Me despierto, miro el móvil y un Whatsapp de una amiga: “Estáis bien? He visto que ha entrado en erupción un volcán en Bali”. O sea, que mi novio tenía razón. Leí las noticias y el día que volamos hacia Labuanbajo un piloto alertó que el volcán Agung había soltado una columna de cenizas que desde abajo no se vería por las nubes. Como consecuencia, el aeropuerto de Bali había estado cerrado el día anterior. Con razón el extraño Whatsapp de mi madre. Revisé la información de nuestro vuelo y en principio todo parecía normal, así que desayunamos en el hotel (venía incluido) banana pancake y sándwich vegetal con tortilla y tlé y a las 10:00 decidimos hacer uso del “free shuttle” al aeropuerto que ofrecía el hotel, que básicamente era que el de recepción paraba a dos motos que pasaban por allí para que nos llevaran. Le dijimos que no, que en coche… y así lo hicimos.

El aeropuerto estaba lleno de turistas, todos aparentemente tranquilos pero con la mosca detrás de la oreja…. Tras un par de colas, salimos con media hora de retraso casi por que el vuelo anterior la llevaba. El despegue y el aterrizaje me parecieron un poco titibueantes, pero lo importante es que ya estábamos en Bali y en caso de nueva erupción, teníamos varias alternativas de transporte.
El aeropuerto de Bali estaba a rebosar pero a pesar de ello, los trámites fueron muy rápidos y en nada estábamos fuera. La verdad es que para aquel día teníamos pensado visitar la zona de Uluwatu, yendo directos con algún Grab, pero nos dio pereza el tráfico de la zona y de hecho tuvimos que andar bastante fuera del aeropuerto para dar con uno, ya que no tienen permitida la entrada.
Para entonces, decidimos ir al hotel y quedarnos en Kuta (la carrera nos costó sólo 15.000R), ciudad de la que nos esperábamos nada y que no nos desagradó, así que creo que esa es la mejor actitud a tomar. Sabíamos que habría miles de turistas jóvenes, mucha fiesta, poca autenticidad… y en efecto, así era, pero para un día no nos importó. Dejamos las cosas en el hotel, muy muy sencillo pero correcto y bien situado, a dos pasos de la playa.
Comimos de camino en un pub un tercio irlandés, otro australiano y otro balinés. Pedimos koloke (pollo en salsa agridulce ) y babi kecep (cerdo agridulce) con las aguas nos costó 194.880 R.

Echábamos de menos el sabor, el ambiente y el precio de Ubud. De postre, pedimos un un puesto un batito de pitaya (fruta del dragón), fresa y sandía (15.000 R) un helado de salted caramel y snickers por 30.000R. Caminando, y pasando por mil puestos, llegamos a la playa de Kuta: Infinita, animada y sorprendentemente limpia.

Había unas olas perfectas para principiantes del surf y me dio mucha rabia no poder arrancarme por el aún maltrecho pie, así que caminamos por la orilla, como nos gusta. Vimos cangrejos hermitaños, niños locales saltando en las olas, turistas surfeando, grupos mixtos jugando al futbol y un atardecer precioso. Por fin uno a la altura de Indonesia.

Nos quedamos sentados en la arena hasta que se hizo de noche y aprovechamos para comprar unos cuantos souvenirs al mejor precio…. En total nos dejamos 770.000 en imanes, pulseras, camisetas, llaveros, zapatillas… Así que excelente.
Quisimos cenar en un restaurante balinés auténtico pero la zona solo nos brindaba sitios occidentalizados así que elegimos uno llamado Bagus. Al menos pudimos ver el Francia – Argentina mientras comíamos una hamburguesa, fish and chips y 3 Bintang Radler por 215.000 R. No era precisamente nuestro ideal de cena de despedida de Bali, pero aún quedaba viaje….. lo que no sabíamos entonces es que ya no volveríamos a comer igual de bien.
GASTOS DEL DIA PARA 2 PERSONAS
Grab Aeropuerto – Hotel Kuta: 15.000 R
Comida: 194.880 R
Postre: 45.000 R
Cena: 187.000 R
TOTAL: 441.880R (26,50€)
Souvenirs (46€)