Tras nuestra horita habitual de viaje llegamos a Porec, lo primero era aparcar, la zona más céntrica está cerrada al tráfico por lo que hay que dejar el coche un poco alejado, cerca del puerto hay un parking público pero no fuimos capaces de llegar, en la búsqueda dimos con una zona de aparcamiento y allí lo dejamos, Aparentemente en una zona de aparcamiento sin ningún tipo de barrera o señalización, pero nos dimos cuenta que había una pequeña señal de parquímetro y en un rincón estaba la maquinita, tras enterarnos de como funcionaba (no es complicado y no hay limitación de tiempo) dejamos nuestro ticket en una zona visible (cuidado con no poner el ticket, ya que cuando regresamos a un coche austriaco aparcado allí le habían puesto un bonito cepo.
Lo primero que hicimos fue ir a la joya de la corona de la ciudad : la Basílica de Santa Eufrasia o Eufrasiana, vi los dos nombres; simplemente una preciosidad, es del siglo VI y está declarada Patrimonio de la Humanidad por le UNESCO, tanto la estructura como los mosaicos bizantinos, son simplemente impresionantes, si conocéis Ravena son similares y las vistas desde la torre-campanario muy bonitas. La entrada son 40 Kn y hay reducción del 50% para estudiantes con carnet internacional. Si podéis visitarla a primera hora ya que los grupos, al menos en verano, son un poco agobiantes. Nosotros pudimos movernos muy tranquilamente, pero cuando salimos entraban multitudes.
La zona centro de Porec conserva la estructura de la época romana con unos preciosos edificios y palacios de distintas épocas, la gran cantidad de tiendas y restaurantes le resta un poco de encanto, pero no se puede tener todo.
Como estábamos un poco cansados decidimos tomarnos un aperitivo en una terraza de la zona del puerto: un Aperol, dos batidos buenísimo y un cafe fueron 107 Kn (15€).
Seguimos paseando por la ciudad hasta la hora de la comida nos decidimos por la pizzería Nono y fué todo un acierto,tienen una pequeña terraza en el exterior pero estaba llena por lo que comimos dentro, un comedor típico de pizzería italiana muy muy agradable. Pedimos dos pizzas familiares ,un calzone, y dos botellas grandes de agua con gas, todo 217,50 Kn (29€), todos estaba buenísimo y como eran muy grandes nos dieron una cajita para llevarnos lo que no habíamos comido. El personal encantador y el servicio muy rápido.


De regreso a Sveti Martin pasamos por Bale, un pequeñito pueblo de estructura medieval,bien conservado en el que es agradable dar un paseo y tomarse un cafe, la iglesia y el baptisterio son interesantes pero no grandes obras.
Ya de regreso,con una buena tormenta, cenamos en nuestro alojamiento con la pizza de mediodía y alguna que otra cosa más