Nuestro último día entero prometía ser intenso. Tras desayunar nos fuimos andando hasta el Museo Albertina, del que aún quedaba media hora para que abrieran, así que entramos en el cercano Café Sacher y desayunamos de nuevo, unos riquísimos café y una tarta Sacher, la auténtica, que estaba deliciosa, en ese decadente y perfecto lugar.
El Museo Albertina www.albertina.at/lang/es/ nos ha parecido el museo más completo de los visitados. En la antigua residencia imperial de los Habsburgo,
[align=center]Museo Albertina, al fondo la Opera. Viena
El Museo Albertina www.albertina.at/lang/es/ nos ha parecido el museo más completo de los visitados. En la antigua residencia imperial de los Habsburgo,

En el sótano había una exposición temporal de pintura contemporánea reinterpretando a Andi Warhol, que nos gustó muchísimo.
En la 2ª planta nos esperaban las pinturas del siglo XVIII y XIX hasta llegar a los impresionistas, con maravillosas obras de Degas, Renoir, Cézanne y muchos otros autores. Otra exposición temporal “De Munch a Chagall y Picasso”, donde estaban rodando un programa para la TV, que teníamos que esquivar para ver bien las obras, por cierto el director del programa mantenía un trato impresentable con la persona que estaba guiando la visita. Aún nos quedaba en esa planta la magnífica colección de Egon Schiele, Kokoschka, Klimt y el Secesionismo vienés, con varias salas dedicadas al genial Otto Hoffmann, con mobiliario, decoración y planos. ¡Todo un placer! Obras surrealistas como las de Rainer, o de la abstracción amerícana con obras de Rothko, no podemos olvidar las obras de Malevich, Magritte, Modigliani, Giacometti… en fin todo un repaso a la pintura desde el siglo XVIII.
En la 1ª planta se visitan los salones del Palacio, con todo su mobiliario y decoración, donde se exhiben una parte de la valiosísima colección de grabados que tienen. No vimos “La liebre” de Durero, acababa de terminar la exposición donde estuvo expuesta, pero sí grabados de Miguel Ángel, Rembrandt, Rafael, y muchos otros.

Nos teníamos que ir, habían pasado tres horas en un soplo.
Llenos de la belleza de este museo, nos dirigimos al cercano Museo de Historia del Arte, “ Kunsthistorisches Museum”, donde queríamos ver la selección de obras maestras, para más no dábamos. En su edificio, frente al de Historia Natural, se exhiben las colecciones imperiales, con objetos desde hace 5 milenios. Imposible ver todo lo que ofrece en un solo día y nosotros le íbamos a dedicar poco más de una hora, al final fueron casi dos.

Hicimos la selección del museo de sus obras elegidas, mirando por encima algunas que nos llamaban la atención durante el camino. Al estar de reparación algunas salas, no pudimos ver un cuadro de Caravaggio y los de Archimboldo, ¡otra vez será!
Buscamos el homenaje que le hacen a Palmira, representado por unos relieves y un hermoso texto dedicado a director del yacimiento, asesinado por el horror de la intolerancia. Palmira, llena de belleza, que conocimos en un tiempo donde sus habitantes reían y vivían una vida normal. El mejor patrimonio, sin duda, es la vida humana.

Pasamos por las salas de Egipto, Roma y Grecia, sin parar a contemplar tanta belleza. Si hay tiempo conviene parar en el comedor de este museo, rodeado de columnas, con una gran cúpula y con frescos en el primer piso. Dada la hora, casi las 14:30 pm estaba todo lleno y con lista de espera.
Nuestro siguiente punto era el Pabellón Secesión. Fue construido por Josép María Olbrich, discípulo de Otto Wagner, en 1898, como centro del arte secesionista, el modernismo vienés, que reaccionaba al historicismo imperante. El edificio es un cubo blanco rematado por un conjunto de hojas de metal dorado a modo de cúpula, “el repollo”, y un friso con el lema de este movimiento, cuyo presidente era Gustav Klimt: “A cada época su arte, a cada arte su libertad”. A la izquierda de la puerta se encuentra un segundo lema: “Primavera sagrada”, donde expresaban su deseo de un nuevo florecimiento del arte.

Durante la segunda guerra mundial se perdieron el mobiliario, decoración, pinturas y objetos expuestos, pero afortunadamente se conservó el fresco monumental de G. Klimt, “El friso de Beetthoven”, creado para una exposición del Centro y ya huésped definitivo, afortunadamente. El friso se encuentra en el sótano, donde hay unos bancos que te permiten disfrutar de las tres paredes donde se encuentra. Te ofrecen unos auriculares por si quieres escuchar la 9ª sinfonía del genial músico, y fue una de las experiencias más bonitas del viaje, durante la mayor parte del tiempo estuvimos solos y contemplando esa belleza con esa otra maravilla que era la música de fondo. En el pabellón en la primera planta hay copia de objetos del movimiento, fotos y exposiciones de arte contemporáneo.

Para comer, ¡que ya era hora!, nos dirigimos al cercano Mercado Naschmark, donde venden productos de alimentación y hay lugares para comer algo rápido. Cuando entrábamos comenzó de nuevo a llover y no nos apetecía comer de pie empapándonos y los restaurantes cerrados eran para sentarte, así que nos fuimos andando y al poco tiempo dejó de llover.