A las 7 de la mañana vuelvo al mismo lugar que estuve anoche para inmortalizar por última vez el Monte. Está amaneciendo y el día se presenta algo nublado.

Tras desayunar en el hotel (muy bien por cierto), emprendemos la última parte del viaje, que nos llevará a la Bretaña. Vamos bordeando la costa, lo que nos ofrece preciosas vistas hasta que por fin llegamos a nuestro primer destino de hoy: Cancale . Se trata de un pequeño pueblo pesquero, famoso por sus caladeros de ostras que me recordó en cierta manera a Cadaqués, en Girona.


Llegamos bastante pronto y aparcamos bien y gratis. Había poca gente en el Paseo Marítimo y la Marea estaba baja, era muy bonita la vista de las embarcaciones encalladas en la arena esperando que subiera la marea. Así que aprovechamos Claudia y yo para llenarnos de Fango hasta las rodillas. La sensación fue muy agradable, la recomiendo. Conforme vas adentrándote en lo que era agua, la sensación de que te hundes va aumentando. Parecen arenas movedizas. Pero es súper-divertido. Claudia lo pasó genial. Lo malo es que cuando sales cuesta muchísimo quitarlo… se queda pegado a la piel. De hecho gastamos un paquete entero de toallitas húmedas.



Mientras nos limpiábamos pudimos observar, sorprendidos, como los lugares donde hacía pocos minutos habíamos estado jugando estaban cubiertos de agua. La marea subía rápidamente y cubría ya las embarcaciones de la playa. Para los que no estamos acostumbrados es muy curioso de ver.
Abandonamos Cancale a media mañana sin probar las Ostras y nos dirigimos hacia Saint-Maló, uno de los emplazamientos más turísticos de la costa bretona, pero antes, decidimos pasar a ver el Pointe du Grouin, un escarpado saliente que encontramos saliendo de Cancale por la carretera de la costa. Es muy bonito pero es imposible aparcar, está a tope, con lo que lo vemos en pocos minutos casi con el coche en marcha y continuamos la marcha. Esta carretera está plagada de campings y playas recónditas que no visitamos, queremos llegar a Saint-Maló cuanto antes. Hoy es festivo en Francia y seguro que estará a tope.
Saint Maló es una de las ciudades más visitadas de Bretaña, con un puerto importante. Su centro histórico tiene la particularidad de estar amurallado completamente, construcción que se remonta al S. XIII. Es popularmente conocida como la Ciudad Corsaria.


Tras más de media hora de reloj dando vueltas en las colapsadas calles que rodean las murallas, la suerte nos abandona definitivamente: Reventamos una rueda con un bordillo en la entrada de un parking. Suerte que un caritativo transportista nos ayuda a colocar la rueda de repuesto. Perdemos casi una hora pero todo parece solucionado... de momento. Según su opinión con esta rueda podemos volver a casa…
Con el susto en el cuerpo nos han dado casi las dos del mediodía. Hora de comer. Sólo traspasar las murallas encontramos varios restaurantes con buena pinta. Empiezan a caer gotas y decidimos entrar en el primero que vemos una mesa libre: El Cafè de L’Ouest. El sitio es caro (unos 70€) pero se come muy bien. De hecho pude degustar los mejores “ Moules Frites”de todas las vacaciones, lo que unido a una buena sidra nos hace olvidar un poco el disgusto automovilístico.
Luce el sol cuando salimos del restaurante y nos disponemos a visitar la zona intramuros de la ciudad. Tras pasear durante un rato por la parte superior de las murallas, a los niños les apetece darse un baño y la verdad es que la marea baja y el bonito sol que luce invitan a ello.




Tras el baño damos por finalizada nuestra visita a la ciudad y decidimos partir hacia el destino final del dia de hoy: Vue de la Rance, una “Chambre d’hòtes” con mucho encanto. El viaje se hace ameno ya que los 27 Km de trayecto transcurren por unos preciosos parajes junto la río Rance. Pasadas las 5 de la tarde llegamos al destino, y tras el Check-in (260€ , desayuno incluido ; no se puede pagar con tarjeta) e instalarnos (pasaremos dos noches aquí), decidimos ir a visitar el centro de Dinan, que se encuentra a menos de 10 minutos en coche.
Dinan es uno de los lugares con más encanto de los que hemos estado. Sus calles desprenden magia, llenas de comercios, librerías, galerías de arte y restaurantes. Incluso podemos observar músicos Bretones tocando en alguna de sus concurridas plazas. El paseo nos lleva por el su castillo, compuesto por un torreón construido a finales del S. XIV, La Iglesia de San Malo, del S. XII , uno de los edificios más importantes del gótico flamígero de la región, y la Basílica de San Salvador, también del S. XII , con mezcla de estilos románico, gótico y barroco. El paseo finaliza en el mirador que hay junto a la catedral, en las antiguas murallas de la ciudad, desde donde se puede observar el puerto del río y un bonito paisaje.







Sobre las ocho nos disponemos a cenar. Nos encontramos en una gran plaza repleta de restaurantes, y finalmente optamos por una Creperia –pizzería que nos defrauda bastante. Estamos como una hora esperando a que nos sirvan, y muertos de frío (estamos en la terraza). La comida no es mala, pero el nefasto servicio hace que no nos sepa demasiado bien. Tras la cena nos retiramos a descansar. La casa tiene un bonito jardín con fantásticas vistas a un pueblecito junto al río. Mañana a 1ª hora, intentaremos arreglar la rueda pinchada antes de seguir con nuestro itinerario.
