ETAPA 3: Florencia
Primer día en Florencia y primer madrugón. Teníamos entradas para la Galleria dell'Accademia a las 10, pero como al reservarlas por internet indicaba que había que sacarlas en taquilla previamente y no estábamos muy seguros de si sería sencillo o no, decidímos levantarnos temprano.
Desayunamos en el hotel, un desayuno estilo buffet con todo lo que se espera de un buen hotel (leche, zumo, café, cacao, yogur, huevo, salchichas, embutido, tostadas, bollería, cereales…) y nos dirijimos andando hacia el museo. De camino cruzamos por las plazas más importantes de la ciudad, pero no nos paramos porque teníamos tres días para contemplar la ciudad. Llegamos sobre las 9 al museo y la cola ya era considerable. Además, había otra cola para imprimir la entrada que habíamos comprado por internet. Por suerte, al haber reservado hora, teníamos prioridad en la cola del museo (no en la taquilla). Sin ningún problema, en la taquilla das el número de la reserva y te imprimen las entradas, tanto de la Accademia como de la Galleria degli Uffizi (en nuestro caso las teníamos para el día siguiente).
En cuanto tuvimos las entradas, hicimos la cola de reservas online y a la hora marcada entramos. Una vez dentro, y tras pasar el control de acceso, dimos una vuelta por la primera sala. Sinceramente, no somos especialmente amantes del arte sacro, ni mucho menos expertos, así que decidimos ir a ver la obra más importante de este museo, el David de Miguel Ángel. Está al fondo de un pasillo que me resultó curioso pues está flanqueado por estatuas inacabadas de La Pietá. El David es simplemente impresionante, majestuoso, merece la pena la entrada solo por verlo. Como digo, no soy experto, pero a parte del David y de las estatuas inacabadas, también hay algunos cuadros que llaman bastante la atención, así como una especie de taller-museo.
David de Miguel Ángel Tras pasar un par de horas en el museo, decidimos poner rumbo hacia la Piazza del Duomo, nuestra siguiente visita. Teníamos entradas para subir a la cúpula a las 15:30, así que después de visitar un poco los alrededores, decidimos acercarnos a ver “Il Porcellino”, la estatua de un jabalí situada junto al Mercado Nuevo. Dice la tradición que si colocas una moneda en su boca tras frotarla en su hocico y esta cae dentro de la rendija tendrás fortuna y volverás a Florencia. Nosotros tuvimos suerte a medias.
Il PorcellinoDecidimos comer temprano cerca del Duomo para luego no andar con prisas en la cola. Comimos en La Botteghe di Donatello un menú de 12€ por persona más bebida. Fue una comida normal, aceptable por ese precio para ser un restaurante con vistas a la Catedral. Cuando acabamos fuimos a la cola de entrada (inmensa si no has comprado la entrada anticipada). No pudimos entrar hasta las 15:30, que era la hora reservada. La subida acaba haciéndose durilla, por las escalinatas tan estrechas y empinadas, pero nada exagerado. El techo de la cúpula es simplemente increíble, sin duda una visita imprescindible. También las vistas desde lo alto de la cúpula.
A continuación nos dirijimos al Baptisterio, cuya visita entra en el mismo precio que el de la Cúpula y el Campanile. Merece la pena su exterior(su famosa Puerta del Paraíso) y su interior, especialmente el mosaico del techo.
Tras la visita, nos fuimos a descansar un rato al hotel, pues la siguiente parada sería el atardecer desde el Piazzale Michelangelo.
Cúpula del Duomo
Puerta del paraíso Sobre las 20h nos fuimos andando hacia el Piazzale. En 20 minutos estábamos ya sobre la escalinata. No esperaba que estuviera tan llena, pero a esas horas ya nos costó encontrar un sitio donde acomodarnos. De todos modos, mereció la pena la subida y el mogollón, porque las vistas de toda la ciudad al atardecer es una de las estampas más bellas que se pueden disfrutar en la vida. Después de contemplar la puesta de sol, cenamos en un restaurante que hay justo al lado del Piazzale, Luci al Piazzale, un restaurante con terraza para comer/cenar en el exterior y una barra con coctelería para tomar algo (recomendamos llevar antimosquitos). Aunque era un poco caro en comparación con España, estaba en unos precios relativamente normales para lo que es Italia. La comida estaba bien sin ser nada del otro mundo. A la hora de pagar, al hacerlo con tarjeta, tuve que ir a la terraza superior. Allí descubrimos la barra de la que hablábamos antes. Animados por la música, nos tomamos un par de mojitos y unos chupitos de limoncello. Después volvimos al Piazzale a disfrutar de las luces florentinas, esta vez de noche, y bajamos a la ciudad a conocer un poco su vida nocturna. Nos acercamos a “Il Margarito”, un bar mexicano, a tomar unos margaritas. Al final nos tomamos un par cada uno, y de ahí nos fuimos a la cama. Al día siguiente tocaba otro día animado.
Florencia al atardecer