Pues bien, parece ser que hoy sábado, último día completo en Tokyo el tiempo nos da una ligera tregua y aunque cubierto, no llueve por ahora, así que tras tomar nuestro desayuno de todos los días nos ponemos en camino y tomamos la Yamanote hasta Hamamatsucho, ya que queremos llegar hasta la torre de Tokyo.
Al bajar del tren ya se ven las indicaciones y al poco ya sobran pues la mole de la edificación más grande del mundo en honor del Atlético de Madrid (los colores son por eso, ¿no?) es claramente visible. Al poco de empezar nuestro trayecto, primera sorpresa. Resulta que no lo había consultado en la guía, pero nos sale al paso un templo Zojo-ji, que conforme he podido averiguar luego, durante tiempo fue más o menos el templo familiar de los Tokugawa, y eso es mucho.






Nos quedamos un ratito pero nuestros niños no suben tras los tambores, así que seguimos camino y al dejar Zojo-ji a nuestra izquierda para seguir hacia la torre llega uno de los peores momentos para mí de todo el viaje. ¿Recordáis la etapa de Kamakura, cuando os dije que íbamos a ver algo mucho más acongojante que los jizos de allí? Bien, pues en Zojoji hay un cementerio de niños, podéis buscar las fotos en wikipedia, son Jizos pero de los que tienen pinta simpática, redonditos y sonrientes, y muchos no llevan el típico babero azul, sino ropita de bebé... sobran las palabras para explicar cómo te quedas.


Pues corramos un tupido velo, que el viaje debe ser feliz, y os cuento que también hay unos hermosos jardines anexos junto a un santuario sintoísta.
Al llegar a la torre se constata lo que nos veníamos temiendo, hay niebla, así que pasamos de subir y nos limitamos a las fotos de rigor.

De aquí pasamos a tomar el metro y nos vamos derechitos a Roppongi, a ver Roppongi Hills y ver el ambiente del barrio sin relaciones públicas escapados de la NFL que te quieren dar por saco un minuto sí y otro también. El lugar abunda en altos edificios pero tampoco es que tenga mucho que contar, así que derechitos a Roppongi Hills donde vamos a encontrar una de nuestras némesis: La Mamá de Louis Bourgeois (llamando al Dr. Freud!!) a la que hemos visto ya en varias ciudades (bueno, a sus hermanas gemelas). El sitio es un conglomerado de tiendas de pijerío alto y hasta hay un garito del sobrevalorado Joël Robuchon. Lo que más nos llama la atención es la ingente presencia de jovencitos japoneses todos vestidos igual, de oscuro, traje para ellos, chaqueta y falda para ellas, y que entran en grupo en uno de los edificios (Torre Mori). Nuestro sentido arácnido nos indica que debe ser una selección de personal, pero no lo llegamos a confirmar.



Tras vagar por sus varias plantas de espacios culturales, tiendas de alto nivel y restaurantes entre los que había uno autodenominado "de cocina española" (juas, juas) nos aburrimos de un ambiente que definitivamente no es el nuestro y salimos a mezclarnos con la chusma.
Tras patear un ratito entramos en el Donki famoso donde vimos un bolso de Hermés (entre otras cosas) de más de un millón cuatrocientos mil yenes y varias tiendas de todo a cien y cuando se hace la hora de comer nos encaminamos hacia la mayor desilusión de todo el viaje: edificio Axis, donde vemos que KISSO ESTÁ CERRADO!!!
Del rebote nos metemos en el primer local que encontramos, cerca del Hard Rock Café y nos tomamos unos ramen y unos gyoza, baratos pero no lo mejor que hemos probado, ni mucho menos.
Para pasar la tarde nos hemos decidido por Odaiba, así que tras tomar la línea Yurikamome (el JR pass no vale) nos subimos al monorrail y derechitos al lugar, disfrutando de unas bonitas vistas de la ciudad y de la bahía de Tokio. Esto compensa. Vamos a varios pisos de altura y estamos rodeados de rascacielos, parece un videojuego.

Nos bajamos en la parada de la Fuji TV y tras las fotos de rigor (no entramos, ya que el mirador acaba de cerrar) nos vamos a la playa y ¡anda, Nueva York tamaño Pokemon!, otra andanada de fotos. Me gustó el detalle de las anclas varadas en la arena.



Hoy nos sobran las fuerzas y no queremos que esto se acabe, así que echamos a andar hacia Venus Fort, junto al chiringuito de Toyota, donde mi mujer pasa un buen rato flipando con las tiendas (no son nada caras) y con la ambientación, y yo me hago una foto en una tienda infantil con un Neko-basu de tamaño cuasi-real. MOLA MOLA MOLA MOLA

Además mi chica me saca una bolsa-petaca del Sargento Keroro de una Ufo-catcher, día redondo... que sólo se fastidia un pelín cuando llegamos a la atracción de Sega, yo pensaba que sería un simple salón recreativo futurista pero es más bien un mini parque temático con varias atracciones de feria a cubierto así que recomiendo llegar con bastante tiempo, nosotros llegamos pelados y pasamos de entrar.
Y va siendo hora de cenar, así que tras descartar por CARÍSIMO Little Hong-Kong y otros locales por cutres (entramos a uno con TRES platos en todo el menú, y todos con caldo espeso) encontramos el rincón donde se hallan los socios de Gonpachi y el propio Gonpachi en persona, pero hoy vamos a cenar en Monsoon, de tipo panasiático y con unas vistas descomunales de la bahía y el Rainbow Bridge, y anocheciendo... un broche fantástico, y la comida buena y barata, incluyendo un parfait enorme de postre. Por cierto, que los cocineros están a la vista y todos dan la bienvenida y te despiden a coro, un show.


Esto se va acabando... con todo el dolor de nuestro corazón tomamos el Yurikamome para llegar a Tokio, viendo los juegos de colores de la noria de Odaiba (el Gundam todavía no estaba montado) al pasar y pensando cómo nos ha enamorado esta ciudad...
Buenas noches, compañeros.