La verdad es que la zona esta un poco hecha un desastre. Todos los jardines estan vallados en exceso, tanto que ni se ven. Hay vallas como de obra, de metal de dos metros a lo largo de todo el paseo. Entre que el único sitio para caminar son los laterales de tierra, que lleva dos días lloviendo, todo lleno de charcos y embarrado... pues mi madre se lleva una mala impresión de la torre Eiffel. Consigo que entremos debajo y allí ya parece que le parece un poco menos fea, pero no sale nada convencida.

Aprovechamos que tiene otro de los pocos aseos gratuitos de París para salir servidas. Desventajas de estar todo el rato con humedad. Dichosa lluvia.
Tomamos dirección al arco del triunfo mientras mi madre se emperra en que le haga una foto "cogiendo la torre eiffel" No hay forma humana de hacerle entender que no es una buena posición siendo que cada vez estamos mas altas... así que le hago un par de muestras para que deje de pedir

Pasamos frente al acuario, que la verdad está bastante escondido y vamos callejeando por la ciudad hasta el siguiente destino. Nos cruzamos por tercera vez con el mismo grupo madre-hija-nieto y pensamos que ya es casualidad, tres veces en tres momentos distintos del día y que estemos haciendo el mismo recorrido al mismo ritmo. ¿Quién sigue a quién?
Llegamos al arco del triunfo y mientras decidimos el próximo paso cruzamos el túnel subterráneo hasta el centro de la rotonda, donde se encuentra el arco. Mi madre trabaja en un pueblo pequeño cuyo nombre está grabado en una de las paredes, así que quería verlo en persona.


Ya con la noche empezando a hacer acto de presencia decidimos que es un buen momento para merendar. Nos habían recomendado Angelina [url=https://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g187147-d695078-Reviews-Angelina-Paris_Ile_de_France.html#][Angelina, Tripadvisor][/url], una pastelería en las Tullerías, así que cogemos un metro hasta Concordia y tras encontrar una botella para echar un traguito, hacemos la pequeña cola para entrar y una señorita muy estirada nos da mesa.

Decidimos pedir un chocolate para las dos (te lo traen en jarra aparte y la cantidad es considerable, así que se puede compartir perfectamente) y aunque nos cuesta decidirnos por el tentempié, al final nos decantamos por un africain. Las dos cosas suben la friolera de 17,20€ pero que bueno esta todo. Si esperáis chocolate dulce, ya os digo yo que no. Es mas bien oscuro, que rico.

Aprovechamos a coger calor en el salón de té antes de dar un paseo por el mercadillo navideño instalado en las Tullerías. Maldito el momento en que decidimos merendar antes de ir al mercadillo :pared: ¡que olorcillo! El vino caliente es lo que consigue que no probemos bocado, porque entre las patatas guisadas, las parrillas llenitas de carne, los gofres, las patatas fritas hechas a mano... ¡y las raclette! Que de autocontrol necesitamos para salir de allí sin llevarnos nada a la boca. Incluso mi madre propone llevarnos algo para cenar en el hotel.
Nos dan las siete de la tarde y aunque tenemos algo de frío, nos parece pronto para retirarnos. ¿Qué hacemos, dónde vamos?¿Qué nos queda para mañana? Pues oye, ya que anoche no fuimos a Montmartre, vamos ahora. Y si, no, si, no... pero al final para allí que vamos.
Cogemos el metro porque sino ya... igual nos daba un parraque. Sólo para salir del metro en Montmartre igual subimos seis tramos de escaleras, ¡qué locura! Y luego una vez allí pues no ibamos a no subir a la basílica Sacre Coeur... así que ¡mas escaleras!
Llegamos con la lengua fuera, pero llegamos. Vemos la París nocturna desde lo alto, buscando los monumentos iluminados.

Decidimos que ahora si, ya es hora de cenar. Bajamos de nuevo a la zona mas animada, callejeando entre tiendas de souvenirs que ya van cerrando sus puertas. Llegamos a la avenida principal y entonces mi madre me hace ojitos. "Pero... ya que estamos aquí...¿no vas a dejarme ver el Moulin Rouge?" Saco el móvil, echo un vistazo con el amigo maps... 1.2km... Bueno, cuando llevas veinte caminados, ¿qué mas da un kilómetro mas?

Pese a que es miércoles, la zona está muy animada. Mientras nos mantenemos por la zona de bares, todo bien, pero conforme nos acercamos mas al Moulin Rouge a mi madre va dándole mal rollo la zona. La calle del vicio, que conste que yo la había avisado.
Cuando ve el molino y se quita la espinita, decidimos ir de vuelta por la misma calle, buscando un lugar donde cenar. Habíamos visto un sitio que incluso tenía cola para entrar y no tenía mala pinta, pero a la vuelta la cola era todavía mas larga y lo descartamos.
Al final, entramos en La Marmite [La Marmite, Tripadvisor] local famoso por sus fondues de queso. No las probamos, nos pareció excesivo para dos personas. Mi madre tomó entrecot, bastante bien de punto y la carne tierna y jugosa. Yo en cambio probé el pato. Cocinado como aquí haríamos cualquier pollo al horno, algunas partes estaba algo seco, pero en general bastante bueno.
Cerca de las once de la noche cogemos un autobús de vuelta al hotel y casi casi nos peleamos por la ducha. Necesitamos el agua caliente como aire que respirar. Entre el frío y la pateada que nos hemos pegado, caemos esa noche como moscas.