Torices pertenece al municipio de Cabezón de Liébana, en la comarca lebaniega. Puede ser uno de tantos pueblitos de los que visitamos, con ese encanto tan especial que aúna casas y graneros a medio derruir con la conservación y transformación en lo nuevo. Ahí está su encanto. Eso es lo que los hace tan característicos. Si no hubiéramos tenido el alojamiento aquí ni siquiera hubiéramos sabido de su existencia y probablemente no hubiéramos subido nunca. Por eso, si puedes alojarte o visitar un lugar "de verdad", házlo.

Torices está a 15 minutos del cruce que lleva a Potes; el paisaje de los últimos 5 minutos de curvas que conducen al pueblo anticipan las espléndidas vistas de los Picos.

Es un pueblo pequeño, con tres alojamientos rurales, un bar de comidas y la iglesia de San Martín, con su cementerio que vigila desde arriba al valle.

Todavía queda algo de agricultura (menudo tamaño el de coles y otros productos) y los establecimientos turísticos mantienen la arquitectura típica montañesa, al menos, el nuestro. Para comprar el pan hay que ir hasta Vieda (dirección Potes) o Puente Asnil (hacia Pesaguero). Hay varios supermercados en Potes.

Nos alojamos en Casa Lebanés, un precioso conjunto de apartamentos de piedra y madera. El nuestro compartía la pequeña terraza con el porche del apartamento vecino (en la foto, 1ª planta). Las vistas a cualquier hora, sobre todo, amanecer y puesta de sol, son impresionantes, con las casitas o cobertizos del pueblo en primera fila y las montañas detrás.

Jardín para correr, piscina (para nosotros agua helada, nunca subió de 22º), dos columpios y casita infantil… el paraíso. Además, una fuente de piedra con ranas y crías, lección de biología sobre la transformación del renacuajo…

Muchas tardes paseábamos sin rumbo por el pueblo para disfrutar de las vistas imposibles. Y de la luz, sobre todo, la luz.
