Hoy es el último día de nuestro viaje pero tenemos muchas horas por delante. A parte de volver a recorrer todo el centro como hicimos el sábado, visitaremos otras partes de la ciudad.
Lo primero que hacemos es subir al campanario de St Peter Kirche, o la iglesia de San Pedro, del siglo XII. Cuesta 3€. En la cima de los 306 escalones las vistas son de infarto.
Nos alejamos un poco del centro, recorremos toda la Maximilianstrasse, la milla de oro de Múnich, con todas las tiendas de lujo, y en el otro extremo, tras cruzar el río Isar, se encuentra el edificio renacentista Maximilaneum. Es a la vez el parlamento bávaro y una residencia elitista para chicos, becados a través de la fundación del mismo nombre, creada por el rey Maximilian II.
Volvemos a cruzar el río para adentrarnos en el Englischer Garten. Se llama así porque está diseñado al estilo irregular de la campiña inglesa.
Justo en la entrada sur está una de las atracciones más populares del parque, llamada Eisbachwelle, es una ola que se forma en el arroyo y dónde siempre hay expertos surfistas que disfrutan de esta corriente peculiar. Y el público disfruta admirando su habilidad.
No recorreremos todo el parque, es demasiado grande. Quizás alquilando una bici se puede alcanzar todo en una mañana.
Nosotros nos acercamos al famoso biergarten (con capacidad para 7.000 personas) de la Chinesichen Turm, una pagoda china de madera de cinco pisos, cuya creación y función es puramente decorativa.
Como en todo biergarten, uno puede traerse la comida propia, siempre y cuando consuma bebida en el establecimiento
Seguimos, pasamos por el Monopteros, un templo neoclásico circular en la cima de una colinilla y seguimos el arroyo. En su orilla hay muchos muniqueses tomando el sol, varios refrescándose con cervezas, algunos bañándose. Hace calor y el agua es apetecible.
El jardín inglés comunica en su extremo sur con el Hofgarten, el jardín de la corte, en la parte posterior de la Residenz. Con un tamaño mucho más pequeño y un diseño renacentista, destaca el templo de Diana, las fuentes y la disposición cuidada de las flores. Hay un baño público detrás de las arcadas que comunican con la Odeonsplatz.
Y finalmente para acabar la tarde damos un último paseo por el centro, disfrutando del carillón del ayuntamiento, el ambiente animado de Viktualienmarkt, vemos finalmente la “pisada del diablo” del interior de la Catedral que se nos había pasado por alto el sábado y degustamos un apfelkrapfen, un tradicional postre bávaro hecho con manzana rebozada.
Y con esto acabamos nuestro viaje a esta maravillosa región de Alemania. Ha sido una buena elección visitar Baviera a principios de verano, ahora que el día es largo, porque hemos podido aprovechar bien cada día.
Espero que este diario sea de utilidad para futuros viajeros. Gracias por la lectura y a Roger por las fotos.