A las 05:00 pusimos rumbo al aeropuerto de Bangkok, camino a Singapur donde dormiríamos una noche antes de dirigirnos a Bali. Tras un pequeño susto con el avión (detectaron un fallo antes del despegue que nos retrasó una hora) llegamos a Singapur y nos quedamos impresionados nada más salir del metro (sí, aquí los tuk-tuk desaparecen), es como Bangkok, pero 30 años después...

Tras realizar el Check In en el Elizabeth Hotel, nos vamos al centro, que esto promete y no hay tiempo que perder.
Primera parada en Chinatown ya que el hambre apretaba y aquí, en Smith Street sobre todo, oferta no nos va a faltar. Son numerosos en Singapur los Hawkers, lugares con multitud de puestos de comida callejera donde coges lo que te apetece y con un montón de mesas al lado para sentarte a comer. Esto para un amante de la gastronomía como yo, es lo que viene siendo un paraíso. Cada puestecito se especializa en un plato en concreto, probamos varias cosas, todas deliciosas, pero para el recuerdo queda una tortilla de ostras que un señor hace diariamente en mitad de esta calle. Todos los días cocinando tortillas de ostras, ¡¡cómo no van a estar de escándalo!!
Tras el atracón dimos un paseo por la zona. Muy bonito el cercano Buddha Thoot Relic Temple o el algo más alejado templo chino Thian Hock Keng en Telok Ayer Street.

Pasamos también por el Maxwell Hawker Center, uno de los Hawker más populares, pero sólo para verlo, no podíamos dar un bocado más.

Comenzaba a atardecer, así que pusimos rumbo hacia el Marina Bay Sands, el edificio más fotografiado de Singapur y en cuya azotea se extiende un mirador maravilloso, todo un imprescindible en la ciudad. Las entradas ya las habíamos obtenido por internet, así que subimos directamente a la planta 57 desde el acceso, situado en la torre norte. Las vistas nos dejaron anonadados. No se lo pierdan.

Al bajar, creímos que merecía la pena pasear rodeando la bahía. Cruzamos el lujoso centro comercial de Marina Bay y caminamos hacia el famoso Merlion situado frente a nosotros. Un paseo agradable admirando todos los edificios que nos rodeaban y el buen ambiente que se respira, con grupos de gente haciendo deporte, paseando o simplemente sentados frente a la ciudad, se palpa ese buen nivel adquisitivo del que presume el país.

Tras observar la estatua del famoso león, símbolo de la ciudad, nos adentramos río arriba para llegar a Boat Quay y Clarke Quay zonas del antiguo puerto reformadas para zonas de ocio. No podíamos irnos de Singapur sin probar su típico chili crab con mantou y decidimos aposentarnos en una de las múltiples terrazas de Boat Quay para catarlo. Nos armaron con tijeras y babero y nos plantaron delante un cangrejo gigante en salsa que daba miedo verlo. Un plato delicioso que, aunque hizo subir la cuenta de la cena, lo disfrutamos como enanos.

Había sido un día muy largo y tras la cena volvimos al hotel a recuperar fuerzas ya que al día siguiente volvía a tocar viaje.