Por la mañana y tras un buen desayuno y el check out, rumbo a Montalcino, con varias paradas programadas: Monticchiello, Pienza y San Quirico. El primero de ellos, Monticchiello, una cucada de pueblo. Pequeño, pero súper cuidado y súper limpio. No le faltaba un detalle al pueblo. Merece la pena subir, y desde aquí hay un mirador desde donde se ve Pienza al fondo, que está muy cerca.

Tras recorrer el pueblecito, nos fuimos para Pienza. Muy turístico, había mucha gente. La verdad es que es muy bonito. Además de por ser preciosos, es famoso por su queso. El pueblo está lleno de tiendas de queso espectaculares para los amantes del queso como yo.

Un recorrido por el pueblo y una cerveza después y nos fuimos rumbo a San Quirico d’Orcia, en el valle d’Orcia, que es donde se puede ver con más frecuencia los paisajes típicos de la Toscana con los cipreses bordeando los caminos de acceso a las villas.


San Quirico está bien, nada espectacular, pero si te pilla de paso…Tiene un par de iglesias muy bonitas. Como era la hora de comer y queríamos guarecernos del sol durante un rato, entramos en un restaurante que vimos en tripadvisor que se llamaba Trattoria al Vecchio Forno, donde comimos bien y barato.

La siguiente etapa era Castiglion d’Orcia. Fuimos, pero estaban cayendo 39 grados, y para subir al castillo había una cuesta que nos quitó las ganas. Probablemente era bonito, sobre todo las vistas, pero no se puede ver todo, y menos con ese sol de justicia. Asi que decidimos poner rumbo a Montalcino.
Nos alojábamos en la Dogueria e Locanda Franci. Probablemente sea una de las mejores habitaciones en las que me he alojado nunca. Espectacular la cama, espectacular la habitación, el trato…Carete, pero no le faltaba detalle. Es restaurante también, y os aconsejo que vayáis, aunque sólo sea a verlo…un espectáculo si te gusta el vino.


Tras descansar un rato nos fuimos a dar una vuelta al pueblo. Es precioso, mucho ambiente, enfocado sobre todo al vino, dado que aquí se hacen los famosos Brunellos de Montalcino, increíblemente buenos…y caros. Tras recorrer el pueblo, entrar en un par de iglesias, asomarnos a las puertas de entrada al pueblo y a sus miradores, acabamos en la fortezza, que está al lado del hotel, donde hay una enoteca estupenda, donde hicimos una cata de 6 brunellos espectacular. Tras ésta, pasamos por el hotel a cambiarnos y a cenar, en el restaurante del hotel que está muy bien. La carta de vinos podría tener 30 o 40 páginas…la comida muy bien. Esa noche en el patio de la fortezza había conciertos, y parecía que estaba la cosa animada, pero estábamos derrotados y tras un paseo para bajar la cena, nos fuimos a descansar.
Si te quedas en este pueblo más de un día, aconsejo la visita a alguna bodega y sus viñedos. Nosostros no lo hicimos ya que habíamos estado ya en unas cuantas en Chianti y Montepulciano, pero me habría gustado dada la calidad del vino que hacen aquí.



