
Como amaneció completamente despejado las tortugas debía hacer mucho que la última había regresado al agua, así que nos contentamos con ver sus huellas recientes sobre la arena.
Para hacer tiempo a que llegara la hora del desayuno aprovechamos para ver el jardín botánico del hotel, que a esa hora estaba plagado de mosquitos, así que hicimos una visita rápida rápida.
Desayunamos y a recoger las últimas cosas del equipaje que nos tocaba día de traslado a Puerto Viejo.
La vuelta al embarcadero de La pavona la realizamos divididos por idiomas pero las maletas viajaban con nosotros.
El viaje en la lancha fue a más velocidad, pero eso tampoco quitaba para que si en algún momento veían algún animal interesante aflojaran la velocidad.
En la Pavona, cada uno con su equipaje esperamos al autobús que nos llevaría de nuevo al restaurante donde desayunamos el día de llegada a Tortuguero y que era el punto en el que cada uno tomaba una ruta distinta, así que llegó el momento de las despedidas de algunas amistades que habíamos hecho y que sabíamos que nuestros destinos eran distintos.
Nosotros realizamos el recorrido con Interbús ya que no queríamos conducir, así que todos los desplazamientos por Costa Rica serían sin coche alquilado.
Después de la comida nos recogieron en el trasporte turístico, una especie de furgoneta en la que íbamos 10 personas en dirección a Puerto Viejo, una vez allí nos fueron repartiendo por los distintos hoteles, en nuestro caso era el Azania Bungalows.
Llegamos a Puerto Viejo sobre las 16:30 después de recorrer una carretera con mucho tráfico, ya que en Limón se está construyendo el puerto de mercancías más grande de Sudamérica, eso, junto con la manera de conducir de los costarricenses hacía que cada vez nos felicitáramos más por haber escogido la opción de no conducir.
Una vez en Puerto Viejo, un pequeño pueblo un tanto destartalado, se continuaba camino unos dos km ya que nuestro hotel se encontraba frente a la playa Cocles. Este trozo se encontraba en obras y el poco espacio de carretera estaba compartido entre maquinaria, peatones, el tráfico a motor y muuuuchas bicicletas.
El hotel muy bien, consta de 10 cabañas muy típicas repartidas por un jardín de los habituales en Costa Rica, pero ya a la llegada te avisan de la inseguridad en la zona, sobre todo a horas nocturnas y en este país anochece a las 17:45.
Después de instalarnos hicimos el intento de llegar al pueblo pero rápidamente las condiciones de la carretera nos hicieron desistir de ello y dado que ya estaba anocheciendo optamos por disfrutar de la piscina, tomarnos una cervecita y cenar en el restaurante del hotel, así que tarde de relax.