Lo bueno que tenemos como familia viajera es que somos todos muy madrugadores. No desentonamos nada en Europa, y de esta forma nos cunden los días un montón. Además, como el invento de la persiana no es algo que triunfe por esos lares, no necesitamos ni siquiera despertador, y a las 8 de la mañana ya estamos todos duchados, vestidos y dispuestos a bajar a dar cuenta del desayuno. Estamos hambrientos, porque el descontrol del primer día nos hizo hacer en la Pagoda de los jardines ingleses una merienda-cena extraña a una hora muy temprana.
Una vez atracado el buffet del desayuno, y con energías para afrontar el día, nos encaminamos al Deutsches Museum. En él pasamos toda la mañana, pues cuando nos parecía que ya habíamos visto un montón de exposiciones, nos encontrábamos con otra zona que nos resultaba interesante. Hay una zona dedicada a los transportes marítimos, los aéreos, la energía, la minería, la física, un planetario…
Al salir, paramos cerca de Isartor a comer. Nos decidimos por un restaurante vietnamita para comer en la terraza puesto que el tiempo nos estaba respetando.
De nuevo, fuimos hacia el centro de la ciudad, a ver Marienplatz sin los tenderetes de la feria deportiva del día anterior, y a visitar St Peter, subiendo al campanario para ver las famosas vistas de la plaza y la Frauenkirche. Caminamos por la zona de la Residenz y la Ópera, y paseamos por Maximiliamstrasse.
Nos acercamos a ver la famosa cervecería Hofbrauhaus, que nos pareció curiosa pero demasiado llena de gente para sentarnos un rato a relajarnos. Así que nos sentamos de nuevo en las mesas de la calle de una cervecería que hay justo enfrente.
En ese momento decidimos ir a pasear por Olympiapark antes de ir a cenar, puesto que el día anterior no habíamos visto nada. Llegamos y dimos una vuelta mientras veíamos a grupos de gente entrenando con los monopatines, jugando a volley playa y montando en bici por todas partes. Nos gustó sobre todo el ambiente.
Después, empezó una cierta dificultad para afrontar el momento de la cena. Después de descartar Hofbrauhaus, nos dirigimos a Augustiner am Platzl. Nos costó que nos facilitaran la carta en inglés, y después de dudar con ella un buen rato, cuando fuimos a pedir, los platos que nos apetecían se le habían acabado…


