13 de agosto
El restaurante del hotel dispone de un desayuno bastante aceptable, un buffet libre en el que se puede uno servir lo normal en estos casos. Hemos dormido bien. A nosotros nos ha tocado la buhardilla, que tiene su aquel romántico, pero obliga a subir hasta arriba con la maleta. Las habitaciones triples y cuádruples son enormes y tienen el encanto de lo antiguo, aunque algún mueble que otro tiene demasiado “encanto” y no estaría de más sustituirlo. En concreto alguna cama auxiliar dejaba bastante que desear, sobre todo si tu espalda está castigada por el viaje y los años. En general las habitaciones son correctas aunque a una de nuestras familias la alojaron en una que estaba justo en la edificación de enfrente y presentaba alguna deficiencia más acusada en el baño y en el mobiliario. La ubicación, obviamente, ideal.


Sighisoara es una preciosa ciudad sin nada demasiado particular que ver pero estupenda para pasear, detenerse y admirar. En la oficina de turismo te atenderán de maravilla. Un buen plan es recorrer su muralla y los diferentes bastiones que la van jalonando, disfrutar de las vistas y sacar miles de fotos, a cada cual más sugerente. La ciudad está muy bien conservada y los hitos más importantes para visitar son las diferentes torres (Turnul) como la de los herreros, los carniceros, los tintoreros o la de los sastres. Por supuesto la más importante, la del Reloj que es el símbolo de esta ciudad. Es lunes y nos es imposible visitarla y subir a su torre para gozar de las vistas.

No hay que dejar de subir por las escaleras de los estudiantes que llevan hasta la Biserica din Deal (Iglesia de la Colina) y desde la que hay unas buenas vistas sobre Sighisoara. La basílica en su interior no tiene gran cosa que ver. Al lado hay un cementerio para quien guste de visitarlos y me atrevería a decir que tiene más interés y encanto que la propia iglesia.
La casa de Vlad Tepes es absolutamente prescindible por dentro, salvo que se vaya a comer: no se come nada mal aunque el servicio no es muy diligente que digamos. Nosotros estuvimos cenando y a mí la comida me gustó y el precio fue, para ser el sitio turístico que es, razonable. Arriba del todo hay una habitación y tienen un hombre tumbado en un ataúd. Cuando llegas y estás echando una foto, de pronto se levanta y te da un susto o así. En fin, totalmente prescindible; uno se puede ahorrar los 7 lei que cuesta.
Bajando por strada Turnului desde la torre del reloj se llega a Piata Hermann Oberth. Tiene un entorno agradable, con una terraza bonita, la del restaurante la Perla, ideal para tomarse un par de cervezas y ver la vida pasar. Hay otras dos terrazas, estas más amplias en las que se puede comer pizza, ensalada y beber un par de cervezas todo por 73 lei para dos personas, unos 16 euros. Las raciones más que suficientes. Nosotros estuvimos en la pizzería La Piazzeta.


El día es caluroso y una parte del grupo decide relajarse en una piscina. Hay un lugar que ofrece la posibilidad, sin necesidad de estar alojado allí, de bañarse en su piscina a cambio obviamente de pagar una entrada que es de alrededor de 20 lei. Es la [url=https://www.booking.com/searchresults.es.html?aid=7994077&aid=;label=seogooglelocal-link-imagesaow-hotel-306045_grp-1_gendate-20180821;sid=e0d1908af106c44dbd33bddc65505fac;checkin=2018-10-01;checkout=2018-10-02;city=-1170266;highlighted_hotels=306045;hlrd=without_av;redirected=1;source=hotel&]pensión Aquaris[/url]. Ahí lo dejo por si a alguien le interesa.
Hay también un café en la plaza muy coqueto y al que interesa entrar. Suele cerrar para la noche pero durante el día tienen repostería típica, café, té o una especie de limonada muy popular en Rumanía. Es un buen sitio para sentarse y disfrutar de piata Cetatii. Son bonitos el paseo y el parque que hay delante del ayuntamiento, el edificio más grande de la ciudadela. Buenas vistas sobre la ciudad que se extiende por debajo.
Leemos también que en los montes que cierran la ciudad por el suroeste hay una explanada con robles centenarios. Se puede ir andando desde la propia ciudad en un recorrido que no lleva más allá de una hora. También se puede acceder en coche por la carretera 14 dirección Danes y coronado el pequeño puerto, se coge un camino a la izquierda que con cuidado, te pone arriba en la planicie. Es cierto que hay algunos ejemplares notables pero nada que alguien acostumbrado a andar un poco por la naturaleza, no haya podido ver antes. Yo emplearía el tiempo en otra cosa, salvo que te sobre y te apetezca pasear. Cuidado arriba con los perros que guardan un rebaño.

Como he dicho, cenamos en la casa de Vlad Tepes y después tomamos una cerveza en la plaza aunque no tenemos la suerte que tuvimos ayer: no hay concertista para alegrarnos la noche y el alma. ¡Qué le vamos a hacer! Si se nos diese todos los días, quizás no lo apreciaríamos tanto. Nos retiramos a descansar pues ha hecho calor y mañana hay que seguir haciendo kilómetros. Nos deja un estupendo sabor de boca esta ciudad patrimonio de la Unesco y nos vamos con pena.