Miércoles 7 de agosto de 2019
Como uno no puede visitar París y no ver la torre Eiffel, por la mañana vamos directo al Trocadero, la plaza con una fantástica panorámica de Campo de Marte, el Siena y la famosa icona parisina.
A partir de aquí haremos un paseo por el centro, en concreto el segundo, octavo y noveno arrondissement.
Siguiendo la orilla del Siena llegamos al Petit Palais. Este magnífico edificio art-decó fue construido para la Exposición Universal de 1900 y ahora es un museo de acceso gratuito (excepto exposiciones temporales). Está justo enfrente del Grand Palais, que también ofrece exposiciones de arte, pero previo pago.
El Petit Palais recoge desde cerámica de la época clásica hasta pinturas impresionistas de finales del XIX. A parte de la visita en sí, disfrutamos especialmente del encantador patio, tomando un café en las mesitas de la cafetería.
Seguimos haciendo turismo a pie: nos acercamos a la plaza de la Concordia.
El que fue escenario de las decapitaciones por guillotina en la Revolución hoy es una vasta extensión de turistas y coches, todo coronado con el obelisco de Luxor, una gran columna de granito que el gobierno egipcio regaló a Francia en el siglo XIX.
Cerca está la Madeleine, una peculiar iglesia católica con aspecto de templo romano.
Hacemos una breve pausa para comer en la calle Godot de Mauroy, repleta de restaurantes con menú del día, frecuentada tanto por turistas como por empleados de oficinas cercanas para comer bueno, bonito y barato.

Seguimos el paseo hasta el centro comercial Printemps Haussmann, no para ir de compras, sino porque en la última planta hay un pequeño mirador. No creo que haya mejores vistas de París por cero euros.

A pocas calles está el Palais Garnier, la ópera dónde se sitúa la acción en la novela el Fantasma de la Ópera, un fantástico palacio que conjunta barroco, renacimiento y clasicismo. (Se puede visitar el interior, de pago).
Y ahora ha llegado la hora de unirnos al Free Tour Sandeman que durante dos horas y media cubrirá el primer arrondissement de París, es decir, la Île de la Cité con la catedral de Notre-Dame, el Palacio de Justicia y la Torre del Reloj. Y a través del Pont Neuf llegamos al Louvre, cruzando los patios hasta llegar a las puertas del Jardín de las Tullerías.
En este tour nos explica la historia de la ciudad, desde el primer asentamiento de una tribu celta hasta cómo se salvó de ser destruida por los nazis. No es de los tours más amenos que hemos hecho con esta compañía pero nos ayuda a comprender lo que visitamos.

Al finalizar todavía nos quedan energías así que ¡seguimos caminando!
Esta vez por el cuarto arrondissement. Pasamos por delante del ayuntamiento (Hôtel de Ville) y nos dejamos perder por las callejuelas del barrio judío Le Marais, repleto de cafeterías, restaurantes y tiendas de moda.
Cenamos un kebab y nos acercamos a la Place des Vosges mientras atardece, a la que rodean unos elegantes edificios residenciales de ladrillo y piedra del siglo XVII.
Para finalizar el día y de camino al hotel, cruzamos la île Saint-Louis, con sus callejuelas estrechas y apenas sin tránsito, es un remanso de paz, de lujo (es la zona más cara de París) y de elegancia de los siglos XVII y XVIII.