Nuestro último día en Viena. Ayer cuando salimos del MAK hicimos algunas compras de regalos y en un supermercado compramos pan sin gluten y el rico salchichón que tienen, sin gluten y sin lactosa, que ya me he pasado estos días con los productos con trigo a los que soy intolerantes.
Salimos temprano, tras el desayuno, a conocer las casas y el Centro de Hubdertwasser, que ayer vimos desde el autobús. Este original arquitecto vienés, Friedrich Stowasser, más conocido como Friedensreich Hundertwasser fue un artista austriaco multifacético, haciendo obras de pintura, esculturas y arquitectura. A partir de 1950 intentó plasmar en sus edificios su concepción de acercar a las personas a su medio natural, huyendo de toda concepción rígida, cuadriculada y racional que los hacía inhumanos y lo alejaban de la naturaleza y del medio ambiente. Sus edificios llenos de color, formas circulares, espirales, y movimiento, por las que asoman plantas, espacios verdes, cerámicas y pavimentos ondulados, son todo un manifiesto de su creencia en la libertad creativa. No podíamos dejar de visitar estos edificios ni el Centro donde se plasman muchas de las ideas de este artista que falleció en el año 2000 en un barco camino de Nueva Zelanda, tras una vida coherente con lo que pensaba, defendiendo el medio ambiente y la lucha por un mundo más ecológico y respetuoso con la naturaleza.

A unos 15 minutos andando llegamos a los bloques de edificios Hubdertwasserhaus, viviendas de bajo costo en un barrio fuera de los límites del distrito centro, en el distrito Landstraße, junto al canal del Danubio. Nos encantaron, nos recordaron a algunas de las obras de Gaudí, se tenía la sensación de respirar mejor y sus formas reflejaban su visión: “La línea recta es atea”. Frente a los bloques, está un pequeño centro comercial que formaba parte del proyecto, donde entramos y no pudimos dejar de comprar algún imán de estos edificios. La idea de barrio autosuficiente me recordaba también las colonias de Gaudí y el barrio del Retiro Obrero en Sevilla.
Nos acercamos hasta el Centro KunstHausWien, del que ayer pudimos ver su fachada desde el autobús. El Museo ocupa una antigua fábrica de muebles Tonet que fue restaurada por él. En él se ofrece una exposición permanente del mundo del artista y de sus obras y detalles de su vida. También se organizan exposiciones temporales de otros artistas. Esta visita nos pareció muy interesante y completaba nuestra visión de una ciudad que ha dado artistas con una marcada personalidad artística durante el último siglo.

Volvimos hacia el centro para acercarnos a una de las sedes del Museo de Viena, la “Neidhart Festsaal”, o Salón Neidhart. Se encuentra en Tuchlauben, 19, cerca de Hoher Markt y del reloj. Nuestro interés era visitar los murales de la Edad Media que se encontraron en 1979, durante unas obras en la casa. Los murales que se encuentran in situ, no son de temática religiosa, se llevaron a cabo sobre principios del siglo XV, por un rico comerciante de telas, Michel Menschein, para adornar su salón de baile. En las pinturas, delicadas y bellísimas, se muestran temas de amor y fiestas, que representan los textos de “lieder” que cantan a la sexualidad y el disfrute en las celebraciones.

Hay una exposición permanente en ese espacio, donde se habla de la ciudad durante ese periodo, sus costumbres, oficios, y cómo se llevó a cabo la restauración de las pinturas. Aunque está dirigida fundamentalmente a un público escolar, es muy agradable y didáctica también para adultos.
La casa en la actualidad tiene viviendas en cada piso, y el Museo que está situado en la planta donde aparecieron las pinturas.
No podíamos haber tenido un broche más bonito. Desde allí nos acercamos por si podíamos entrar en la zona de la Catedral que siempre estaba cerrada, pero volvía a estarlo, así que callejeamos por el centro despidiéndonos de Viena. Unas últimas compras en el Spart frente al Hotel, de bombones para regalar y para nosotros y recoger las maletas


A las 12:30 cogíamos el autobús que nos dejó con tiempo en el Aeropuerto, pero nuestro avión con Ryanair llevaba bastante retraso. Comimos en el Aeropuerto y dos horas después de lo previsto, a las 17 h salíamos hacía Sevilla. Vuelo con preciosas vistas de los Alpes, lagos y una costa, ¿la francesa?, hasta cuando aparecieron las nubes y la lluvia que nos dormimos. Llegamos a las 8:10 pm.

Nuestro precioso viaje a Viena, corto pero nos dio tiempo a ver lo que queríamos, nos movimos mucho y no nos cansamos porque el arte y viajar nos pone alas.
Lo recordaremos como el viaje antes del “coronavirus”, los dos siguientes que teníamos reservado ya los tuvimos que suspender. ¡Hasta cuando podamos volver a viajar, que el próximo será por Iberia: España y Portugal!.