Sin móviles, hasta el momento nos habíamos estado despertando con la alarma del reloj digital. No había fallado ni un solo día hasta ese, pero casualmente nos despertamos a las 5:00 en punto y tardamos un minuto en vestirnos y llegar a recepción. Nos estaban esperando los otros dos españoles y el barquero. Bajamos las escaleras del Meer Ghat y montamos en la barca de remos para surcar el Ganges.

Ya había bastante claridad y presenciamos un espectáculo único en el mundo: una ciudad muy viva a esas horas, con gente bañándose con y sin jabón, saltando al agua desde la orilla, barcas o plataformas, rezando, lavando la ropa, haciendo ofrendas y viendo la ceremonia matutina del Aarti.


Es alucinante ver todo lo que se cuece a orillas del rio, que es literalmente una balsa. Con una temperatura muy agradable, navegamos hasta el final de los ghats y regresamos por el mismo camino, yendo un poco hacia el otro lado para ver desde el agua el de Manikarnika, en el que las cremaciones eran contínuas a pesar de haber terminado ya las de la noche anterior. Los trabajadores barriendo las cenizas hacia el rio nos lo dejaron claro.

Regresamos al hotel y dormimos unas horas más. A media mañana, y ya superado en impacto inicial, nos lanzamos a las calles de Varanasi en busca de un supermercado para comprar sándwiches y snacks para el viaje en tren de la noche. Recorrimos la arteria principal de la ciudad y no encontramos ninguno, sólo tiendas en las que solamente encontrábamos bebidas, refrescos y bolsas de patatas. Cómo echamos de menos los 7 Eleven.

Con ese panorama, nos dedicamos a callejear y curiosear por el bazar hasta que llegamos al Golden Temple, muy difícil de ubicar por estar oculto en los callejones, lo que evita que sobresalga. Hay que tener el pasaporte para poder acceder y primero hay que pasar por un arco de seguridad. No puedes pasar con mochilas ni cámaras, así que hicimos turnos. Primero pasé el arco y me cacheó una mujer. Vio que llevaba un smart watch y me hizo salir porque no se podía entrar con eso. Se lo dí a mi novio y volvi a pasar… bajé por el callejón y en la entrada real otra mujer policía me mandó a un puesto "policial", donde tenían que registrar mi pasaporte. No estaban haciendo nada, pero me hicieron sentarme y esperar. Empezaron a pasar todas las páginas de mi pasaporte una a una, traquilamente, echando risitas entre ellos y haciendo ruiditos comentando cada sello. Sin apuntar nada, me lo devolvieron con sorna... a mi ya me habían tocado un poquito las narices. De nuevo en la entrada, me cacheó otra mujer y me hizo quitarme los zapatos… no quise dejarlos en la calle y los llevé en la mano… Vi el templo rápido porque me había molestado el tono y actitud que habían mostrado todos. Respeto normas y culturas, pero el trato recibido fue algo despectivo o al menos esa sensación es la que le llevé yo. Lo más destacable del templo eran las cúpulas de oro.
Mi novio después de que le contara mis impresiones no quiso ni entrar, así que regresamos al hotel a comer a las 15:00. Esa vez pedimos dos chapatis, un veggie roll, sándwich de queso y tomate y una paratha de cebolla, más agua por 460R.

Vimos a los dos chicos españoles y quedamos a las 5 para ir a ver alguna cosa. Había algún atractivo turístico alejado de la ciudad, pero ya era tarde así que nos decidimos por el más cercano y diferente: Sarnath, el pueblo budista. Negociamos 400R con un tuk tuk para que nos llevara y trajera y estaban bien merecidas, porque el trayecto era largo. Aunque parte de los principales atractivos del pueblo ya estaba cerrando, valoramos mucho su tranquilidad a 12 km de Varanasi. Este lugar es uno de los principales destinos de peregrinación budista en India, pues es ahí donde Buda realizó uno de sus primeros discursos, y a nosotros, algunas partes nos recordaron a Ayutthaya, salvando las distancias.

Visitamos las estupas, algunas derruidas, disfrutamos de los cánticos de los monjes, hicimos girar ruedas de oración y en general, nos alejamos un poco de la locura de la India, que nos vino bien.
Regresamos al hotel con el tiempo justo para recoger las cosas, mandar un email a casa y partir de nuevo a la estación por 100R en tuk tuk. Tocaba otra noche dura: un viaje largo en sleeper hasta Agra. Llevaba ese y el resto de billetes de tren comprados desde España casi dos meses antes de las fechas. En todos había podido conseguir mejores clases, pero en éste fue imposible.
Al no haber podido encontrar ningun super mercado en el que comprar algunos sandwiches o algo similar, cenamos de nuevo atún, biscotes y patatas en la estación… muy pobre pero al menos nutritivo. El tren por suerte vino en hora y ahí si que nos aseguramos de que estábamos en el vagón y asientos correctos. En el billete de internet viene mejor especificado.
A mi me tocó una litera inferior y a mi novio la de arriba, de las que van paralelas a las ventanas. El resto, son de 3 pisos. A nosotros en un principio nos respetaron, pero en el resto de camas había sentadas como 6 personas en cada una. Cuando los que tenían cama asignada se quisieron dormir, el resto, que viajaba sin billete, se tuvo que apañar. Unos dormían en el suelo, en el espacio para los equipajes, otros se acomodaban como podían , llegando a tumbarse 3 hombres una cama, otro se sentaba y apoyaba la cabeza en la parte de arriba de los ventiladores, otros pasaban la noche de pie y otros se sentaban en los centímetros que quedaban libres en cualquier litera. Hubo un momento en el que pasó un revisor y no pidió billete a nadie a pesar de que ni siquiera podía poner un pie en el suelo… Estaba toda la superficie llena de gente tirada.
La verdad es que fue una noche larga y dura. La cama era pegajosa e incomodísima y yo me estaba rompiendo la espalda. No conseguía dormir porque estaba completamente alerta por las maletas, el aire era pesado y para colmo, se puso a llover y no podíamos cerrar mi ventana del todo. Cuando echaba alguna cabezada, me acababa despertando al cambiar de postura porque notaba que golpeaba con los pies a alguien que se había sentado en mi cama. La verdad es que daba pena ver a gente de pie todo el rato y algunos les invitaba con un gesto a sentarse a los pies de mi cama, pero también me tocó ponerme seria con otros que directamente se sentaban, piernas dentro incluidas, sin hacer el amago de pedir permiso.

Mientras todo esto ocurría y según el día amanecía, empezaban a pasar vendedores ambulantes de chai, pakoras y hasta de garbanzos (chana masala), además de gente que te arreglaba las cremalleras de mochilas y maletas en un momento.
A pesar de que el tren salió en hora, durante el trayecto fuimos acumulando 3 horas de retraso. A las 7:00 empezamos a estar atentos a cualquier señal que viéramos, pero gracias a un viajero que hablaba inglés, nos enteramos de que teníamos para rato. Nos lo enseñó en su móvil y ya fuimos el resto del trayecto hablando con él, de su vida en la India y la nuestra en España. Una cosa que me hacía gracia era que me preguntaran si mi novio era mi marido. Yo decía que no, y entonces pasaban a preguntarnos si éramos hermanos. Desde luego, tienen un concepto de la vida muy distinto al nuestro. Le intenté explicar que en Europa había muchos jóvenes que vivían juntos y no se casaban e incluso tenían hijos y no pasaba nada, lo caras que son las bodas y lo poco necesarias que realmente resultan.... Le parecía todo una locura. La magia de viajar otra vez…
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
- Comida: 460R
- Tuk tuks: 300R
- Snacks varios y agua: 120R
Total: 880R