Amanece y es domingo, y eso significa que esto se acaba de verdad, ya que mañana nuestro vuelo sale pronto y no vamos a disfrutar en absoluto del día. Con el corazón en un puño y tras sacar las fotos de la habitación que ya colgué antes, nos dirigimos con unas maletas petadas hasta el tope a recepción... menos mal que vinimos ligeros de equipaje y con una maleta vacía de repuesto... El check-out va tan ligero como es de esperar y sin ningún problema nos dan un ticket y nos guardan las maletas, además las enlazan con unas cintas para evitar malentendidos. Eficientes hasta el final.
El primer plan para el día de hoy era ir pronto a Osaka y pasar allí el día, pero en estos últimos días hemos estado ojeando la Lonely y compañía y tras llevar el día bastante vacío de entrada y ver que no encontrábamos nada que nos matara salvo la zona de marcha, decidimos pasar toda la mañana hasta después de comer en Tokio y llegar por la tarde a Osaka para dar una vuelta y cenar.
Así que esta mañana hemos decidido volver a visitar Shinjuku (se nos queda por ver Shippopi, pero mejor en otra ocasión) y acercarnos al Hanazono Jinja.
Hay algo de enternecedor y canalla en ir a ver un barrio de copas un domingo por la mañana, si hay algo en lo que se parece todo el género humano es en las lamentables pintas de los trasnochadores a ojos del que ha madrugado un poquito, la sensación de fin de fiesta que cuadra muy bien con nuestro estado de ánimo, el maquillaje corrido, la ropa sucia y descolocada, las caras largas, los que todavía sacan fuerzas para un penúltimo chiste y reír antes de que todo acabe...
Paseando, paseando, vemos tipos de muy mala facha, niñas desamparadas y pasando frío en sus micro modelitos de Shibuya, calaveras de vía estrecha y junto a los love hotels y a carteles con niñas a lo Candy Candy que anuncian locales de perversión vemos... ¡un cangrejo con piso! Ooohhh, cómo voy a echar esto de menos.

Llegar al Hanazono Jinja después de ver los callejones del Golden Gai y los restos de Kabukicho tras la fiesta tiene un efecto extraño, no se te puede escapar que es un santuario de ciudad, al fin y al cabo el parque del santuario es pequeño y los rascacielos siguen ahí y además ves varias medidas anti borrachos en todos los pabellones, el cazo del agua para purificarse está sujeto con cadenita, hay rejas... pero con todo y con eso es un auténtico remanso de paz. Además hemos venido a ver el mercadillo que se monta los domingos por la mañana, y aunque es algo pronto, ya se ve movimiento.


Deambulamos por los puestos, no muchos, y vemos que las especialidades son las artesanías y las antigüedades. De todos modos, hemos hecho promesa solemne de no comprar más ya que sospechamos de nuestro equipaje y especialmente de su peligroso peso así que tras dar varias vueltas decidimos salir del lugar.
Al salir volvemos a pasar por delante de los locales nocturnos y en algunos llegamos a tener una sensación que no habíamos tenido en todo el viaje, la de estar alerta ya que hay unos cuantos elementos indeseables apostados en las puertas, pero no pasa nada. La nota divertida la pone el cartel que se ve en la puerta de algunos Love Hotels, donde hay una tarifa barata para "reposar" y otra más cara por "pernoctar"... hay que ver lo que entienden por reposar por estos pagos, va a ser por eso que están tan estresados, ¿no?



Pues de nuevo con la Yamanote y de camino a Harajuku, que está cerca. El domingo pasado cometimos el error de no recorrer Yoyogi-koen y hoy nos apetece mucho. En el parque el ambiente ya es el más típico de un domingo en familia, y junto a los grupos de atletas urbanos, padres con sus criaturas y turistas a mansalva se encuentran remansos de paz como el rincón donde nos sentamos a ver a un grupo de estudiantes uniformados (¿incluso en domingo? ¡vaya tela!) que juegan al béisbol. Los equipos los forman los encorbatados contra los descamisados y es evidente que no hay una gran rivalidad.
Nuestra amiga la lluvia hace acto de presencia, así que ni rastro de los Elvis (bueno, otro motivo para volver) ni de músicos ambulantes, así que mientras estamos sentados haciendo como que vemos el partido sacamos nuestros paraguas rosa y azul y debemos tener una pinta curiosa, sentados con unos paraguas de colores, tan gaijines y tan tranquilos nosotros, porque varias personas nos miran y sonríen amablemente y un grupo de tres personas se acercan con sus cámaras y (¡pásmense!) se presentan como aficionados a la fotografía y nos piden permiso para sacarnos fotos... por supuesto accedemos y en pocos segundos tenemos un book que haría palidecer de envidia a cualquier top model.
Con el ego por las nubes plegamos pasados unos minutos y seguimos nuestro paseo hasta que vamos a dar con unos macizos de rosales que nos quitan el aliento. Algunas flores ya están completamente abiertas pero otras se ofrecen de manera realmente sensual a los ojos del paseante.




Tras pasar otro rato agradable, embriagados por el aroma, salimos hacia otro pequeño parque tras subir un puente y vamos a dar, siguiendo unas notas de fondo, con un festival de música por la tierra (como ayer en Zojoji, no creo que sea coincidencia) donde unos muchachos se empeñan en hacernos creer que el hip-hop y el japonés no están hechos para vivir juntos, y el hecho de que la lluvia arrecie justo cuando un b-boy de todo-a-cien empieza a atentar contra cualquier tipo de flow existente no hace más que confirmar mis sospechas.
Echamos a andar, ya que estamos aquí, hacia Takeshita Dori para darle un penúltimo vistazo y vemos que ni la lluvia para a las chonis cuando de compras se trata, la calle está plagada de paraguas y al correr cuesta abajo, da la sensación al observador de estar viendo una manifestación de escarabajos multicolores en un episodio de manga, definitivamente adoro esta ciudad.
Y llegó el momento de la verdad, de vuelta al hotel y pillamos las maletas de camino a la estación de tren, Tokio Central. Antes, por la mañana, ya hemos devuelto las PASMO ya que hemos decidido no quedárnoslas (llevamos muchas tonterías de recuerdo) y os recomiendo que lo hagáis en una estación de metro, ya que en las de tren a nosotros no nos las cogieron. Basta con que ofrezcáis la tarjeta y digáis "pay-back" (sí, así lo dicen ellos, podéis reír) para que os devuelvan el depósito. Compramos unos bento y en la misma estación los pasamos con unas Kirin grandes que nos reconstituyen cuerpo y mente. Con la tristeza del viaje que se acaba, sale a colación el tan manido tema de "¡qué rápido se ha pasado!" pero viéndolo con detenimiento nos damos cuenta de que no, si repasamos día a día lo que hemos visto y recorrido, el viaje ha sido largo y provechoso y por esta vez, no nos vamos a dejar vencer por el desánimo y vamos a disfrutar hasta el último minuto.
El viaje en tren, como de costumbre, perfecto. Todo en orden y además cuando llegamos a Osaka luce el sol y lo tomamos como un buen presagio, siempre vendrá un tiempo mejor y podremos volver a sonreír al preparar las maletas, prestos a una nueva aventura. El único momento de bajón que nos permitimos es en la breve parada en Kyoto, donde el recuerdo de los días pasados es inevitable, pero ya estamos en Osaka y listos para quemar nuestra última noche en Japón.
Al llegar a Shin Osaka tomamos el metro (el sistema nos parece algo más liado que los de Tokio y Kioto, ya que las tarifas ofertadas no coinciden con las cantidades reflejadas en el panel superior, y por Shin Osaka solo pasa una línea si no recuerdo mal) y bajamos en Shinsaibashi y ... primera sorpresa: ¿cómo se sale de aquí? La salida hacia la zona que queremos nosotros no está muy claramente señalizada y al final acabamos saliendo por el ascensor de una galería comercial y segunda sorpresa: hemos salido a otra galería comercial, a nivel de calle pero CUBIERTA así que la orientación se hace un poquito más complicada, pero tras echar un vistazo me dejo guiar por mi instinto y bingo, en la primera esquina localizo unas tiendas con el mapa que me he descargado de la web del hotel (el Villa Fontaine Shinsaibashi) y andando. Llegas al hotel en dos minutos desde la parada del metro, una pasada de comodidad, y hacemos el check in inmediatamente. Nos atiende una chica que cuando le entregamos el pasaporte noto que habla raro... muy bajito... y caigo en que me está hablando en español, creo que la sorpresa no me había dejado darme cuenta. Y además lo hace con un ligero acento argentino. Según me dice textualmente "no puedo hablar muy alto porque mi español no es muy bueno", curioso razonamiento, el caso es que la animo a seguir practicando, que lo hace bastante bien, y desembarcamos en la habitación. Está bastante bien para pasar la noche, en una bocacalle de la zona de marcha, aislados del ruido, y en la línea del hotel de Tokio.
Tras dejar los trastos salimos a pasear y divertirnos y llegamos a la zona de Namba, con el canal Dottombori como estrella invitada. No me extraña que se diga que Blade Runner se inspiró en su ambientación en este barrio: los carteles de neón, los puestos, los colores, las luces, las chonis que por aquí se concentran en enjambre, las risas, la vida... Todo bulle y emociona al mismo tiempo. Estoy como en casa, y para redondear la faena... ¡una máquina de UFO catcher con el Monstre Buu! (Majin Buu de Dragon Ball) Es el monstruo simpático, el que se queda de amigo después de que le zurren la badana al malote Son Goku y sus amigos. Hay uno que parece accesible y tras dos intentos de casi sacarlo, vemos que el encargado del local, convenientemente mal encarado, se dirige hacia nosotros y nuestra mala uva va en aumento cuando vemos que va a abrir la cabina... ¿será capaz de moverme el bicho cuando estoy a punto de sacarlo? pero no, esto es Japón y lo que hace es indicarnos por gestos y cuatro palabras en inglés por dónde debemos atacarlo para sacarlo mejor, yo lo miro y digo "sink???", él contesta "yes" y efectivamente, lo hundo con la pinza y listo, ¡qué tío más majo!. El muñeco está en posición de ir volando y mueve las patas cuando le aprietas una mano, parece nadar. Lo más curioso es la música que suena: "London Bridge is falling down, falling down..." Pero mola muchísimo.




Seguimos paseando y vemos locales con dragones en la puerta, y el hermano mayor del cangrejo de Shinjuku, ¡y este se mueve! También hay restaurantes especializados en fugu pero pasamos, acabamos entrando a una sucursal del restaurante "Nipón Mosqueado" donde nos tomamos otro shabu shabu de exhibición, y además en éste los camareros te controlan y te ayudan a que te lo comas de acuerdo a la etiqueta japonesa. La nota cómica la pone una parejita de ingleses que entran a cenar cuando estamos terminando, sentados en la barra con nuestras cajas de carne, verduras y la perola con el quemador... un gentleman cuarentón que parece salido de un anuncio de Mamón Dandy con su media sonrisa y su aire de superioridad y una rubia cruce de Chav y pija. Según mi señora, padre e hija, yo me sigo apostando el bigote a que era un tipo de negocios de rollito con la secretaria: el anillo de ella era sospechosamente nuevo y hortera (ahora me imagináis tocándome la punta de la nariz varias veces y completáis el cuadro) Tras una corta conversación salimos del local y nos volvemos paseando al hotel, hay que dormir ya que mañana empieza...
EL DIA QUE NUNCA ACABAAAAAA (EPÍLOGO)
No he creído necesario hacer una etapa aparte para este último día, ya que todo se limita al viaje de vuelta. Sin incidencias, sólo señalar que nuestras chonis hechas polvo han venido a despedirnos al metro de camino a la estación del tren. Aviso a los papás que viajen con adolescentes hormonalmente alterados de género masculino: llevadlos bien vigilados. Lo del título es lógico: el avión sale a las once y nosotros llevamos levantados desde las cinco (ya es de día), luce el sol y cuando llegamos a Amsterdam son algo más de las tres, sigue siendo de día y soleado, y al llegar a Madrid a las ocho y pico... ya lo adivináis... el caso es que acabamos llegando a casa tras coger el bus y soportar a unos cerriles que llevan el móvil como una radio con música tropical de buena madrugada a las seis de la mañana del martes, es decir, a la una de la tarde hora japonesa.... treintaidós horas sin parar, apenas durmiendo y con el cuerpo desfasado.
Un par de anécdotas para terminar: la primera, en el avión cuando nos dan asiento junto a la salida de emergencia del ala (bien, yo tengo las piernas largas y lo he pedido) y al lado nuestro viaja un chico monísimo al que la azafata (muyyyy veterana) le indica que durante el despegue y el aterrizaje debe dejarlo todo guardado y el colega le responde "¿está segura de eso?" y la azafata lo mira como a un perfecto gilipollas (se ve que cala muy bien a la gente a la primera) y le responde sin perder los modales "sí, por eso se lo estoy diciendo"
La segunda: en Amsterdam nos pasan por esos famosos escáneres integrales que son como las cabinas de esterilización de las pelis de ciencia ficción y aún así me cachean, anda queeeee....
Ah, y una de propina: acabamos comiendo chips de raíz de taro con sabor a wasabi en la estación de autobuses de Madrid, una nota curiosa.
Bueno, y para no hacerlo más largo, gracias por la paciencia y la tenacidad que habéis mostrado con nosotros leyendo este tocho, espero os sea de ayuda y aunque sea por momentos os haya entretenido. Os recomiendo visitar el país, es una pasada y siempre tendréis una buena historia para animaros en los malos momentos.
Cualquier consulta, duda o miedo no dudéis en poneros en contacto vía mensaje privado o en el correo electrónico burymagnets(arroba)gmail.com Lo pongo así por el spam, la dirección va sin paréntesis.
Un abrazo y nos vemos en el camino.
AÑADIDO DE ÚLTIMA HORA: para todos los que se pregunten a qué me refiero cuando hablo de uñas con pedrería al hablar de nuestras amadas chonis niponas, visitad el siguiente enlace del siempre recomendable blog de Nere y Lorco:
http://www.nerelorco.com/se-van-a/Tokio/unas-de-colores/
... tell me why you're here / I came to disappear