9/01 - Al día siguiente fuimos caminando con Ernesto (que vino en camión) hasta el sendero “El Guafe” a 2 km. aproximadamente. Fue un recorrido muy lindo de bosque semi deciduo, con cuevas usadas para ceremoniales en poblaciones aborígenes.
Conocimos varias especies de árboles: Ébano, Almácigo, una especie de orquídea de 1 cm., un cardón de alrededor de 500 años de vida. En la zona vivieron aborígenes hasta 300 años después de la llegada de Colón. En su 2º viaje desembarcó cerca de esta zona proveniente de República Dominicana y con la compañía de 2 aborígenes se dirigieron a “nuevas tierras” que era Jamaica.
Eran recolectores, vivían en bohíos (viviendas circulares de 7 u 8 mts. de diámetro que compartían con los hijos casados. Creían en distintos dioses y los ubicaban en la puerta de las cuevas ceremoniales que también se usaban como enterratorios. Allí tallaban las rocas o estalactitas de carbonato con los rostros de los dioses quienes, si miraban hacia fuera, permitían el ingreso de las almas a la cueva y, si lo hacían hacia adentro, impedían que los muertos salieran de allí. Estas creencias eran anteriores al catolicismo. La cueva que visitamos tenía aproximadamente 10 x 25 mt.

Pudimos ver muchas aves y descubrimos que usando una aplicación de aves argentinas con el canto de especies relacionadas atraían a otras especies seguramente por territorialismo. Vimos Carpintero cara verde, Bobito, Negrito, Sinsonte (nuestra calandria), Sun sun (picaflor) y dos especies de palomas.
De regreso nos fuimos a almorzar al restaurante donde almorzamos un filete de pescado semejante a una pelota relleno con jamón y queso con gaseosa por 3 CUC en total. Ernesto se fue a las 16 hs. en la guagua a su pueblo y cerca de las 17 hs. nos buscó Esey, un empleado de Ernesto para ir a ver aves al manglar de la bahía que está atrás del pueblo. Lamentablemente los flamencos estaban lejos y no había muchas aves cerca de la costa. Nos comentó que está criando a un yacaré para liberarlo cuando crezca.

Regresamos al atardecer y fuimos al mar donde disfrutamos de un hermoso atardecer; entré con las patas de rana (aletas) y llegué bastante lejos disfrutando la transparencia y cuidando de no pisar los erizos.
Volvimos a la casa, ducha (no hay agua caliente, pero no hace falta) y disfrutamos de la terraza hasta la cena de pargo y chernia (pescados) con arroz, salsa de tomates, pimientos y cebollas y ensalada de repollo rallado y tomate. Todo acompañado de agua y cerveza.
Esa noche avisamos que nos quedaríamos por lo menos 2 noches más. Nos dijeron que no autorizan a los pescadores llevar a turistas al mar a dar una pequeña recorrida por los riesgos legales de un accidente.

Trataríamos de cruzar la barrera de coral para ver cómo es afuera ya que nos dijeron que hay más variedad y tamaños de peces y corales que dentro de la rompiente.