Después del desayuno en el hotel fuimos a la estación central a coger el tren que salía a las 10:16. Pasa un tren cada hora y tarda sobre una hora en hacer el corto recorrido de unos 70 km. que separa Viena y la capital de Eslovaquia.
Llegamos a la estación central de Bratislava, la Hlavna Stanica, y enseguida te das cuenta de que estas en otro país más pobre y con menos recursos que Austria. Aunque el recorrido hasta el centro se puede hacer andando en unos 20 minutos, a la salida de la estación montamos en el autobús 93 que pasa por el centro de la ciudad.
Nos bajamos enfrente del Palacio de Grasalkovich, residencia del presidente de Eslovaquia.
Continuamos andando y subimos hasta el Castillo, situado en lo alto de una pequeña colina sobre el centro histórico y a orillas del Danubio, desde el que se obtienen unas magníficas vistas.
Bajamos al centro histórico entrando por la bonita Puerta de San Miguel, única que queda de las cuatro puertas que formaban parte de las fortificaciones medievales. En el suelo debajo de la puerta está el kilómetro cero de Eslovaquia.
Es un casco antiguo pequeño, que se puede ver en pocas horas, pero con un ambiente tranquilo y agradable y con algunos edificios muy bonitos. Además, había varios mercadillos navideños que le daban un toque muy especial.
Continuamos hasta la Plaza Hlavne Namestie, una bonita plaza con varios edificios muy llamativos, entre los que destaca el Ayuntamiento Antiguo con su torre reloj y su pequeño y bonito patio central. En esta plaza había un mercado navideño con muchas casetas y muy animado.
Repartidas por las calles del centro hay varias estatuas de bronce que caracterizan a la ciudad. Nosotros vimos la más representativa, que es la del Sr. Cumil, que representa a un trabajador que sale de una alcantarilla y la de Schöne Náci, que representa a una persona que saludaba a las damas levantando graciosamente su sombrero de copa y con frecuencia les regalaba flores.
Nos acercamos al restaurante Bratislavsky Mestiansky Pivovar, donde tomamos varios platos típicos de la zona acompañados con una cerveza negra artesanal que estaban muy ricos. Además los precios son bastante más bajos que en Viena.
Después fuimos andando hasta la original Iglesia Azul, que estaba un poco apartada del centro. Se trata de una iglesia de estilo Art Nouveau que destaca por su inconfundible color azul.
Volvimos al centro y pasamos por el Palacio del Primado (Primaciálny Palác).
Llegamos al bonito Teatro Nacional Eslovaco situado al final de la larga avenida peatonal Hviezdoslav, en donde había otro mercado navideño.
Recorrimos esta calle y llegamos a la Catedral de San Martin.
Volvimos a la Plaza Hlavne Namestie para disfrutar del buen ambiente que había en el mercado de Navidad y tomar unos punch.
Luego montamos en el autobús 93 para ir a la estación y coger el tren de vuelta a Viena que salía a las 17:38 (sale uno cada hora).
La verdad que mereció la pena hacer esta escapada a Bratislava y más en esta época del año con los mercados de Navidad que le dan un ambiente especial.
Bajamos en la estación central de Viena y montamos en el metro para ir al mercado que había en la Karlsplatz, donde se encuentra la espectacular iglesia barroca (Iglesia de San Carlos Borromeo), que iluminada estaba muy chula. Aunque hacía mucho frío en el mercado había muy buen ambiente. Estuvimos un rato viendo los puestos y comiendo algo y después nos volvimos al hotel en metro.
Llegamos a la estación central de Bratislava, la Hlavna Stanica, y enseguida te das cuenta de que estas en otro país más pobre y con menos recursos que Austria. Aunque el recorrido hasta el centro se puede hacer andando en unos 20 minutos, a la salida de la estación montamos en el autobús 93 que pasa por el centro de la ciudad.
Nos bajamos enfrente del Palacio de Grasalkovich, residencia del presidente de Eslovaquia.
Continuamos andando y subimos hasta el Castillo, situado en lo alto de una pequeña colina sobre el centro histórico y a orillas del Danubio, desde el que se obtienen unas magníficas vistas.
Bajamos al centro histórico entrando por la bonita Puerta de San Miguel, única que queda de las cuatro puertas que formaban parte de las fortificaciones medievales. En el suelo debajo de la puerta está el kilómetro cero de Eslovaquia.
Es un casco antiguo pequeño, que se puede ver en pocas horas, pero con un ambiente tranquilo y agradable y con algunos edificios muy bonitos. Además, había varios mercadillos navideños que le daban un toque muy especial.
Continuamos hasta la Plaza Hlavne Namestie, una bonita plaza con varios edificios muy llamativos, entre los que destaca el Ayuntamiento Antiguo con su torre reloj y su pequeño y bonito patio central. En esta plaza había un mercado navideño con muchas casetas y muy animado.
Repartidas por las calles del centro hay varias estatuas de bronce que caracterizan a la ciudad. Nosotros vimos la más representativa, que es la del Sr. Cumil, que representa a un trabajador que sale de una alcantarilla y la de Schöne Náci, que representa a una persona que saludaba a las damas levantando graciosamente su sombrero de copa y con frecuencia les regalaba flores.
Nos acercamos al restaurante Bratislavsky Mestiansky Pivovar, donde tomamos varios platos típicos de la zona acompañados con una cerveza negra artesanal que estaban muy ricos. Además los precios son bastante más bajos que en Viena.
Después fuimos andando hasta la original Iglesia Azul, que estaba un poco apartada del centro. Se trata de una iglesia de estilo Art Nouveau que destaca por su inconfundible color azul.
Volvimos al centro y pasamos por el Palacio del Primado (Primaciálny Palác).
Llegamos al bonito Teatro Nacional Eslovaco situado al final de la larga avenida peatonal Hviezdoslav, en donde había otro mercado navideño.
Recorrimos esta calle y llegamos a la Catedral de San Martin.
Volvimos a la Plaza Hlavne Namestie para disfrutar del buen ambiente que había en el mercado de Navidad y tomar unos punch.
Luego montamos en el autobús 93 para ir a la estación y coger el tren de vuelta a Viena que salía a las 17:38 (sale uno cada hora).
La verdad que mereció la pena hacer esta escapada a Bratislava y más en esta época del año con los mercados de Navidad que le dan un ambiente especial.
Bajamos en la estación central de Viena y montamos en el metro para ir al mercado que había en la Karlsplatz, donde se encuentra la espectacular iglesia barroca (Iglesia de San Carlos Borromeo), que iluminada estaba muy chula. Aunque hacía mucho frío en el mercado había muy buen ambiente. Estuvimos un rato viendo los puestos y comiendo algo y después nos volvimos al hotel en metro.