Viernes, 11 de Agosto:
Teníamos por delante un día de transición sin mucho interesante que ver o hacer. La comunicación entre Takayama y Kawaguchiko (nuestro próximo destino) con líneas JR no es precisamente buena y teníamos que coger 5 trenes, el último de los cuales ni siquiera estaba incluido en el JR PASS. Al principio del diario comenté que el pase te permite reservar asientos sin un coste adicional, y hasta ahora no habíamos tenido problema con eso. Solíamos sacar el billete dos días antes de cada viaje, a veces el día anterior, pero para uno de los trayectos de esta jornada nos fue imposible, estaba todo agotado. En concreto fue el tramo Nagoya-Shoijiri, de casi dos horas de duración. Por primera vez teníamos que recurrir a vagones de asientos no reservados y aquello estaba petado de gente, así que algunos nos pasamos gran parte del recorrido de pie. Era viernes, y justo esos días empezaba el Obón, la festividad que honra a los muertos y que muchos japoneses aprovechan para viajar dentro del país y visitar a sus familias y sus lugares de origen.
En Otsuki tuvimos que comprar un billete de la compañía privada Fujijyu Raylway, que es la que da servicio a la zona de los 5 lagos del fuji y donde no llega JR. El tren que nos llevó era curioso, estaba tematizado con dibujos de Thomas Land, la parque infantil del parque de atracciones Fuji-Q Highland, que visitaríamos dos días después.

Teníamos muchas ganas de llegar a esta zona de Japón y poder ver el monte Fuji, de hecho nuestra intención era dejar las maletas en el hotel e ir a la pagoda Chureito, en Fujiyoshida, para ver una de las más típicas imágenes de Japón, la pagoda con el Fuji al fondo, pero el cielo estaba todo cubierto y gris y amenazando lluvia, así que no había ni rastro del gigantesco volcán. Yo iba dispuesto a madrugar si hacía falta todos los días para poder ir a este sitio, pero no hubo suerte y en todo el tiempo que pasamos por la zona estaba nublado prácticamente todo el tiempo, y más por las mañanas, ási que nos quedamos sin ver esto

Nos bajamos en la estación de Kotobuki, prácticamente un apeadero, y nuestro hotel quedaba a unos 5 minutos andando, entre esta estación y la siguiente, Yoshikeonsenmae, a mitad de camino. Reservamos en esta zona porque en Kawaguchiko o lugares más cercanos estaba todo con unos precios prohibitivos. El hotel elegido fue el Business Hotel Fujimi, cuya mejor virtud es la amplitud de las habitaciones, algo poco habitual en Japón, ya que en general era un poco cutre. También tenía un combini a pocos metros, lo que te facilitaba el poder comprar cosas para desayunar o cenar.


El trayecto desde la estación al hotel se hizo largo, ya que ya estaba lloviendo y las aceras de la carretera eran estrechas para ir con maletas, y cuando llegamos la impresión del hotel no pudo ser peor. Estaba oscuro, vacío, sin nadie en recepción... llamamos a un timbre y apareció un señor que volvió a demostrarnos la legendaria amabilidad japonesa. Al menos en el camino hasta el hotel descubrimos un sitio que nos llamó la atención. ¡¡Un chino!!

En nuestro grupo de amigos vamos casi todas las semanas a cenar a un chino y tenemos por costumbre cuando viajamos probar al menos un chino de cada país. En japón todavía no lo habíamos hecho, lo teníamos reservado para el día que visitáramos Yokohama y su chinatown, pero al tenerlo tan cerca y no tener nada más que hacer decidimos ir esa misma noche a cenar ahí, al menos Víctor, Mar y yo. Resultó que estaba bastante bueno y no era caro, así que nos quedamos satisfechos y volvimos un par de noches después.
El resto de la tarde la pasamos jugando a juegos de mesa que habíamos llevado, el Hanabi y el Shushi-go, ambos de temática japonesa

