopótamo por los alrededores.

14. Hluhluwe-Imfolozi Park (Mpila Camp)
El plan de viaje, incluye una noche en otro parque, el Hluhluwe-Imfolozi Park, a pocos kilómetros de Santa Lucía. No es tan grande como el Kruger, pero he leído cosas interesantes sobre él. Tiene dos zonas, y nosotros nos dirigimos al campamento Mpila, de la parte de Hluhluwe. Nada más entrar vemos una manada de perros salvajes, trepando por la ladera, animal que no habíamos visto hasta ahora. Seguimos recorriendo el parque hasta llegar al campamento, que tiene una particularidad importante: solo está protegido contra los elefantes. El resto de fauna salvaje puede penetrar sin problemas (¿a qué resulta emocionante?). Como no podemos entrar todavía en la cabaña, seguimos recorriéndolo viendo animales, sobre todo rinocerontes blancos y negros, con enormes cornamentas, y varias manadas de elefantes.
Descubrimos también a un grupo de leonas dormitar debajo de un árbol. Una de ellas se levanta, y se sube a un árbol cercano (los leones no son tan ágiles como los leopardos o guepardos, pero pueden subir a los árboles). Posteriormente bajará, para tumbarse de nuevo en el suelo. Nos falta ver un leopardo para completar los 5 grandes, pero, a pesar de que lo intentamos, no somos capaces de verlo. Lástima.
A las 4 de la tarde llegamos a nuestro alojamiento, una coqueta cabaña con vistas al valle, muy cerca de la valla "anti-elefantes". Voy a la tienda del campamento (no hay restaurante), y compro cervezas, queso, y tomates baby. Con eso, unas patatas, y un par de salsas, nos haremos la cena, que disfrutaremos en la terraza mientras va atardeciendo, observando a un grupo de antílopes trepar por la montaña.
Una vez anochecido, dos hienas aparecen cerca de la cabaña, buscando comida. Salgo a dar una vuelta con el frontal, para ver si las veo, y me encuentro con gacelas, nyalas y kudus, que corretean al verme. La noche es estrellada, y de fondo, se oyen rugidos de un león. Me resisto a irme a dormir, pero me estoy cayendo de sueño.

15. Hluhluwe-Imfolozi Park-Durban
Tres horas tardamos en llegar a esta importante ciudad sudafricana, al borde del océano. El GPS nos lleva sin problemas al Durban Manor Hotel, un histórico edificio del S. XIX situado en pleno centro urbano, a pesar del imponente nudo de autopistas que tenemos que sortear, y una manifestación en las cercanías.
Dejamos el equipaje en recepción, y nos lanzamos a "patear" una auténtica ciudad africana (hasta ahora habíamos estado en plena naturaleza o en pequeños pueblos). Se ven pocos blancos, y parece muy animada. Vamos primero a la oficina de turismo, donde no son demasiado amables con nosotros, y nos acercamos paseando al Victoria Market, en el barrio indio, donde hacemos algunas compras de artesanía.
En una tienda nos advierten del peligro del barrio, sobre todo por la noche, y salimos de allí para ir a la zona del puerto, el llamado Shark Waldorf, mucho más turístico, donde aprovechamos para comer pescado y gambas con vistas al mar. Por el camino, otra señora nos dice que tengamos cuidado, y comenzamos a preocuparnos. Más tarde descubriré en Internet, que Durban es la 38 ciudad más peligrosa del mundo, en relación asesinatos por habitante, lo que resulta bastante elocuente..
Regresamos al hotel para instalarnos en una magnífica habitación con vistas al puerto (35 €). Nos damos una ducha, y paseamos hasta el CAB, un centro artístico y cultural que tiene bastante fama, pero lo están remodelando, y está cerrado. Volvemos a las inmediaciones del hotel, porque la ciudad no tiene demasiado que ver y, antes de que anochezca, compramos unas ensaladas, fruta y yogurt para cenar en la habitación. Mañana nos espera un día duro

16. Durban-East London
Hoy tenemos por delante la etapa más difícil de nuestro viaje. Son casi 700 km que pretendemos hacer en unas 9 horas, por lo que salimos del hotel a las 5,30, con las primeras luces. Los primeros 150 km son por autopista, y los hacemos bastante rápido, pero después se convertirá en una carretera normal, con buen asfalto, pero con bastante tráfico y frecuentes obras. Atravesamos multitud de ciudades, con importantes atascos en algunos casos, e incluso nos para la policía en un gigantesco control. Menos mal que llevamos todos los papeles en regla, y nos dejan seguir sin problemas, mientras pensaba en cuanta "mordida" ofrecer.
Recorremos la llamada Wild Coast, pero vemos poco el mar, porque la carretera circula por el interior. El paisaje es precioso, con mezcla de bosques de pinos y eucaliptos, zonas de élite con urbanizaciones de lujo, y como contraste, poblados de chabolas, donde malvive la gente, que ni siquiera tiene agua corriente, y donde las letrinas están en el exterior.
Durante el trayecto hacemos varias paradas para echar gasolina, ir al aseo, comer algo.... y sobre las 15,30 h de la tarde, llegamos a Santa Paloma Farm, una idílica granja, rodeada por bosques, en la que pastan cebras, caballos, vacas, ñus y otros animales, aunque el camino de acceso se encuentra en lamentable estado.
La habitación, es modesta pero está muy limpia y disfrutaremos durante toda la tarde de la terraza exterior, con unas cervezas, mirando Internet. Por la noche, se hará una cena comunal, a la que nos apuntamos, y en la que coincidiremos con una familia de suizos, a los que conseguimos entender mucho más fácil que a los propietarios sudafricanos, lo cual eleva un poco nuestra moral en relación a nuestro nivel de inglés.
El coste total del alojamiento, la cena con vino y cuatro cervezas que tomamos por la tarde es de 650 rands, unos 45 €. Baratísimo

17. East London-Addo
Después de recuperarnos perfectamente del palizón de ayer, nos dirigimos al Addo Elephant Park, famoso sobre todo por sus elefantes, y donde estaremos dos días, aunque en este caso, alojándonos en el exterior, que resulta mucho más barato. Tardamos casi 4 horas en llegar a una de las dos entradas del parque y, después de tomarnos un café en el restaurante, iniciamos nuestro recorrido, mapa gratuito en ristre. Lo que más nos sorprende es que, a pesar de su nombre, vemos muy pocos elefantes, siendo lo más interesante descubrir un chacal, que nos mira, desafiante, desde la distancia. Estamos un poco decepcionados, porque después del Kruger, es difícil mejorar la experiencia, así que salimos por la puerta sur, en dirección a Avoca River Cabins, una especie de casa rural de grandes dimensiones, rodeada por naranjos y limoneros (parece la huerta alicantina) y atravesada por un tranquilo río, en el que se puede navegar en canoa.
Una sudafricana nos dirige con su coche, hasta la entrada del establecimiento y, al llegar, Brian, un simpático recepcionista, nos explica en un inglés bastante comprensible, todo lo que debemos saber, antes de dirigirnos a nuestra confortable y amplia habitación, con chimenea incluida, y que da a una preciosa cocina comunitaria, que esa noche tenemos que compartir con otros clientes, en especial con un grupo de maduras sudafricanas que están celebrando un encuentro después de años sin verse.
Vamos caminando, respirando aire puro, a la zona de recepción y la piscina, para utilizar la wifi y tomarnos unas cervezas, mientras veo un poco el Gales-Australia de rugby en una pantalla gigante.
Cuando termina la primera parte, me voy a la habitación, donde descansa Rosi, y prepararemos en la cocina una cena con los restos de provisiones que nos quedan, ya que el restaurante del hotel está cerrado, y el más próximo se encuentra a unos 15 km.
Las amigas sudafricanas están preparando una buena juerga, con música y barbacoa incluida, y una generosa cantidad de bebidas alcohólicas. A las 11 de la noche tengo que llamar a Brian por teléfono (usamos para ello una tarjeta libre que compramos en Durban), para que les dé un toque de la atención, cosa que hará inmediatamente, porque de repente cesaron los ruidos.

18. Addo Elephant Park
Como he comentado, el día anterior habíamos quedado bastante decepcionados con la visita al parque, e incluso barajamos la posibilidad de hacer solo una noche aquí, pero al final decidimos darle otra oportunidad, y bien que la aprovechamos.
Después de desayunar tranquilamente, llegamos a la puerta en menos de media hora, y nada más entrar, veremos a dos hienas subir por la ladera, y cruzar la carretera justo por detrás de nuestro coche. Empezamos bien, nos decimos. Una hora después divisaremos trotando alegremente por la sabana, al que suponemos el mismo chachal que vimos ayer, ya que nos encontramos en la misma zona.
Observamos multitud de antílopes, avestruces, algún elefante en la lejanía (donde estarán los demás, nos preguntamos), hasta que detenemos el coche junto a un 4X4 del parque, cuyos ocupantes están mirando atentamente en dirección a unos arbustos.
Al principio no vemos nada, pero el guía nos indica en voz baja, "lions, lions". No nos lo podemos creer, porque ayer nos dijeron que sólo había unos 10 leones en el parque. En efecto, tumbados debajo de una acacia, podemos observar a una leona y un león macho. De repente, un pequeño fagocero (el pumba del Rey León) aparece en la escena, y se coloca a unos metros de la pareja de felinos, mirándolos desafiante. Está loco pensamos, se lo van a zampar en unos segundos, pero los leones debían tener poca hambre, porque ni se inmutaron, y siguieron en la misma posición.
A los pocos minutos, la pareja comienza a andar, terminando desapareciendo de nuestra vista. El guía conduce su vehículo ladera abajo intentando no perderlos de vista, y nosotros seguimos detrás de él dando la vuelta a un pequeño montículo, pero nos llevamos una buena decepción, porque los leones debieron de quedarse debajo de otro árbol, y no los volvimos a ver.
Seguimos circulando hasta la parte sur, cerca del mar, desde donde se obtiene una visión preciosa del Índico y de grandes dunas blanquecinas, que contratan con el azul del océano. De regreso, al salir de una curva, nos encontramos con varios coches aparcados, con decenas de cámaras saliendo por las ventanas, y no es para menos; a unos 150 metros, aparecen ante nuestra vista 3 hermosos ejemplares de lo que creemos leopardos. En rarísimo. Primero, que haya 3 leopardos adultos juntos, y segundo que se vean tan bien, a plena luz del día. Una vez en España, al ver las fotos, nos daremos cuenta de que en realidad eran guepardos, que son animales más sociales y con costumbres diurnas, al contrario que el solitario y nocturno leopardo. Es impresionante verlos caminar, con esos cuerpos estilizados que parecen siempre en tensión. Al fondo, vemos un avestruz, y rezamos porque fueran a por él, pero permanecen tranquilos sesteando entre los arbustos. Nos deleitamos con su visión, mientras que nos comemos unas galletas y unas patatas fritas. Hemos tenido mucha suerte y estamos contentos. Seguimos nuestro recorrido, y, por fin, comenzamos a ver bastantes elefantes en los alrededores hasta que, después de un cambio de rasante, nos encontramos con una manada que circula por la carretera, justo por nuestro lado. Después de frenar en seco, con el susto en el cuerpo, nos situamos a la derecha, y esperamos casi sin respirar a que pasen todos, alguno de los cuales casi roza nuestro frágil Toyota. Pienso que si uno de estos animales echa el pie sobre la chapa, la arrugaría como una lata de cerveza.
Sobre las 14,30 llegamos al restaurante del parque, y nos damos un homenaje, dando gracias a nuestro particular "ángel de la guarda" por habernos permitido disfrutar de esta grandiosa experiencia. Nos tomaremos un jugoso rump steak de 300 gramos para mí y un tierno chateubriand para Rosi, acompañados de dos pintas de cerveza, y media botella de vino (total 50 €). Delicioso
Al terminar de comer, iniciamos el regreso al Avoca River Cabins, donde disfrutaremos el resto de la tarde, de la fantástica terraza (ese día no hay más clientes), y de los bucólicos alrededores.
Terminaremos el día bebiendo una botella de merlot que hemos comprado en el parque.

19. Addo-Parque Nacional Tsitsikamma
Nuestro fascinante viaje continúa. Hoy alcanzaremos de nuevo el Índico, en concreto el precioso Parque Nacional Tsitsikamma, al que llegaremos a través de la N2. Este tramo de carretera nos sorprende con grandes prados donde pacen vacas y caballos, y bosques de coníferas y eucaliptos que en algunos momentos nos transportan a la España norteña.
Pocos kilómetros después de cruzar el puente del río Storm se encuentra la entrada para acceder al Parque Nacional. En lengua khoisan, Tsitsikamma significa “lugar de mucha agua” y supongo que el nombre es debido a sus abundantes y frecuentes lluvias a lo largo de casi todo el año. El parque incorpora 80 km de costa rocosa de agrestes paisajes, y altos acantilados sobre el Océano, rodeados de verdes bosques y montañas alfombradas de fynbos, la formación vegetal más extendida de toda esta región, formada por diversos tipos de matorral.
Después de cumplimentar los trámites de entrada (bendita wild card), llegamos al borde del mar, donde aparcaremos el coche para iniciar un precioso recorrido hasta una cascada cercana, siempre bordeando el océano. Aunque plano, no es nada fácil porque transcurre casi íntegramente a través de rocas, y hay que ir con cuidado. En total tardaremos 3,30 horas. Al regresar, haremos otra breve excursión, hasta un maravilloso puente colgante sobre el río Storm, situado justo en su desembocadura en el océano.
De vuelta, comeremos en el restaurante al aire libre, deleitándonos con la vistas de las olas chocando contra las rocas, antes de encaminarnos al Serenity Retreat, un hotelito situado en el pequeño poblado de Storms River Village, que parece sacado de una película del oeste americano, con dos calles en las que se encuentran un par de restaurantes, un pub y una tienda, en este caso regentada por un chino (están en todas partes nos decimos, jejeje), y donde nos alojaremos en una pequeña cabaña circular, al estilo zulú, francamente confortable. Comienza a llover, y aprovechamos para hacernos una sopa calentita, y una ensalada (tenemos poca hambre, porque además de tarde, hemos comido de fábula), antes de irnos a dormir.

20. Parque Nacional Tsitsikamma-Wilderness
Uno de los grandes atractivos de Sudáfrica es su gran diversidad de ecosistemas, y por tanto, de paisajes, de fauna y flora, y la llamada Garden Route, que hoy vamos a iniciar, es un perfecto ejemplo de ello
Después de desayunar al estilo español (tostadas con tomate rallado y aceite, y café con leche), iniciamos un recorrido costeros, que pasa por ser uno de los más bellos del mundo, con multitud de acantilados y miradores que permiten una visión única del océano, rodeados por montañas tapizadas de coníferas. En el encontraremos una amplia densidad de casas de vacaciones, y urbanizaciones de lujo, todas ellas ocupadas por blancos. La primera parada la hacemos en Natures Valley, un idílico lugar plagado de "casoplones" de alto standing, mantenidos por gente de color, que rodean una inmensa playa donde el mar bate con furia. Son las 8 de la mañana y no hay nadie, así que disfrutamos como enanos de esta naturaleza salvaje.
Seguimos ruta, y en otro lugar "para ricos" Pletteberg Bay, hacemos una parada para intentar ver alguna ballena desde un mirador cercano, aunque no lo logramos. Aprovechamos para hacer una compra en el Spar, nuestro supermercado de cabecera. Después nos dirigimos a la cercana y muy recomendable Roberg Nature Reserve, una espectacular península que penetra en el Índico, en el que diversos recorridos te permiten acercarte a playas salvajes y solitarias, ver miles de focas descansando sobre las rocas, avistar ballenas, atravesar dunas milenarias, en fin, una maravilla. Hago uno de los recorridos, mientras Rosi, un poco dolorida en su maltrecha rodilla, después de la excursión a la cascada de ayer, me espera sentada en un mirador, leyendo tranquilamente. Cuando regreso, dos horas después, nos tomamos unas cervezas que llevamos en la nevera, junto a una bolsa de doritos, contemplando la inmensidad del océano. No creo que haya mejor lugar para tomar una birra.
Seguimos nuestro recorrido, hasta llegar a la turística ciudad de Knysna. A la entrada nos recibe un enorme township (poblado de chabolas) que contrasta lamentablemente con las mansiones y los yates que veremos más tarde en la zona costera. Damos un paseo por el Waterfront, un centro comercial lleno de tiendas y restaurantes al lado del puerto, donde veo que las ostras son baratísimas (menos de 0,50 € cada una). Qué pena el que me sienten tan mal, aunque me dan ganas de arriesgarme.
Desde aquí nos acercamos a los Heads, uno más de los espectaculares miradores que hay en toda la zona, donde nos deleitamos con las vistas de Knysna y alrededores.
Es medio día, así que nos dirigimos a Wilderness, que más que una ciudad, es un conjunto de urbanizaciones y casas de lujo, con vistas al océano. Allí, en el hotel Wilderness Beach Resort, tenemos reservada una habitación al increíble precio de 17 €. Gracias al GPS, conseguimos llegar al lugar, que no tiene nombre por ninguna parte, y en el que se encuentran unos obreros trabajando. Nos percatamos de que no nos esperan, pero bueno, le damos al encargado (que resultará ser chef), el papel de la reserva, e inmediatamente nos dice que el precio es un error. Nosotros no nos inmutamos y le decimos que no es nuestro problema. Hace un par de llamadas por teléfono, y al final aceptará resignadamente que paguemos lo estipulado en la reserva.
El hotel consta de dos modernos edificios, unidos por una escalera, y nos llevan a una preciosa habitación, moderna y funcional, con tonos blancos y una pequeña cocina, que da a una enorme terraza colgada sobre los acantilados. Cuando la vimos, nos quedamos petrificados por las vistas. Decidimos quedarnos allí toda la tarde, disfrutando, en soledad, de nuestro increíble alojamiento,
Al final, después de la tensión generada cuando llegamos, haré buenas migas con el chef, al que ilustro sobre la importancia de los cocineros y restaurantes españoles, cosa que él desconocía (vaya chef me digo). Se queda asombrado con el precio de un menú degustación en el Quique Dacosta alicantino (al cambio, unos 3.500 rands por persona, más bebida).
Cuando se han ido los obreros, asisto a un soberbio atardecer en solitario, a través del inmenso ventanal de saloncito, tumbado en un cómodo sofá, intentando infructuosamente descubrir alguna ballena en el horizonte
El restaurante está cerrado, así que nos haremos unos sándwiches y una ensalada, acompañados de una botella de vino de la variedad syrah.
Comienza a llover, y a las 8 nos acostamos, para leer un poco antes de caer rendidos, en los "brazos" del mullido edredón.


21. Wilderness-Swellendam
Hoy nos levantamos un poco más tarde, y "perreamos" un poco más de lo habitual, porque nos da pena dejar el hotel, y porque tenemos todo el día para hacer 300 km, para llegar a la pequeña localidad de Swellendam. En el camino, haremos una larga parada en la localidad de Mossel Bay, donde visitaremos el interesantísimo Bartolomeu Días Museum, que lleva el nombre del primer navegante europeo que dobló, a principios de 1488, el extremo sur de África, llegando al océano Índico desde el Atlántico, uno de los eventos más importantes en la historia de la navegación a vela. Su viaje, continuado por Vasco de Gama una década más tarde (1497-1499), contribuyó al descubrimiento de la ruta marítima a la India. Lo más interesante es una réplica exacta de la nave en la que viajaban los descubridores, y un pequeño museo, con mapas y documentos (muchos de ellos auténticos), sobre los logros conseguidos por los navegantes portugueses y de otras naciones.
Nos alejamos poco a poco de la costa, y sobre la una del medio día, llegamos a Swllendam, donde nos alojaremos en el recomendable Flametree GH. La habitación es muy confortable, y los propietarios se desviven porque todo esté a nuestro gusto.
Comemos extraordinariamente bien en un restaurante cercano, donde pruebo uno de los platos nacionales, el bobotie, una especie de pastel carne picada de cordero o ternera, muy especiada, sobre todo con curry, y cubierta por huevo. Está bueno, aunque al final se me hace un poco pesado. Rosi no "arriesga" y se "mete" un solomillo demasiado hecho para mi gusto. Acompañamos la carne con una botella de Merlot.
Al terminar, damos un paseo por este pueblo extraordinariamente limpio, con casas bajas, un campo de rugby, un centro comercial y varios restaurantes y pubs, que podría estar perfectamente en cualquier lugar de Gran Bretaña o Estados Unidos.
Está lloviendo, así que no nos demoramos mucho en volver a la guest house, y a las 7 de la noche, ya estamos en la habitación, en la que nos haremos uno café con pastas, a modo de frugal cena, antes de irnos a dormir.

22. Swellendam- Gaansbaii
De nuevo volvemos a la zona costera, y nos dirigimos inicialmente al Parque Nacional De Hoop. El GPS nos lleva por pistas de tierra embarrada (anoche llovió bastante), y atravesamos enormes extensiones de tierra, pobladas de granjas, en las que pastan desde vacas y corderos, a avestruces y caballos. Parece que estamos cruzando el estado de Arkansas u Oklahoma en EE.UU. No se ve un alma y no hay apenas indicaciones, así que vamos un poco tensos, ante la posibilidad de atascarnos en el barro. Después de un par de horas llegamos al Parque, donde veremos cebras, antílopes, pero no ballenas, que era nuestro objetivo. El camino por dentro es horroroso, y lamentamos habernos acercado hasta aquí. Realmente no merece la pena.
Después de esta pequeña decepción, nos dirigimos al Cabo de Agulhas, el verdadero extremo sur del continente africano (y no el mundialmente famoso Cabo de Buena Esperanza). Allí, se encuentra el punto imaginario, en el que se unen el océano Atlántico, con el océano Índico. Nos hacemos las fotos de rigor, y subo a lo alto del faro, construido en 1849. Comemos unos bocatas frente al mar, y continuamos ruta hasta llegar a la localidad de Gaansbaii donde encontraremos a Johanes, el propietario del Villa Ocean G.H. un verdadero caballero que me ayudará a conseguir sitio en un bote para sumergirme junto a los tiburones blancos, y acompañará a Rosi durante la mañana siguiente mientras yo realizo esta actividad.
Después de instalarnos, nos acercamos dando un paseo hasta una playa cercana, desde donde divisaremos varias ballenas, mientras el sol se va ocultando poco a poco.
De regreso a la habitación, y tras la ducha, nos marchamos a cenar a un sitio recomendado por Johanes, pero no nos acordamos del nombre (que cabeza tenemos), así que vamos al primer restaurante en el que encontramos gente, donde cenaremos muy bien a base de pescado y mejillones, aunque el servicio es extremadamente lento. Dado lo que tardaron en servirnos, nos dio tiempo a bebernos dos cervezas grandes, y una botella de vino blanco de la uva chenin blanc, por lo que salimos un poco achispados. En el pueblo no hay nadie en las calles, y de nuevo nos recuerda a un pueblo americano, tantas veces visto en las películas. Menos mal que estamos cerca, y que nos acordamos de como volver, aunque antes debemos pasar por delante de la comisaría policía, en cuyo exterior hay varios coches oficiales aparcados, lo cual nos causa un buen sobresalto.

23. Gaansbaii-Hermanus-Bettys Bay.
Me han citado en el puerto, para ir a hacer la actividad de los tiburones blancos. y allí estoy a las 6,30. Pago el caro pasaje (unos 95 €), y después de un desayuno bufet bastante contundente, subo junto a unas 30 personas más en el barco. En 20 minutos hemos llegado al lugar donde se va a realizar la actividad. Bajan una jaula metálica que colocan pegada a un lado del barco, y comienzan a echar restos de pescado, mientras nos facilitan el neopreno y unas gafas de snorkel. Un buen rato después, aparece el primer tiburón blanco, que me decepciona un poco, porque no es demasiado grande. Piden voluntarios para introducirse en la jaula en el primer turno, y yo soy uno de ellos (error, porque los que se introdujeron después estuvieron más tiempo, y vieron más tiburones). El agua está bastante fría (que diferencia con el Índico), y nos colocamos en la jaula, con la cabeza fuera del agua. Cuando aparecía un tiburón, te decían "down, down" abajo, abajo para que metieras la cabeza y lo pudieras ver de cerca. Así, durante unos 20 minutos en los que pude disfrutar de la visión de varios tiburones asomando el morro por los barrotes. En cualquier caso, resultó menos excitante de lo que pensaba, y en ningún momento sentí el subidón de adrenalina que esperaba.
Al salir, nos proporcionan toallas, zumos, snacks, y esperamos hasta que todos los turistas se metan en la jaula, tras lo que volvemos a puerto.
Regreso al Villa Ocean, donde me espera Rosi. Me doy una ducha, y nos vamos después de despedirnos afablemente de Johanes, que acompañó a Rosi durante toda la mañana, e incluso la invitó a desayunar. Gracias amigo.
Desde allí, nos dirigimos a Hermanus, un pueblo bastante "pijo" famoso por el avistamiento de ballenas en su espléndida bahía. Es sábado y hay mucha gente, y podemos observar al menos 10 ballenas que juguetean en el agua. Después de unas horas, seguimos nuestro camino dirección Bettys Bay, donde tenemos reservado el alojamiento para esa noche. Antes de ir a él, llevamos el coche a un lavadero, donde nos lo dejan impoluto, y vamos a una zona de pingüinos enanos, a la que no podemos acceder, por llegar 1 minuto tarde, según el vigilante. Al menos podemos verlos desde fuera.
Nuestra habitación tiene una pequeña terraza desde la que se ve el mar, y su joven propietaria, se muestra muy interesada en conversar con nosotros, sobre lo humano y lo divino, lo que resultará un pequeño problema porque no la entendemos todo lo bien que deseáramos.

24. Bettys Bay-Ciudad del Cabo.
Hoy llegamos a Ciudad del Cabo, nuestro destino final. Antes visitaremos la colonia de pingüinos enanos de Boulder Beach, atravesaremos preciosos pueblos costeros, con pequeñas playas donde todavía se utilizan casetas de madera pintadas con vivos colores, para cambiarse, y veremos bastantes señales que previenen sobre los tiburones blancos.
El plato fuerte del día será la visita al Table Mountain National Park, donde se encuentran dos cabos famosos, el Cape Point, en cuya cima hay un viejo faro y desde el cual se ven unas vistas maravillosas, y el famoso Cabo de Buena Esperanza, inicialmente llamado por Bartolomeu Días, Cabo de las Tormentas, lo que indica la peligrosidad de la zona, en la que se han producido muchos naufragios a lo largo del tiempo. Los portugueses, descubrieron que pasando este cabo, uno de los extremos más meridionales del continente africano, se podía seguir navegando hacia el este, hacia la India. Durante muchos años, los navegantes temieron no encontrar una posible ruta marítima que llegara hasta dicho lugar, por lo que denominaron a este cabo de Buena Esperanza.
Nos quedan pocos kilómetros para llegar a Ciudad del Cabo, lo que haremos a través de la espectacular Chapman's Peak Drive, una estrecha carretera colgada sobre el océano. A pesar de nuestro temor a entrar en una gran ciudad, el GPS nos lleva sin problemas al recomendable hotel On St.Georges, situado en pleno centro. Allí dejaremos el coche en el garaje, y nos acomodaremos en una fantástica habitación, con vistas a la famosa Table Mountain que visitaremos mañana.
Veo la segunda parte del Sudáfrica-Gales (ganaron los springboks con dificultad), antes de salir a cenar a un restaurante cercano. Son las 7 de la tarde, y no hay un alma en la calle. Nos da un poco de "yu-yu", y recuerdo que Ciudad del Cabo es la 14 ciudad más peligrosa del mundo, "detalle" que "olvido" comentar a Rosi. Teniendo en cuenta todo ello, nos metemos en el primer restaurante en el que vemos a blancos sentados. Después de cenar, compramos galletas y yogures en una tienda cercana, para tomarnos el postre, y regresamos al hotel caminando con rapidez.

25. Ciudad del Cabo
Tras un opíparo desayuno tipo bufet, devolvemos el coche que, milagrosamente no tiene rasguño alguno, después de más de 5.000 kilómetros por todo tipo de carreteras y pistas de tierra, y decidimos coger el Red Bus, un autobús turístico que recorre toda la península del cabo, con diferentes rutas. Es muy barato (unos 12 € por persona), y te permite subir y bajar en cualquier parada. Francamente recomendable
Nuestra primera visita será la famosísima Table Mountain, considerada una de las 7 maravillas naturales del mundo, según un polémico concurso internacional que se realizó hace años, y que no creo que refleje fehacientemente la realidad. Desde luego en el listado aparecen sitios maravillosos como la Bahía de Halong en Vietnam, o las cataratas de Iguazú, pero se obvian otros muchos igual, o más increíbles.
Como su nombre indica, es una montaña con forma de mesa y forma parte del Table Mountain National Park, parte del cual visitamos ayer, junto a las cercanas Lion`s Head (montaña de león) y los llamados 12 apóstoles, una serie de picos a lo largo del litoral atlántico. Para llegar a ella, se utiliza un moderno teleférico que va girando durante el ascenso y el descenso, de manera que todos los visitantes puedan tener una vista panorámica de la ciudad, y de los alrededores, aunque también se puede subir andando, en un recorrido de unas 3 horas. Una vez en la cima, la libertad es total para caminar u observar el hermoso paisaje. Existen algunos caminos señalizados sobre la base plana de la montaña que permiten una visión de toda la zona. Desde luego, las vistas son impresionantes, y paseamos unas 2 horas por los alrededores llenos de gente.
De regreso, cogemos de nuevo el Red Bus, que recorrerá la franja costera cercana a la ciudad, con múltiples playas llenas de gente, que aprovecha el buen tiempo (aunque no se baña nadie), y exclusivas y lujosas mansiones.
Hacemos otra parada en el Waterfront (la zona del Puerto), donde tomaremos unas cervezas y unos bocatas, conversando con un grupo de españoles que están trabajando en la ciudad.
Desde aquí cogeremos otra ruta del Red Bus, la llamada del vino, que nos llevará a visitar un par de bodegas donde poder degustar el afamado vino sudafricano, aunque ya lo hemos probado con profusión durante el viaje, jejeje.
La primera parada se hace en Groot Constantia, el primer gran viñedo de Sudáfrica. En 1652 llegaron los holandeses al Cabo de Buena Esperanza y siete años más tarde ya estaban produciendo vino, porque pensaban que prevenía el escorbuto que atacaba a los marineros de la Compañía de las Indias Orientales. En 1685, el gobernador de la Colonia, Simon van der Stel, fundó el gran viñedo de Constantia (con la ayuda de esclavos negros, claro), La propiedad mayor, Groot Constantia, es una finca encantadora con edificios de estilo holandés de los siglos XVII y XVIII, y una vista espléndida de la Table Mountain y su rara vegetación. En la sala de degustación, puedes probar cinco de sus 18 distintos vinos, por 40 rands, unos 3 €. El lugar está bastante lleno de turistas blancos, con la excepción de dos personas de color.
Son las 4 de la tarde, y nuestra intención es la de hacer otra ruta por la ciudad, en el mismo Red Bus, pero la grabación en castellano del autobús turístico, avisa de la posibilidad de visitar otra bodega, y después de mirar a Rosi, que me "remite" una sonrisa de complicidad, decidimos bajarnos en la Eagle`s Nest wines, que data de 1836. Llegamos casi a la hora del cierre de la degustación, pero nos servirán 4 vinos (en este caso elegidos por ellos), en el maravilloso jardín de la bodega, rodeados por árboles, y oyendo el discurrir del agua de un pequeño riachuelo.
La vuelta a Ciudad del Cabo la haremos bordeando la costa, observando el atardecer, en un autobús abarrotado de turistas perjudicados por el elixir de Baco.
Cuando el autobús nos deja en la parada, ya es casi de noche, así que queremos cenar algo camino del hotel, pero está todo prácticamente cerrado, y no se ve a nadie por las calles. Hace bastante viento, lo que acrecienta la sensación de inseguridad en la zona, por lo que decidimos comprarnos unas hamburguesas en un Burger King que vemos abierto, y degustarlas en el hotel. Así lo hacemos, y llegaremos a nuestra habitación sobre las 7 de la tarde, donde cenaré viendo el Deportivo-Atlétic que comienza en ese momento. He de decir que la hamburguesa está igual de mala que en los Burger King españoles, y no tiene nada que ver con las que hemos probado hasta ahora. Maldita globalización

26 y 27. Ciudad del Cabo-Ámsterdam-Alicante
Hoy es nuestro último día de este apasionante viaje. Ayer confirmamos con el amable recepcionista, la posibilidad de hacer el check in a las 6 de la tarde (tenemos el vuelo a Ámsterdam a las 11 de la noche), sin coste, un verdadero detalle.
Quiero visitar el interesantísimo museo del Distrito 6, elocuente muestra de lo que significaron los oscuros años del apartheid. El Distrito 6 era una zona residencial situada en un lugar privilegiado, cerca del puerto, la Table Mountain, y el centro de la ciudad. Las personas que se asentaron allí, eran una mezcla racial de lo más variada, negros, mestizos, indios y malayos, formaban un colorido tapiz cultural. Pero este barrio de familias humildes se convirtió, dada su envidiable localización, en objetivo del racista gobierno blanco en los años 60. Éste lanzó campañas publicitarias desacreditadoras, tachando a sus habitantes de criminales, drogadictos y vagos, y denunciando la existencia de prostíbulos, bares y casas de juego. Todo era falso, pero eso no sirvió para nada y los bulldozers comenzaron a derruir las primeras casas en 1,968. Dos años antes el Distrito 6 había sido declarado zona de “sólo blancos”. Así, como suena. Entre 1968 y 1982 60.000 personas fueron forzadas a dejar sus casas y trasladadas a una deprimente meseta arenosa cercana al aeropuerto, a unos 25 kilómetros del centro de Ciudad del Cabo, donde muchos de ellos siguen malviviendo.
La planta baja del museo está ocupada por un inmenso mapa del Distrito 6 dibujado en el suelo. En él, las familias desalojadas han marcado con rotuladores donde estaban sus casas, y algunos dejan frases y mensajes de melancolía y dolor. Pasamos un buen leyendo todos aquellos mensajes póstumos de sueños despojados a la fuerza, y observando repelentes letreros racistas que, aunque ahora nos parezcan increíbles, hace 30 años eran algo común en la realidad sudafricana . En realidad todo el museo es un espacio dedicado a esas familias. Un lugar donde poder expresarse y exorcizar sus fantasmas. Hay poesías, escritos dejados en piedra, en baldosas, y nos hicieron reflexionar sobre la maldad del ser humano, y lo poco que hemos aprendido.
Impresionado por esta visita, nos dedicamos a pasear, hacer las últimas compras y comer en el Waterfront. Yo pido una buenísima sopa de marisco, y linefish, pescado blanco parecido a la lubina, mientras Rosi prefiere un solomillo chateubriand, al que le ha tomado el gusto. Después de dar por finalizada nuestra inmersión en la sabrosa gastronomía sudafricana, regresamos al hotel, para descansar un rato, preparar las maletas y salir en taxi hacia el aeropuerto (el taxista no pone el taxímetro, y nos intentará "clavar", pero conozco el precio porque me lo dijo el recepcionista, y eso es lo que le pago, haciendo caso omiso a sus protestas)
El vuelo transcurre sin novedad, y a las 10 de de la mañana del día siguiente llegamos a Ámsterdam. Como hasta las 6 de la tarde no partimos hasta Alicante, iremos en tren a la capital holandesa, donde pasearemos durante unas horas entre sus maravillosos canales, rodeados de muchísima gente joven, y de cientos de bicicletas.
A las 10'30 de la noche llegaremos a casa. Estamos desechos, pero también muy satisfechos, después de 25 días apasionantes. Gracias Sudáfrica.



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comment_icon  Últimos comentarios al diario: Sudáfrica: 5.000 km desde Johanesburgo a Ciudad del Cabo
Total comentarios: 6  Visualizar todos los comentarios
Imagen: Marimerpa  marimerpa  19/11/2015 15:20   📚 Diarios de marimerpa
Muy bueno el diario. Me uno a la sugerencia de las fotos y te dejo 5 estrellas.
Imagen: Victormiguel  victormiguel  19/11/2015 15:37   📚 Diarios de victormiguel
Hola. Gracias davovo y maripepa. En mi blog de viajes (victormiguelsaiz.blogspot.com), aparece el diario con fotos, y con las etapas pormenorizadas, día a dia.
Imagen: Frajamulo  frajamulo  04/03/2016 20:20
Magnifico diario, en principio no me animé a leerlo por la cantidad de letras y ninguna foto, pero al final melo he leido entero y.....me ha solucinado algunas dudas.
Gracias victormiguel.
Tienes mis 5 estrellas.
Imagen: Pichi-puchi  pichi-puchi  13/10/2016 06:22   📚 Diarios de pichi-puchi
Hola victormiguel,
muchas gracias por el diario.
Me ha entretenido mucho.
Te quería preguntar si lo que uas para el Ipad offline es el Google Maps o llevas instalada alguna aplicación.

Nos vamos en 2 semanas y estoy con los últimos detalles prácticos.
Te dejo las 5* Gracias! Sonriente
Imagen: Ramon86  ramon86  28/12/2022 16:28   📚 Diarios de ramon86
Comentario sobre la etapa: Conclusiones y Recomendaciones
Muy bueno el diario, me ha encantado leerlo, muchas gracias por la información, como me gustaría poder viajar a este país y visitar el Kruger!!
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Fecha: Lun Nov 17, 2025 12:56 am    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Separamos hilo para agencias y viajes organizados a Sudáfrica.
Esperamos sea de utilidad. Amistad

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Fecha: Mar Mar 24, 2026 05:10 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

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Fecha: Vie Jun 26, 2026 03:04 am    Título: Re: Viajar a Sudáfrica



Geniet dit!
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21-03-2017
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Fecha: Vie Jun 26, 2026 01:23 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

carolco Escribió:


Geniet dit!

Increible!
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26-04-2009
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Fecha: Mie Jul 08, 2026 09:39 am    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Hemos abierto hilo referente a la nueva declaración online que hay que realizar a partir del 1 de julio de 2026 para viajar a Sudáfrica.

Esperamos que os resulte útil.

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