Último día del viaje. A las 7:00 hemos cogido el avión para Lima y a las 8:45 hemos aterrizado puntuales en Lima.
Lima es la ciudad gris. La ciudad donde nunca llueve pero siempre está encapotado. Esto es curiosísimo y responde al hecho de que en Lima la corriente de Humboldt recorre la costa enfriando el agua mucho que al encontrarse en una latitud tropical y las temperaturas que supone junto con la cercanía de los andes hace que se presente una capa de nubes bajas de forma permanente que impiden el paso de la luz del sol y la formación de nubes que generen precipitaciones. Vamos que no ven ni el sol ni la lluvia en todo el año.

Normalmente uno piensa que la zona turística de Lima sería el centro pero en este caso la zona turística es un barrio que llaman Miraflores que es una especie de burbuja dentro del caos de Lima. Nosotros tenemos el hotel en Miraflores. Del aeropuerto a Miraflores cogemos el bus que hay y llegamos en una hora y cuarto al alojamiento. En el alojamiento (Lighthouse) una chica amabilísima nos explica todo lo interesante que hay en la zona y nos recomienda sitios para comer.
Decidimos no visitar el centro de Lima pues nos llevaría con el trafico mas de una hora entre ir y volver cuando no dos horas. Dejamos las cosas y nos vamos a visitar el barrio de Miraflores y el barrio vecino Barranco. Miraflores es una zona donde vive gente de nivel económico alto. Hay muchísima seguridad y lo bonito es la cantidad de zonas verdes que tiene junto con el paseo marítimo que se encuentra en alto. Recorremos el paseo y vamos por los parques del centro para terminar comiendo en un bar un ceviche bien contundente con chicharrones de pescado. Para bajar la comida vamos andando hasta el barrio de Barranco no sin antes comprar unas chocotejas y probar el tan afamado dulce.

El Barrio de Barranco es un barrio de estilo colonial que tiene un ambiente entre bohemio y turístico muy bien equilibrado. Es un paseo muy agradable en el que las vistas al mar se unen con casa de colores y grafittis de un nivel artístico elevado. Es curioso como sobrevolando la ciudad se ven constantemente lo que son buitres negros que en Lima llaman Gallinazo y los hay a cientos. Llegamos al famoso puente de los suspiros en donde la tradición dice que hay que cruzarlo aguantando la respiración mientras se pide un deseo. Mareamos por la plaza y tomamos un bus de vuelta a Miraflores.




Volvemos al alojamiento donde nos duchamos y volvemos a la calle a dar el último paseo y cenar en un restaurando de comida peruana-japonesa que aunque la comida estaba buena el servicio era malisimo, edo sushi bar.
Cenados poco más, ponemos fin a un viaje que por momento ha sido físicamente exigente pero que nos ha regalado momentos y escenas para no olvidar.
