8/01 – Salimos 8,20 hs. luego de un café y un sándwich en un Lada muy bien presentado y mejor andar. Vinieron los dueños de la casa, Toni y Yillian. El recorrido (180 km. aprox.) se hizo bastante lento, por el andar (80/90 km/h) con las limitaciones de las rutas y los vehículos que circulan y las prudentes precauciones que todos toman. Llegamos a Belic a las 12 hs. y al llegar a la oficina de flora y fauna del P.N. Desembarco del Granma nos encontramos con el biólogo Ernesto Palacio quién nos pidió unos minutos porque estaba en reunión. Esperamos un rato y nos sentimos incómodos porque nuestro taxi debía volver para recibir clientes en la casa. Luego de media hora nos recibió formalmente y salimos llevándolo en nuestro auto hasta Cabo Cruz. Apenas llegados Toni y su esposa salieron hacia Bayamo. Nos instalamos y fuimos a almorzar al restaurante del pueblo donde comimos pescado, plátano frito y arroz más gaseosa por 3,50 CUC en total.

Cabo Cruz no es un lugar turístico, al menos en su infraestructura y en la operatoria ya que para visitar el Parque Nacional hay que venir en vehículo y parar en la entrada oficial para abonar entrada e incorporar al guía y viajar juntos al lugar elegido. Bastante complicado para potenciarlo. El pueblo no llega a los 400 habitantes en su mayoría pescadores que comercializan su producto a una cooperativa que cuenta con enfriamiento y la comercialización es más efectiva. La condición básica para la pesca es ejercer la tarea fuera del Parque Nacional, a una cierta distancia de la costa (2,5 km.). Cerca de la costa puede practicarse como deporte y autoconsumo.
Como en todos los lugares del país es absolutamente seguro, se puede recorrer su escasa superficie sin luz a cualquier hora sin ningún riesgo. Sólo hay dos casas que reciben turistas y están casi juntas.
Elegimos la habitación del primer piso con una terraza lo que nos permitía ver atardeceres inolvidables, cielos claros y estrellados y el sonido del mar como un arrullo que llenaba la habitación porque no tienen vidrios, sólo aletas de madera que impedían la entrada de luz pero que nosotros dejábamos abiertas para disfrutar de la brisa y el sonido de las olas. Cabe aclarar que cruzábamos la calle y estaba la playa. A 100 mts. de la costa estaba la barrera de coral donde rompían las olas. Estamos en el extremo SO de Cuba a 80 km. de Jamaica

Ernesto está hace 5 meses con la camioneta rota (se mueve en tractor) y en esas condiciones organizó llevarnos a conocer lugares muy característicos del Parque para conocer las conocidas “Terrazas” que consisten en grandes desniveles tanto terrestres como subacuáticos como si fueran grandes escalones. Hablamos de sustentabilidad, cambio climático, educación ambiental, control de especies exóticas, etc. y le entregamos el libro de plantas del pastizal pampeano de Sandra y material relacionado con educación ambiental.
A la tarde, cuando Ernesto se volvió en Colectivo/Guagua a su pueblo, fuimos al mar que tiene una temperatura muy agradable, fondo de arena y plantas y una transparencia increíble que nos permitió ver gran variedad de peces y corales haciendo snorkel.
En nuestra casa no viven los dueños. Nos atienden un matrimonio mayor que viven a 200 mt. y una de sus hijas que vive con su familia a 50 km. pero que se queda en casa de sus padres cuando hay turistas. Los contactos y reservas los hicimos con su hermano Norberto que está en Italia…
El dueño de casa se llama Leoncio, tiene 76 años y se dedica a la pesca con otros compañeros más chicos que son los que se sumergen a practicar ciertas artes de pesca mientras él conduce el bote y usa líneas con anzuelos (pesca con cordel le llaman). Nos pareció un hombre de gran educación e integridad, de buen humor y atento a nuestro bienestar. El último día fue su cumpleaños y la familia nos invitó a una cena (sin cargo) dada la relación que habíamos entablado. Esa madrugada salimos a las 5 de la mañana y Leoncio estaba sentado en el patio esperándonos con un termo de café para que no nos vayamos sin desayunar. Un gesto que se repite en los cubanos casi siempre.
Se estaban jugando las finales de beisbol entre Las Tunas y Santi Spiritu y compartimos algunas noches mirando de a ratos y aprendiendo sus reglas con Leoncio y su nieto que estaba pasando unos días allí.
Teníamos planeado llegar a Santiago de Cuba por el camino de la costa ya que dicen que se observan los mejores paisajes del país pero también que la ruta está en malas condiciones ya que está cerca del mar y se deteriora mucho y el taxi que se anima cobra mucha plata. Veremos que aparece en estos días.
Todas las noches cenamos pescado en diversas formas acompañado por arroz moro, ensalada, chatines (plátano cortado muy fino y frito parecido a papas fritas), etc. todo muy sencillo y muy sabroso.
La combinación de brisa fresca y el sonido del oleaje fueron un sedante y un relajador increíble a la hora de dormir.