Empezaremos el día visitando el ayuntamiento de la ciudad y para eso tomamos la Saikyo Line en Akabane para apearnos en Shinjuku que es la estación de trenes más transitada del mundo, por ella pasan cada día más de dos millones de personas. Aquí paran todas las líneas de los trenes JR, además de tres líneas de metro, Shinjuku (S), Oedo (E) y Marunouchi Line (M). También parten de aquí los trenes Odakyu Line, en dirección Hakone o Kamakura entre otros destinos. En unos 25 minutos estamos en el ayuntamiento.
Shinjuku es el barrio de los rascacielos y el Edificio del Gobierno Metropolitano se encuentra allí. Fue construido en el año 1991 para albergar las oficinas del Ayuntamiento de Tokio. Durante dos años fue el edificio más alto de Japón, aunque hoy en día sigue siendo uno de los más altos de Tokio, sin contar las torres de comunicación.
Está formado por dos torres gemelas de 243 metros de altura, con un mirador en ambas a una altura de 202 metros, en la planta 45.
En la primera planta alberga la Oficina de Turismo, donde pudimos encontrar mapas e información en distintos idiomas. Además se pueden contratar visitas guiadas gratuitas ofrecidas por voluntarios, sólo disponibles en inglés.
La torre norte está abierta todos los días, en horario de 09:30 a 23:00 horas. La sur tiene un horario más restringido, de 09:30 a 17:30 horas. Permanecen cerradas los días 29, 30 y 31 de diciembre y el 2 y 3 de enero. Además el observatorio sur cierra el primer y tercer martes de cada mes y el norte el segundo y cuarto lunes de cada mes. La entrada es gratuita.


Ni que decir tiene que las vistas son impresionantes, allí arriba encontramos una tienda de souvenirs y una cafetería. Se nos fue el tiempo tomando fotos de la gran megalópolis.
Nuestra siguiente visita es al Santuario de Meiji Jingu. Está cerca pero no es cuestión de cansarse y como el trayecto nos lo cubre el JR Pass tomamos la línea Yamanote desde Shinjuku hasta la estación de Harajuku y allí mismo hacemos la entrada en el santuario.
Se trata de uno de los santuarios sintoístas más populares de todo Japón, dedicado al primer emperador del Japón moderno, el emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. Está rodeado de un bosque de 120.000 árboles de diferentes especies, al lado del Parque Yoyogui, en pleno centro de Tokio, y es un lugar de descanso y relax ideal, a pesar de estar en una de las zonas más bulliciosas de Tokio.

La entrada al santuario está marcada por varios torii enormes de madera y cobre, que llevan la figura de un crisantemo, la flor que aparece en el blasón de la familia imperial.
Los barriles de sake, ofrenda típica en estos santuarios también está presente en el camino que nos lleva hasta el edificio central.
Ahora nos dirigimos a la famosa calle Takeshita-dori que es la más popular y concurrida del distrito de Harajuku, conocido éste por ser el corazón de la cultura Kawaii en Tokio.
Se trata de una calle de medio kilómetro atestada de viandantes y multitud de comercios de ropa, accesorios, peluches y todo tipo de elementos con referencias recurrentes a motivos femeninos e infantiles. Y chicas con los pelos de colores vestidas con encajes, volantes, lacitos y medias blancas hasta rodilla arriba. No salimos indiferentes de esa calle, extraño fetichismo el que gastan estos japoneses con su peculiar cultura pop.

Salimos de Takeshita y nos dirigimos a Shibuya. Por el camino nos metemos en un edificio de tantos que albergan restaurantes y encontramos uno ¡español! Como alguno de los miembros del viaje ya estaban un poco hartos de tanta vianda nipona decidimos entrar y comer allí. Definitivamente el visitar un país extranjero y comer en un restaurante supuestamente de comida española es una experiencia de riesgo. La paella parece igual pero sabe sopechosamente diferente, la tortilla de patatas ya ni te cuento y las patatas bravas japoneaban. De todas maneras conseguimos calmar el apetito.
Después de comer llegamos a Shibuya y contemplamos el centro neurálgico por excelencia de Tokio de día, todo un espectáculo, se dice que cada vez que se abre el semáforo de ese cruce peculiar, más de 1000 personas lo cruzan a la vez. Algo que tampoco deja indiferente en Tokio es el “silencio de la masa”, los japoneses son silenciosos hasta cuando circulan en tropel por la ciudad, los automóviles de última generación no generan demasiado ruido, no se oyen pitos y muy pocas sirenas. El uso de la bicicleta está también muy extendido. El móvil para hablar lo tienen muy restringido sobre todo en los transportes públicos, todo esto hace que esta ciudad en la que viven más de 35 millones de personas sea sorprendentemente tranquila y muy poco ruidosa.

Después de tomarnos un café por la zona nos disponemos a visitar el próximo destino: Akihabara, el barrio tecnológico. Para ello tomamos el JR Chuo/Sobu Line Local Service for CHIBA, serán unos 20 minutos y ya estaremos en Akihabara, el paraiso de los tecnófilos, allí encontramos todo tipo de aparatos electrónicos y digitales, incluso tiendas con componentes electrónicos básicos.
Acabada la visita en este barrio tomamos transporte hasta la estación de Korakuen, para eso consultamos Hyperdia, en poco menos de un cuarto de hora llegamos y buscamos nuestro siguiente punto de interés, el edificio del Centro Cívico de Bunkyo en el que encontramos un magnífico mirador en la planta 25. No son muchos pisos pero la situación es estratégica y la panorámica es inmejorable, rascacielos de Shinjuku e Ikebukuru y monte Fuji incluido. Valió la pena la visita, además estuvimos solos, apenas había visitantes en este mirador, pudimos deleitarnos tomando fotos a discreción de la bonita puesta de sol.
Nuestras visitas por hoy han acabado, volvemos a Akihabara tomando el transporte en el que hemos venido y allí tomamos el JR Keihintojoku Line hasta la estación de Akabane donde regresamos a nuestro hotel, será una media hora de viaje. Esta noche cenaremos en la habitación del hotel y echaremos unas risas tomando unas copitas de cava que nos supieron a gloria en la reducidas dimensiones de una de nuestras habitaciones.