El martes nos levantamos muy temprano: a las 7 estábamos frente a la mesa del desayuno que nos habían preparado Jules y Ray. Tras una breve pero interesante charla con un matrimonio de San Antonio, TX (en nuestro inglés macarrónico, por desgracia: es una asignatura que tenemos pendiente, el idioma...
Nuestra primera parada matinal fue en Murchison, otra cuadrícula perfectamente preparada para algunos deportes de aventura que tanto abundan en esta isla sur. Tomamos café en un encantador local del centro del pueblo, el Rivers Cafe (12,60 NZD tres flat white), dimos un breve paseo y seguimos camino:



Un par de horas largas después nos detuvimos en Reefton, sólo para estirar las piernas. Sí, es otra cuadrícula...



Desde Reefton y a través de la SH7 llegamos a la costa, a Greymouth; nuestra intención era comer algo por aquí pero el pueblo no nos pareció muy atractivo, así que sólo paramos para repostar en una estación BP (69,08 NZD, 46,27 €). Continuamos hasta la playa de Hokitika, muy curiosa, donde sí que aprovechamos para comer algo:




Poco después nos llamó la atención un cartel que anunciaba que a 2 km. había algo llamado West Coast Treetop Walk & Cafe, así que nos acercamos hasta allí para descubrir que era precisamente eso, un café en una plataforma elevada al que se accedía por una pasarela que serpenteaba a una altura considerable entre los árboles. Hicimos cálculo del tiempo que nos llevaría ir y volver (unas 2 horas y media), y entre eso y los 38 NZD que costaba por barba el acceso terminamos decidiendo que no merecía la pena. Es lo malo que tiene ir con un plan preestablecido, que no te deja tiempo para este tipo de cosas:


Ya sólo nos quedaban un par de horas hasta nuestro destino; pero antes de Fox Glacier teníamos que hacer al menos un breve parada en el otro glaciar, el Franz Joseph, aunque sólo fuese para echarle un vistazo. Tras atravesar el animadísimo pueblo, cruzando el puente a la izquierda está la estrecha carretera de 4 km. que lleva al parking. Allí dejamos el coche y nos metimos en el sendero que lleva a la base del glaciar en 45 minutos, según rezaban los carteles. Nos pusimos a andar y sacamos una bonitas fotos (teniendo en cuenta que los tres tenemos de fotógrafos lo mismo que de alpinistas, que quede claro), aunque no llegamos al final del camino. El tiempo, como escribí antes, se nos echaba encima, y no queríamos que nos atrapase la noche antes de llegar a nuestro alojamiento en el Fox:






Sólo quedaba ya, tras un largo día de viaje, llegar a nuestro destino final del día: el Ropatinis Homestay, un estupendo B&B de Fox Glacier regentado por Trish, una encantadora mujer que al igual que nuestros anfitriones de Nelson hizo todo lo necesario para que estuviésemos perfectamente cómodos en su casa:




Tras el check-in y con la información que nos facilitó Trish nos fuimos a tomar una cerveza al cercano White Pub, antes de la estupenda cena que nos tomamos en el Cafe Nevé en donde nos atendió una simpática camarera argentina y pudimos contemplar una puesta de sol espectacular:







Como Lupe estaba de cumpleaños nos invitó a la cena, no sin antes cantarle el consabido 'Cumpleaños Feliz' (que allí, por supuesto, convertimos en 'Happy birthday'...
); y acto seguido nos retiramos a descansar. Al día siguiente nos esperaba... ¡Queenstown!