Día 4. Safari en AC Ngorongoro
El gran día del Ngorongoro ya estaba aquí!
Tuvimos que madrugar un poquito para llegar con tiempo a la entrada antes de que se llenara en exceso de gente y aun así, a las 10 ya había mucha gente esperando para poder entrar. Después de un poco de "Hakuna matata" y un poco de paciencia, por fin pudimos entrar al Área de Conservación del Ngorongoro.
Esta reserva natural (patrimonio de la UNESCO) es particular por su terreno, pues se inicia por una zona elevada que se sube en coche (donde incluso hace fresco arriba) y luego se desciende a la famosa "caldera". Las vistas del cráter desde arriba son fabulosas y te dan la sensación de estar en un lugar mágico. Puedes ver las dimensiones del cráter (el más grande del mundo) y te das cuenta de que todos esos animales están ahí abajo. El hecho de que sea en forma de cráter hace que sea un ecosistema estático pues no pueden salir ni entrar los animales a la misma y esto provoca que haya una densidad de población de fauna espectacular. Seguramente el Serengeti tenga más variedad y más cantidad, pero el Ngorongoro tiene una magia diferente.
Iniciamos nuestra bajada al cráter y ya empezamos a ver el porqué de su fama: animales por todas partes. Cebras, ñus, flamencos, búfalos, aves...todos en un espacio reducido. Pudimos ver un rinoceronte, varias parejas de leones, elefantes en una zona de estilo selvático que le daba un cariz especial, en definitiva, algo que superaba mucho nuestras expectativas. Aquí empezamos a elaborar nuestra teoría y que en realidad lo consideramos la clave de todo: "Los animales son los mismos, pero cada viajero los verá en una forma diferente". Es decir, nosotros llegamos cuando una pareja de leones estaba andando en una estampa muy peliculera, pero minutos antes habían estado bebiendo agua (y otros viajeros lo vieron así y nosotros no) y seguramente más tarde harían cualquier otra cosa (y otros viajeros lo verían y nosotros no). Es algo muy simple pero que te da la idea de la magnitud de los safaris. Cada viajero verá algo diferente y probablemente ni mejor ni peor, simplemente diferente.
Comimos nuestro picnic box al lado del lago de los hipopótamos y continuamos por la tarde con nuestra exploración del parque. Más leones, muchos búfalos y muy buen rato paseando con el 4x4 por el cráter del Ngorongoro.
Hacia las 17.00 hay que salir del cráter y fuimos a realizar una visita que teníamos ya concertada a una tribu Masai. En los alrededores del Ngorongoro hay muchos poblados Masai totalmente auténticos y nosotros visitamos uno con el que quedamos muy contentos. Estuvimos viendo sus costumbres, como viven, alguna pequeña ceremonia masai y pudimos hacer los clásicos saltos con ellos y un pequeño baile. Evidentemente, los masai están acostumbrados a ver turistas y eso no lo hará nunca 100% original, pero a pesar de ello, es una visita que ayuda a integrar su cultura y a conocerlos. No queríamos ver un show turístico y no lo era.
Después de la visita Masai, nos trasladamos al que sería nuestro hotel solo por hoy: Rhino Lodge. Nos pareció un alojamiento muy bueno (el mejor de nuestro viaje probablemente) y aunque no tiene vistas hacia el cráter (como si tenían otros como el Serena Lodge, con su consecuente subida de precio que no estábamos dispuestos a pagar) es totalmente recomendable. Lengo Safaris nos ofreció diferentes opciones de alojamiento en Ngorongoro y pese a que la del Rhino era la más económica, creo que hicimos bien. Por la noche pudimos escuchar el ruido de algunos animales muy cerca de nuestra habitación y pese a que intentamos descubrir de qué animal se trataba, no hubo manera. La cena tipo buffet era buenísima y el restaurante decorado con motivos africanos lo hacía totalmente auténtico.
Pudimos descansar en la terraza del restaurante disfrutando de las vistas y la tranquilidad del alojamiento y fuimos a dormir pronto. Al día siguiente ya nos esperaba el mítico Serengeti.