Parece que finaliza la tregua que nos dio el tiempo durante los dos días anteriores y hoy sobre nuestras cabezas planea un cielo nuboso que amenaza lluvia de un momento a otro.
Nuestro plan para hoy es hacer dos excursiones, visitar Lausana por la mañana y Friburgo por la tarde.
Pues nada, como cada día cogemos el bus hasta la estación central y desde allí el tren hasta Lausana, que está muy cerca, a tan solo 63km.
Este tramo de viaje es precioso, bordeando el lago Leman y disfrutando del idílico paisaje suizo.
Llegamos a la olímpica ciudad que es la sede del Tribunal Federal y del Comité Internacional de los Juegos Olímpicos. También alberga el Museo Olímpico.
Laussanne se levanta sobre tres colinas, rodeada de viñedos, a orillas del Lago Lemán, por lo que para recorrerla hay que subir y bajar empinadas cuestas.
Comenzamos la visita ascendiendo hasta el casco antiguo, dominado por la Catedral de Notre Dame, de estilo gótico, destacando en ella el pórtico cuajado de estatuas policromadas del SXIII.
Alrededor de ella se extiende el barrio medieval, en el que destacan el castillo de St-Maire, sede del gobierno cantonal (Lausana es la capital del cantón de Vaud), y el ayuntamiento, bonito edificio barroco del S XVII.
También visitamos la iglesia de St. François del S XIII que formaba parte de un convento que desafortunadamente no se conserva.
Continuamos callejeando y llegamos a la Fontaine de la Palud, en la plaza del mismo nombre, que data de 1557 y es uno de los rincones más pintorescos y que más nos gusta de la ciudad.
Descendemos hasta Ouchy, donde se encuentra el puerto y en cuya rivera están situados lujosísimos hoteles que conocieron su época dorada durante la Belle-Epoque, como suntuoso Hotel de l'Angleterre.
Nos tomamos un buen rato paseando a por la orilla del lago y disfrutando de los jardines que son una maravilla.
En los días despejados, no es el caso de hoy, se contemplan justo enfrente las impresionantes moles de las montañas alpinas, con sus nieves eternas en las cumbres.
Aprovechamos para comer rápido antes coger el autobús para regresar a la estación de tren
Tomamos el tren hasta Friburgo, una de las tres ciudades bilingües del país, para pasar allí la tarde. Está a 75km y el día tiene una pinta pésima, no deja de llover en todo el viaje.
En la oficina de turismo nos trazan una ruta visitando los principales puntos de interés y adaptada al tiempo del que disponemos. Muy amablemente nos entregan una tarjeta para utilizar el transporte público si lo vemos necesario, porque aunque la ciudad es pequeña, tiene muchas cuestas y mi hermana mediana a estas alturas del viaje ya comienza a acusar el cansancio acumulado.
Apenas ponemos el pie en la calle empieza a descargar una tormenta que para nuestro infortunio no tiene pinta de parar en breve.
Comenzamos visitando la Catedral de San Nicolás, donde de paso nos resguardamos un rato, es de estilo gótico con una alta torre de 70m a la que se puede subir reptando por una estrecha y empinada escalera de madera de 385 escalones. Mi hermana mayor y yo lo hacemos, pero no mereció mucho la pena el esfuerzo, con toda la niebla metida en la ciudad no nos facilitó disfrutar de una vista que se suponía incomparable desde arriba. En el interior destacan las vidrieras y el impresionante órgano.
La lluvia se vuelve menos intensa y aprovechamos para seguir descubriendo rincones pintorescos por el laberinto de callejuelas medievales que conforman el centro histórico, es el barrio medieval de Auge, también conocido como la ciudad baja.
Cruzamos el puente de piedra sobre el río Sarine y desde allí comienza la subida, por lo que cogemos el autobús un par de paradas para aliviar un poco a mi hermana del ascenso.
Al final del recorrido marcado nos encontramos con un funicular que nos remonta hasta la parte alta, lleva en funcionamiento más de 100 años y se propulsa con la fuerza de las aguas fecales de la ciudad recicladas. Joya de ingeniería de indescriptible olor.
A la salida del mismo nos encontramos con un mirador desde el que se obtienen unas bonitas panorámicas de la ciudad.
De vuelta en Ginebra el día tiene mejor cara, aprovechamos para
tomar algo en una terraza y hacer algunas compras de supermercado. Nuestro plan para hoy es hacer dos excursiones, visitar Lausana por la mañana y Friburgo por la tarde.
Pues nada, como cada día cogemos el bus hasta la estación central y desde allí el tren hasta Lausana, que está muy cerca, a tan solo 63km.
Este tramo de viaje es precioso, bordeando el lago Leman y disfrutando del idílico paisaje suizo.
Llegamos a la olímpica ciudad que es la sede del Tribunal Federal y del Comité Internacional de los Juegos Olímpicos. También alberga el Museo Olímpico.
Laussanne se levanta sobre tres colinas, rodeada de viñedos, a orillas del Lago Lemán, por lo que para recorrerla hay que subir y bajar empinadas cuestas.
Comenzamos la visita ascendiendo hasta el casco antiguo, dominado por la Catedral de Notre Dame, de estilo gótico, destacando en ella el pórtico cuajado de estatuas policromadas del SXIII.
Alrededor de ella se extiende el barrio medieval, en el que destacan el castillo de St-Maire, sede del gobierno cantonal (Lausana es la capital del cantón de Vaud), y el ayuntamiento, bonito edificio barroco del S XVII.
También visitamos la iglesia de St. François del S XIII que formaba parte de un convento que desafortunadamente no se conserva.
Continuamos callejeando y llegamos a la Fontaine de la Palud, en la plaza del mismo nombre, que data de 1557 y es uno de los rincones más pintorescos y que más nos gusta de la ciudad.
Descendemos hasta Ouchy, donde se encuentra el puerto y en cuya rivera están situados lujosísimos hoteles que conocieron su época dorada durante la Belle-Epoque, como suntuoso Hotel de l'Angleterre.
Nos tomamos un buen rato paseando a por la orilla del lago y disfrutando de los jardines que son una maravilla.
En los días despejados, no es el caso de hoy, se contemplan justo enfrente las impresionantes moles de las montañas alpinas, con sus nieves eternas en las cumbres.
Aprovechamos para comer rápido antes coger el autobús para regresar a la estación de tren
Tomamos el tren hasta Friburgo, una de las tres ciudades bilingües del país, para pasar allí la tarde. Está a 75km y el día tiene una pinta pésima, no deja de llover en todo el viaje.
En la oficina de turismo nos trazan una ruta visitando los principales puntos de interés y adaptada al tiempo del que disponemos. Muy amablemente nos entregan una tarjeta para utilizar el transporte público si lo vemos necesario, porque aunque la ciudad es pequeña, tiene muchas cuestas y mi hermana mediana a estas alturas del viaje ya comienza a acusar el cansancio acumulado.
Apenas ponemos el pie en la calle empieza a descargar una tormenta que para nuestro infortunio no tiene pinta de parar en breve.
Comenzamos visitando la Catedral de San Nicolás, donde de paso nos resguardamos un rato, es de estilo gótico con una alta torre de 70m a la que se puede subir reptando por una estrecha y empinada escalera de madera de 385 escalones. Mi hermana mayor y yo lo hacemos, pero no mereció mucho la pena el esfuerzo, con toda la niebla metida en la ciudad no nos facilitó disfrutar de una vista que se suponía incomparable desde arriba. En el interior destacan las vidrieras y el impresionante órgano.
La lluvia se vuelve menos intensa y aprovechamos para seguir descubriendo rincones pintorescos por el laberinto de callejuelas medievales que conforman el centro histórico, es el barrio medieval de Auge, también conocido como la ciudad baja.
Cruzamos el puente de piedra sobre el río Sarine y desde allí comienza la subida, por lo que cogemos el autobús un par de paradas para aliviar un poco a mi hermana del ascenso.
Al final del recorrido marcado nos encontramos con un funicular que nos remonta hasta la parte alta, lleva en funcionamiento más de 100 años y se propulsa con la fuerza de las aguas fecales de la ciudad recicladas. Joya de ingeniería de indescriptible olor.
A la salida del mismo nos encontramos con un mirador desde el que se obtienen unas bonitas panorámicas de la ciudad.
De vuelta en Ginebra el día tiene mejor cara, aprovechamos para