Nos costó salir de Los Ángeles. La reparación del coche fue más complicada de lo previsto. Pusimos nuestra suerte en manos de un mecánico armenio que nos cambió los frenos completamente a un precio más que desorbitado. Esperemos al menos que los frenos respondan como nuevos y que no le salgan más cosas a nuestra casa ambulante. El caso es que el lunes dedicamos el día al relax y a dar una vuelta por el Glendale Galleria, el centro comercial más grande de Los Ángeles y próximo a nuestro motel, mientras terminaban con el coche.
El martes, ya con el coche a punto, abandonamos Los Ángeles por la costa, hacia el norte visitando en primer lugar Malibú, lugar mítico para los surferos y de enormes residencias de la gente bien, como la de la Barbie Malibú.
Surferos en Malibú, aunque ese día las olas no eran especialmente grandes:
Malibu (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrPaseando por la playa de Malibú y probando el Pacífico:
Malibu (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrMás al norte se encuentra Santa Bárbara. Un lugar del que no sabíamos nada y que nos encantó. Tiene un muelle muy curioso al que puedes entrar en coche, una línea de playa con largas palmeras impresionantes, y un centro histórico reconstruido con aires hispanos, en el que había una feria de granjeros locales vendiendo sus productos, todo colorido y suponemos que sabroso porque no compramos nada. También cuenta con una más de las misiones que fundó fray Junípero Serra a lo largo del Camino Real que se extiende entre Los Ángeles y San Francisco.
Santa Bárbara. Gran playa llena de estilizadas palmeras:
Santa Bárbara (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrPaseando por el enorme muelle de Santa Bárbara:
Santa Bárbara (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrMercado de granjeros locales. ¡ Que buena pinta ! :
Santa Bárbara (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrLa misión de Santa Bárbara y fray Junípero Serra:
Santa Bárbara (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrTerminamos el día en Morro Bay, una reserva natural con una laguna salada pero protegida del mar abierto por una cadena de dunas, y un peñasco de basalto tipo peñón de Ifach. Muy pintoresco de no ser por las tres chimeneas gigantes de una central térmica construida en la misma costa. ¡ Vaya engendro !
Postal de atardecer en Morro Bay personalizada:
Morro Bay (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrVista de Morro Bay sin la central térmica:
Morro Bay (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrPlanificando la ruta del día siguiente, vimos que el castillo Hearst estaba a una distancia razonable para ir a visitarlo. ¿Que qué es el castillo Hearst? Este hombre fue un magnate de los medios de comunicación allá por los años veinte y sirvió de inspiración para el Ciudadano Kane de Orson Welles. El caso es que en una enorme finca heredada junto al mar, y en lo alto de una colina, este buen hombre se construyó un palacio estilo neogótico que más parece una catedral que una casa. En el palacio puedes encontrar techos españoles originales del siglo XV, chimeneas francesas del XVII o esculturas griegas y romanas. Todo lo que el dinero puede conseguir. Como siempre pasa, al final el buen hombre se murió y ahí quedó todo para disfrute de turistas, que por cierto van a mansalva.
Acceso al castillo-palacio:
Hearst castle (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrLa piscina y su entorno, una imitación de palacio romano:
Hearst castle (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrLa piscinita cubierta. No te dejan ni darte un baño a pesar de haber pagado la entrada:
Hearst castle (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrDejamos las costa del Pacífico para adentrarnos en Sierra Nevada. La verdad es que un aire a las Alpujarras, sí tiene, pero en vez de pueblos blancos, lo que tiene es un magnífico bosque de sequoias gigantes. Es un lugar único, mágico, impresionante. El Bosque de Barriguitas, una mierda a su lado. Los humanos nos convertimos en hormigas, no solo en tamaño sino también en tiempo, al lado de estos gigantes de más de dos mil años de antigüedad. Dormimos en un camping dentro del propio Parque Nacional. A primera hora de la mañana, es decir a las siete, darse un paseo hasta unas cascadas cercanas tiene la recompensa de poder encontrarte en el camino tú solo frente a un oso y su osezno. Una experiencia única. No solo un oso, también un cervatillo, una marmota, o un montón de ardillas. Sin más gente alrededor. Una gozada.
Salir a dar un paseo matinal y encontrarte con un oso, no tiene precio:
Sequoia N.P. (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrUna marmota oteando el horizonte:
Sequoia N.P. (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrMás tarde empezó a tronar y a caer agua y granizo a mares, tanto que pensamos que no podíamos seguir con la visita al bosque. Afortunadamente el tiempo nos dio un respiro y poco a poco fue despejando para que pudiésemos disfrutar de la belleza de las sequoias (árbol que por cierto, tiene las cinco vocales…). Completamos la jornada con la visita al Kings Canyon con la garganta más profunda de Estados Unidos (y no tiene nada que ver con pelis porno).
Vaya tronco, ¿no? :
Sequoia N.P. (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrEn el bosque de las sequoias, los humanos no somos nadie:
Sequoia N.P. (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrEl Kings Canyon tampoco está nada mal:
Kings Canyon N.P. (California) by Juan Hernando Martín, en FlickrCamino de Yosemite, hemos encontrado un camping estatal prácticamente vacío al lado de un lago, y como hemos llegado bastante tarde, ya no había nadie controlando el acceso, así que nos hemos instalado, esperando no vengan a echarnos a mitad de la noche. Si mañana madrugamos, y cuando nos vayamos sigue sin haber nadie en la garita, nos iremos “by the face” (es decir, por todo el morro).
