Nos despertamos muuuuy temprano, bueno… en plena noche. Nuestro vuelo salía a las 7:15, con lo cual estábamos saliendo de casa antes de las 5 de la mañana, mientras todos los miembros de la familia me recordaban que el próximo viaje no hace falta que los vuelos nos permitan tener todos los días tan completos si eso supone madrugones de este estilo. Apuntado.
El vuelo, con Lufthansa, una maravilla. Mis hijos, que están acostumbrados a volar con compañías low cost, no paraban de decir que les encantaba. Nos dieron desayuno y chuches. Llegamos en hora, y una vez en Múnich, encontramos sin ninguna dificultad el tren para llegar a la estación central. Compramos el billete de grupo para el transporte público por 24,30€.
Nos alojábamos en el Hotel Eder, muy cerca de la estación central. Ya se ha comentado en el foro, buena zona en cuanto a comunicaciones y cercanía con la zona monumental de la ciudad. Locales de juego y cierto ambiente callejero en los alrededores, pero nada que nos pareciera inseguro. El hotel, nos pareció todo un acierto. La única pega que tiene es no tener ascensor. Nosotros habíamos escrito con antelación para comentarles que nos preocupaba porque viajábamos con bastante equipaje, y fueron encantadores. Nos dijeron que nos dejaban reservada la habitación cuádruple de la primera planta, y así fue.
Es un hotel sencillo, pero la habitación era más amplia de muchas de las que nos hemos encontrado en hoteles de supuesta mayor categoría. Particularmente limpio, camas y almohadas cómodas, y un desayuno buffet con productos de buena calidad (embutidos, quesos, panes, bollería, zumos…) El personal de recepción amable y dispuesto.
Dejamos las maletas y nos encaminamos hacia Marienplatz. En principio, habíamos reservado un tour con Sandemans, que salía a las 14h, pero decidimos anularlo porque no sabíamos cuánto tiempo íbamos a tener para comer ( y ya me remordía la conciencia no haberles dejado dormir, como para llevarles también sin comer). No nos importó, y disfrutamos mucho del día a nuestro ritmo.
En Marienplatz había una especie de feria del deporte, con varias zonas en las que los niños podían participar en diversas pruebas. Estuvieron escalando, montando en patinetes, y haciendo recorridos en sillas de ruedas o con los ojos vendados. Muy bien organizado, fue una experiencia divertida.
Después, nos acercamos hasta Viktualienmarkt, donde empezamos a degustar las cervezas muniquesas y las especialidades gastronómicas. Nos fuimos directamente a por un enorme codillo y unas weisswurst. Allí estuvimos sentados con una pareja de Frankfurt y otra italiana, charlando sobre nuestros viajes y sobre los partidos de fútbol de los próximos días (fuimos durante el mundial, y tanto España como Alemania aún no habían sido eliminadas). Nos aconsejaron un evento de Red Bull que se celebraba en Olimpiapark, y estuvimos pensando en acercarnos por la tarde, nos lo apuntamos por si acaso.
Decidimos encaminarnos a los Englischer Garten. Cogimos el metro y en breves minutos, allí estábamos. En mitad de un inmenso parque lleno de vida. Hacía una tarde estupenda, con sol y nubes, y una temperatura de alrededor de unos 20ºC. Aquello estaba lleno de gente pasando la tarde, con sus cervecitas enfriando en el río y charlando en animados grupos. Nos sorprendió, en general en toda la ciudad, pero en particular en los jardines, la enorme cantidad de gente que utiliza las bicicletas como medio de transporte habitual. Y nos empezaba a apetecer imitarles.
Nos sentamos un rato en el césped, mientras veíamos el ambiente. Y después comenzamos a pasear, buscando la famosa ola en la que vimos a los surferos de la ciudad, un pequeño estanque, una cascadita, el pequeño cerro con el Monopteros y la Pagoda china. Junto a ella, está uno de los más famosos y enormes Biergarten de la ciudad, y decidimos hacer otra parada técnica. Seguimos degustando especialidades (aquí añadimos nuestro primer apfelstrudel, aunque no sería el último). Y estuvimos un rato disfrutando del solete y de la música que estaba tocando en la pagoda una banda cuyos componentes estaban ataviados con los trajes típicos bávaros. Después, los chicos quisieron disfrutar de una zona de columpios y encontraron unos compañeros para jugar al fútbol, así que nosotros prolongamos unos minutos más esa parada.
Cuando quisimos dirigirnos a Olympiapark, se había acabado el evento de Red Bull y empezaba a llover. Decidimos entrar a ver el BMW Welt, que nos pareció curioso. Bueno, a mi marido y los chicos les gustó mucho. Yo no soy muy amante del mundo del motor, la verdad. Me resultó muy curioso el espacio físico, el propio edificio y su luminosidad.
Empezábamos a acusar el cansancio del madrugón y dimos por bien aprovechado el día, de forma que nos fuimos a la habitación del hotel, aprovechando que había un partido y a los chicos les parecía buen plan para terminar el día.



