Chichen-Itzá

Poco hay que añadir a esta maravilla. Contratamos de guía a Julio (recomendando por nuestro taxista Leandro), que nos explicó perfectamente la cultura maya, y todo la historia de cada rincón de este precioso lugar. Por allí hay muchos puestos de artesanía que son más baratos que en Playa del Carmen.
Es recomendable que os lleveis ropa cómoda y muy fresca, ya que hace muchísimo calor.
Cenote Il Kil

Aquí disfrutarán sobre todo los más arriesgados y los que no tengan miedo a saltar de 5 metros de altura. El cenote es impresionante, el agua un poco fría y no muy clara debido a la profundidad. Al principio puedes alquilar los chalecos salvavidas (yo no lo hice y me arrepentí después).
Cenote Xkeken

Este me gustó más que el anterior, es un poco más oscuro pero es muy bonito. A la entrada hay muchos niños y todos intentan alquilarte chalecos salvavidas, cuando me di cuenta tenía como 10 de ellos alrededor mía, ¡te da tanta pena que no sabes cual elegir!
A la salida compramos unos cocos y estaban riquísimos.
Valladolid
Aquí hicimos una visita exprés, ya que en Chichen-Itzá tardamos más de lo previsto, e íbamos un poco tarde y además con mucha hambre, lo que hizo que no pudiésemos comprar plata (era el lugar que mejor estaba según Leandro). Así que paramos para hacernos la foto en la catedral y fuimos directamente a comprar juguetes para regalárselos a los niños que veríamos más tarde en el pueblo maya.
Leandro nos llevó a comer a El Negrito Ahumado, la comida estaba buenísima y el personal muy agradable.
Hunukú, el pueblo maya
Fue uno de los mejores momentos de nuestro viaje, una experiencia increíble y muy gratificante. Impresiona muchísimo como los niños sonríen solo por darles lápices de colores, caramelos, pelotas o accesorios para el pelo. Nos encantó porque era un pueblo maya de verdad, y nada preparado para el turista, simplemente Leandro paró en la calle que nosotros vimos que había más niños y allí nos bajamos y les dimos los regalos que llevábamos. Te llevas muy buena sensación de allí y te hace reflexionar y darte cuenta de lo felices que son viviendo así.
Por la noche cenamos a la carta en el restaurante mexicano del hotel, que no nos gustó demasiado.