Estos dos lugares ( Cap Frehel y fort La Latte ) tienen relativo interés, para mi gusto, pero lo cierto es que no son tan fáciles de alcanzar: como están alejados de cualquier carretera general, acceder a ellos obliga a recorrer bastantes kms - por lo menos a mí se me hicieron muy largos - por carreteras secundarias, asfaltadas, pero estrechas y sinuosas, donde no se pueden alcanzar altas velocidades.
Además, había alguna carretera cortada, por lo cual no podía hacer caso al navegador, con la consiguiente confusión.
La consecuencia es que, cuando llegué a ellos estaba ya harto de conducir y de mal humor.
Desde Cap Frehel hasta fort La Latte no hay más que 3 o 4 kms, hay una ruta senderista, al lado del mar, que seguro tiene espectaculares paisajes, pero imaginé que requería varias horas y no me apetecía.
Cap Frehel es un lugar agreste y salvaje, un cabo donde se construyó un faro que sustituye a otro mas antiguo, que se conserva a su lado. Paisajes inmensos, la rocas al lado del mar, las gaviotas...
Se aparca ( 3 € ) y hay que dirigirse hacia el faro, que ya se vé.
Fort La Latte no está nada lejos, el Castillo ( 6,30 € ) tiene un emplazamiento espectacular, al lado del mar sobre unas rocas, con 2 puentes levadizos ( como para colarse sin permiso )
Se ven varias estancias, en una de ellas hay una copia del tapiz medieval La dama y el unicornio, que está en Paris;

y se recorren algunas torres y murallas, con espectaculares vistas.

Como dije en el capítulo anterior, me volví a S. Malo, para aprovechar que no llovía, donde hice un recorrido similar al del día anterior, algo mas largo.