Si están por Milán un fin de semana, les puede interesar visitar el céntrico Palazzo Morando.
De entrada gratuita, sólo abren sábados y domingos y está situado en el barrio de las tiendas de lujo, llamado Quadrilatero d’Oro.
En el siglo XVIII fue la residencia de una condesa, que a su muerte dejó su vivienda como museo.
Se puede admirar el mobiliario y decoración de la época y un buen número de pinturas. Llaman la atención las que muestran la ciudad de Milán siglos atrás. Estamos prácticamente una hora.
Y posteriormente visitamos el Duomo.
La gran amplitud y altura de las cinco naves mitigan visualmente el grosor de las cincuenta y dos columnas, estilizadas como centenarias secuoyas.
Están haciendo misa, y el eco del sermón en italiano le da un aire de mayor solemnidad si cabe.
Por algún motivo que desconocemos, no podemos acceder a las dos naves septentrionales.
Las vitrinas altamente decoradas y el elaborado mosaico geométrico de mármol que cubre el suelo compiten por nuestra atención.
Como no subimos a la terraza, nuestra visita nos ocupa alrededor de una hora.
Después de comer (cerca y a un precio razonable, en el asiático Wagamama) ya nos toca retirar.
Recogemos las mochilas en el hotel y nos dirigimos al aeropuerto. Aquí se acaban nuestras vacaciones de este año, a un destino muy recomendable e ideal para el verano.
Agradezco al lector su tiempo, espero que le haya entretenido y le sirva para futuros viajes.
Finalmente quiero añadir que este diario está dedicado a mi madre, que siempre fue mi correctora y lectora incondicional, y disfrutaba viajando conmigo desde su silla en el comedor de casa, porque este es el primer diario que no leerá (Maria Guasch Murtra 1959-2020)
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