Nos empezábamos a dar cuenta de que este verano, meteorológicamente hablando, sería totalmente diferente al que guardábamos en nuestro recuerdo, así que cada día teníamos una opción A de montaña y una B de ciudad por si el tiempo no acompañaba. Y aún así puedo decir que no tuvimos mala suerte del todo...
Hoy, 3 de julio, amanecía con las montañas cubiertas, además estábamos cansados de la paliza de coche del día anterior y no nos apetecía demasiado desplazarnos mucho.
Decidimos profundizar en la cercana localidad de THUN, que el año pasado solo habíamos visitado de pasada y rápido. Allí el tiempo aunque fresco, era bueno, y luego improvisaríamos el resto del día en función de las nubes...
Desde nuestra casa en Beatenberg el recorrido hasta Thun es sencillamente espectacular, una carretera y un valle digno de recorrer, y que por la tarde admiraríamos desde la altura del Niederhorn:

Aparcamos cerca del famoso puente cubierto de Thun, que además actúa como una pequeña presa, y que recuerda al de Lucerna:

En uno de los muchos parques que hay en los alrededores del puente encontramos esto:
una pequeña biblioteca, elegías el libro que querías (estaban ordenados por categorías y había para todas las edades) disfrutabas del mismo en el parque y después lo devolvías...a esto lo llamo yo fomento de la lectura...
Después recorrimos el altstad o centro histórico en el que además del Rathaus destacan sus famosas aceras en altura, con comercios y restaurantes arriba y abajo. Aunque era domingo y todas las tiendas estaban cerradas.
[/url]De vez en cuando mirábamos las web cam del Niederhorn en el móvil, a la espera de un posible despeje de nubes, pero de momento seguía cubierto aunque apuntaba a mejorar, así que decidimos no alejarnos demasiado, y encontramos un idílico sitio a orillas del lago de Brienz donde comimos, nos tumbamos un poco al sol, Hugo jugó,...uno de esos ratos en los que sin estar a grandes alturas y con un pequeño picnic no te importaría que el mundo se parase...

Las cimas se iban despejando poco a poco así que volvimos a subir el pequeño puerto que lleva a Beatenberg, dejamos el coche en casa y caminamos hasta la cercana estación de teleférico que sube al Niederhorn..."vivimos" a escasos 400 metros, y cuando llegamos a las taquillas las webcam ya anunciaban una tarde que nos depararía preciosas vistas.
Para alcanzar la cima del NIEDERHORN, a 1950 metros, podéis hacerlo desde Beatenbucht (a pie de lago) o bien desde Beatenberg, que fue desde donde subimos nosotros.
Al tener la tarjeta de huesped de Beatenberg, pagamos por cada adulto 31,50, en lugar de los 39 reglamentarios, y en pocos minutos el trío de cabinas que suben constantemente te dejan arriba.
Aún quedaban muchas nubes y tapaban constantemente los tres cuatro miles que coronan el oberland bernés, pero en cambio, la subida nos regalaba vistas inigualables en el extremo opuesto:



Hay miradores por toda la zona, tumbonas, hamacas de madera, antiguas cabinas de teleféricos, un restaurante y lo mejor para los que viajamos con pequeños:




Cerramos la visita al niederhorn y paseamos hasta nuestra casa parando en un pequeño comercio que descubrimos cerquita, que abría temprano cada día (desde entonces fuimos clientes habituales) y la dueña era un encanto.
Atardecía y nuestros cuatro miles se despejaban...todo indicaba que el día siguiente sería el más indicado para subir al Schilthorn, ya que el resto de días no aseguraban cielos completamente despejados.



