Tras un desayuno espectacular que se curró mi mujer, nos pusimos rumbo al sur. La ruta: Pitigliano, Sovana, Sorano y Bagno San Filippo antes de volver con tiempo a Montepulciano para otra incursión en ese maravilloso pueblo.
Por no enrollarme mucho: sí o si hay que ir a estos pueblos. Espectaculares Pitigliano y Sorano, aparecen de pronto frente a ti como colgados de las rocas.



Son preciosos de fotografiar desde fuera, y muy bonitos de pasear en su interior. Bien vale la pena salirse de la ruta de la Toscana más turística para quedarte con estos pueblos en la retina. Decir que entre ellos hay muy poca distancia, y que como casi todos los pueblos de la Toscana, se ven rápidamente. Pero vale la pena pasear por esas callejuelas y asomarse a los numerosos miradores que tienen. Sovana es distinto a los anteriores. Para empezar es casi plano! Cosa rara en la Toscana. Es un pueblo muy cuco, básicamente consiste en una calle que empieza en el duomo y acaba en un castillo derruido. El duomo es increíble por dentro. Hay que pagar, pero es poco creo recordar. Desde fuera no parece lo bonito que es por dentro.


A la hora de comer ya habíamos visto los tres pueblos, por lo que decidimos comer en Sorano, en un restaurante que nos causó muy buena impresión y que no nos defraudó. Se llama Hostería del Borgo.
Tras una rica comida a base de pasta y vino, pusimos rumbo a Bagno San Filippo. Queríamos ver las termas de allí con su famosa “ballena blanca”. Son unas termas naturales como muchas que hay por la zona, en la que se ha formado una pared con unas formas muy curiosas y totalmente blanca, de ahí su apodo. Agua calentita y con el característico olor sulfuroso. Muy curioso de ver, buenas fotos, y ya que estábamos allí e íbamos preparados, pues nos pegamos un baño, que por cierto refrescar no nos refrescó nada.

Ya de vuelta en Montepulciano tras una duchita y cambiarnos, nos fuimos rápido antes de que cerraran a las 19:00 horas a las bodegas Redi…absolutamente espectaculares. Nada más entrar te dicen que son unas de las más bonitas del mundo…no lo sé, supongo que sí, a mi me encantaron, no os las perdáis. A la salida te dan a probar sus vinos, que están realmente buenos.

Esa noche queríamos haber cenado en el Acquacheta, un restaurante famoso de allí por sus bistecas, pero cometimos el error de no reservar y fue imposible. Para la próxima vez…Así que fuimos a otro que le habíamos echado el ojo y allí nos dieron mesa para las 10. Como eran las 8, paseamos Montepulciano para acabar en la enoteca que hay en la fortezza. Allí tenían el mismo sistema que en muchas enotecas en la Toscana con multitud de cavas dispensadores de vino mediante un sistema de tarjetas recargables. Así, puedes probar los vinos que quieras y en distintas medidas y precios. Pues como teníamos tiempo, probamos un montón de ellos, casi todos bastante buenos.

Ya a las 10 fuimos a cenar al restaurante reservado, la Osteria del Borgo, casualmente llamado igual que donde habíamos comido. Cenamos a base de carne y vino( ternera con trufa para mi mujer y solomillo al vino Nobile de Montepulciano para mí, regado con una botella de Dei, un nobile buenísimo y económico) y la verdad es que muy bien, tanto en precio como calidad.
Luego un paseo por las calles de Montepilciano por la noche, para bajar la cena y despedirnos de este maravillosos lugar y a casita.

